Relaciones patológicas y terapia, desde una perspectiva psicodinámica

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Informe realizado por Javier Ardouin, Rosa Gayó y Carolina Peña (2000)

Indice

Introducción

El presente trabajo trata sobre la patología en la relación de pareja. Sin embargo el encuadre que le da el psicoanálisis se refiere más bien a disfuncionalidad que a patología, si definimos este último termino como "anormalidad" con un acento más bien grave. Esta no es la intencionalidad de esta perspectiva, ya que considera que la patología se puede dar en cualquier pareja, siendo un hecho normal.

Es así que Freud al conversar con un paciente que le confesaba no haber tenido jamás un pleito con su esposa, le comentó que entonces tal vez no estaban hechos el uno para el otro.

En la primera parte de este trabajo definiremos la concepción psicoanalítica de la patología de la pareja y señalaremos de manera general los conflictos conscientes e inconscientes, reales o fantaseados que la sustentan, señalando de forma muy breve la concepción que tiene la psicología del Self.

Posteriormente el desarrollo central de este trabajo estará enmarcado en las perspectivas dinámicas de la teoría de O. Kernberg, y de los esquemas matrimoniales de P. Martin, concentrándonos últimamente en las terapias de enfoque psicoanalítico en el tratamiento de la patología de la pareja.

Pareja y psicoanálisis

Cuando se habla de una relación de pareja, se habla de algo mas que la suma de las distintas personalidades que la conforman. La relación misma tiende a influir y a cambiar a cada miembro de la pareja, y este cambio, a su vez, también influye en la relación de la pareja. Muchas veces al enfrentar los problemas se traslada el conocimiento y la categorización desde la "patología individual" a la "patología de la pareja", es decir, se considera el conflicto dentro de la persona del mismo modo que el conflicto entre las personas, adjudicándole a este último las mismas características dinámicas que se le asignan a los problemas de la personalidad individual. A pesar que ambos problemas pueden superponerse no son idénticos, los problemas de pareja tienen características únicas y distintivas que surgen de la relación.

El nuevo nivel de organización que supone la pareja crea nuevas cualidades ya que una relación de pareja tiene propiedades únicas que le pertenecen, por encima de las características de las personas que se unen para formarla, por lo que los principios psicológicos que rigen la conducta de un individuo no son los mismos que rigen la conducta de una relación. No se puede, por tanto, aplicar directamente los conocimientos que se tienen sobre la personalidad del individuo al análisis de una relación.

Patología en la pareja

Cuando se desea comprender la patología en la relación de pareja y a su vez recuperar a su normalidad, se tiene que tomar en cuenta no sólo los elementos patológicos del comportamiento y de la relación, sino también los aspectos modificables de la personalidad de los miembros de la pareja. Para hacer esto es necesario realizar una apreciación sistemática de todos los aspecto de la relación de pareja: su historia, el curso de sus motivaciones y las pautas pasadas y presentes de interacción de pareja.

Según Ackerman (19...) los trastornos en la relación de pareja se caracterizan por dos elementos importantes:

  1. falta de reciprocidad de satisfacciones, y
  2. Conflicto.

Estos caracteres centrales están influidos por varios procesos: perturbación de la unión e identificación empática, defectuosa comunicación; fracaso en los recursos de restablecimiento luego de un desequilibrio en la relación; y falta de complementariedad, por la que uno de lo miembros de la pareja ya no obtiene del otro satisfacción de sus necesidades, apoyo de su identidad personal, y refuerzo de las defensas necesarias para combatir la ansiedad.

En los trastornos de pareja, como en todo lo demás, el conflicto puede estar manifiesto o latente, puede ser real o irreal, consciente o inconsciente, en variadas combinaciones. Además el conflicto entre los miembros de la pareja tiene una relación especial con la estructura del conflicto intrapsíquico de cada uno de ellos. El conflicto de pareja puede agravar o servir para disimular la verdadera naturaleza de estos conflictos internos. Estos conflictos individuales internos pueden trasladarse al centro del trastorno en las relaciones de pareja, o pueden ocupar una posición periférica; con esto, el contenido irracional del conflicto individual puede representar un elemento en el conflicto de pareja o aparecer en el centro mismo de toda la relación.

El problema está en saber que parte del conflicto es real y que parte es irreal y determinada por motivaciones y percepciones individuales "patológicas" (neuróticas) y como la parte irreal afecta los aspectos relativamente más reales de la interacción de pareja. En cuanto a los componentes reales de la experiencia, lo que se necesita es un reconocimiento correcto de los niveles reales de la interacción de pareja, y un plan de acción adecuado a tal reconocimiento. La parte irreal, estructurada por la interacción neurótica, requiere un programa distinto, una evaluación diagnostica precisa y una corrección psicoterapeutica adecuada.

Dentro de este mismo plano (conflicto consciente o inconsciente) Martin, P. (1994) señala como un factor decisisvo en las problemáticas que se suscitan en la pareja el incumplimiento del contrato matrimonial.

El contrato matrimonial es una declaración que reúne el conjunto de expectativas de los cónyuges. Con excesiva frecuencia, dicho contrato no es una declaración formal (oral o escrita) de lo que cada cónyuge puede esperar del otro, sino un conjunto no declarado de expectativas conscientes. Además, cada miembro de la pareja abriga un conjunto de expectativas ignoradas (inconscientes) y que, por ende, no está dispuesto a reconocer. Un contrato matrimonial que permita la satisfacción mutua de suficientes expectativas dará por resultado la armonía conyugal.

La imposibilidad de satisfacer aspectos importantes del contrato puede provocar, en el cónyuge defraudado, una reacción de cólera, ofensa, síntomas neuróticos o psicóticos, depresión y síntomas psicosomáticos, como si se hubiese violado un verdadero acuerdo. Al desconocer las expectativas de su pareja, un individuo puede creer que ha cumplido sus propias obligaciones y que, por ende, el incumplimiento del otro es injusto o desleal. A menudo, es imposible explicarles a estos cónyuges que sus expectativas se verán irremediablemente frustradas, porque se fundan en fantasías que ninguna relación real puede satisfacer.

Desde la perspectiva de la psicología del self una pareja pasa a ser disfuncional cuando uno o ambos miembros dejan de funcionar como self-objects empáticos. Este self se caracteriza por ser un self cohesivo, armónico, erótico, alegre y agresivamente autoafirmativo. La pareja que funciona con este self es feliz, el ello de él y de ella es de nivel genital, objetal y postambivalente, y el superyo es maternal, tierno y preventivo. ( Santamaría, A., 19????)

Entonces la falla empática se vivencia como herida narcisita que lastima a ambos, cada uno de los self individuales realiza una regresión quedando bajo el imperio del ello con pulsiones pregenitales que ponen a su vez de regresión al yo. Así la tarea fundamental para que la pareja sane es restaurar los self individuales para conformar el self de pareja empático ( Santamaría, A., 19????)

Etiología de las perturbaciones de pareja

Para explicar las patologías en las relaciones de pareja consideraremos dos enfoques, el primero que alude a aspectos más dinámicos de la relación y que corresponde a la perspectiva de Kernberg, y el segundo se refiere a los esquemas de parejas que ofrece Martin.

Niveles de la relación de pareja.

A juicio de O. Kernberg (citado en Gomberoff 1999) hay tres niveles principales que determinan el futuro de la relación de pareja, y son estos mismos desde los cuales se puede estudiar a la pareja. Estos niveles son:

  • Primer nivel: nivel de su relación sexual. Mientras mejor nivel de relación sexual mas segura la permanencia de la pareja como tal.
  • Segundo nivel: nivel de las relaciones de objeto predominantes en la relación de pareja. A mayor armonía en estas relaciones mejor es la relación a largo plazo de la pareja.
  • Tercer nivel: nivel de la función del superyó conjunto de la pareja. A mayor capacidad de desarrollar un superyó maduro y flexible, mejor es la relación de pareja.

Según Dicks (citado en Gomberoff, 1999), "Cuando una pareja se lleva mal en estos tres niveles, se rompe y cuando se lleva bien en estos tres niveles, anda muy bien. Cuando se lleva bien en dos niveles y muy mal en uno, la pareja se mantiene junta pero tiene un conflicto crónico, y si hay un conflicto serio en dos de esos niveles, hay conflictos graves crónicos, y si es que la pareja se mantiene junta, es porque obtiene una satisfacción dominante de la actuación de sus necesidades sadomasoquistas".

A continuación se describirán los niveles mencionados y el papel que desempeñan en la patología de la pareja

Nivel de la relación sexual.

El nivel de excitación sexual primaria se caracteriza por la capacidad de integrar la excitación física con tal de darle un significado psíquico. Esta capacidad se puede ver alterada en casos de patologías narcisistas y limítrofes graves. Esos casos son de muy mal pronostico, a excepción de tratamientos muy prolongados que buscan crear esta capacidad a través del análisis de los conflictos profundos relacionados con la agresión.

Dentro de las características de la excitación sexual se encuentra un muy intenso deseo de fusión, que es un deseo de ser uno de nuevo, en una relación simbiótica, junto con un deseo de penetración amorosa. Este deseo de fusión es un deseo de ser el objeto de la madre y de estar fusionado con ella, al mismo tiempo, el que da origen a deseos homosexuales como heterosexuales por igual.

También hay un deseo de penetrar y de ser penetrado activado en las zonas orales, anales y genitales, que es un deseo erótico sensual y que tiene también una función agresiva. El penetrar y querer ser penetrado es la forma que toma la agresión temprana. El querer penetrar y ser penetrado no es masculino y pasivo respectivamente, como tampoco son simbolismos de actividad y pasividad. "Hay un ser penetrado activo, en el sentido de querer englobar, y hay un penetrar pasivo en el sentido de querer ser englobado. El deseo sexual, entonces, se expresa en deseos de fusionar, de penetrar, de ser penetrado, lo que se expresa tanto en erotismo como en agresión " (Gomberoff, 1999).

En la excitación sexual se expresa también un deseo psicológico de penetrar, de conquistar, de romper barreras de prohibición.

En las fantasías eróticas que acompañan la excitación sexual se expresan tendencias sádicas, masoquistas, fetichistas, exhibicionistas, voyeristas, hetero y homosexuales, las que constituyen el polimorfismo perverso infantil, el cual es parte de una relación satisfactoria plena.

La gratificación y la frustración intensifican la excitación sexual y por lo tanto también llevan al deseo de penetrar, de ser penetrado, de provocar de excitar y frustrar y de ser excitado y frustrado como expresiones sensuales y agresivas.

Al considerar el nivel sexual de la pareja se debe reparar en las diferencias que existen entre cada uno de sus miembros, ya que éstas configurarán diferentes tareas, que en caso de no cumplirse podrían ser el núcleo de la perturbación que se de en la pareja.

De este modo, al completar su desarrollo biológico el hombre tiene una mayor libertad sexual que la mujer, ya que ha recibido estimulación temprana de su "genitalidad sexual", pero posee una mucho menor capacidad de profundización de las relaciones objetales, ya que no ha debido abandonar el primer objeto como lo ha hecho la mujer en el complejo de electra, y porque mantiene profundos conflictos de ambivalencia con la madre.

La mujer, en un principio, tiene una inhibición sexual secundaria a la inhibición recibida por parte de la madre, pero poseyendo una mayor capacidad de profundizar las relaciones objetales.

La tarea fundamental de la mujer en la adolescencia seria entonces el establecer una relación profunda con el hombre a la cual debe integrarse la liberación sexual. Mientras que para el hombre la tarea principal en la adolescencia es superar la ambivalencia con la madre, para poder llegar a establecer una relación profunda con una mujer, lo que se debe sumar a su mayor capacidad de libertad sexual.

Los peligros que una pareja puede tener que enfrentar en el plano sexual son principalmente; la inhibición genital primaria, y la inhibición genital secundaria por conflictos edipicos excesivo y represión excesiva de lo genital. De estos peligros o problemas las inhibiciones por excesiva represión tienen mejor pronostico que las inhibiciones genitales primarias.

Los peligros se representan por un lado por las ya mencionadas inhibiciones y por un englobamiento de toda la relación en un polimorfismo sexual que destruye la intimidad de la pareja, y que la terminan por destruir, lo cual se da cuando la excitación sexual tiene componentes predominantemente agresivos

 

Nivel de las relaciones objetales.

En este nivel hay que tomar en cuenta dos desarrollos simultáneos.

  • Desarrollo consciente: Es el deseo consciente de cómo quiere que sea su relación de pareja, la idea de vida de pareja que posea el sujeto. Cuando los ideales de cómo quieren las personas que sea su relación de pareja coincide dentro de una pareja, llevara a un buen desarrollo de la vida en pareja.
  • Desarrollo inconsciente: Este desarrollo corresponde a la relación de objeto predominante infantil no resuelta que se activa en la relación de pareja. Habría una identificación proyectiva de esa relación de objeto no resuelta, lo que es hecho por cada miembro de la pareja, repitiendo cada uno con su pareja las relaciones que se han tenido con los padres. Las relaciones inconscientes que dominan la conducta no respetan el sexo real de los miembros de la pareja.

Todas las personas llegan a su relación de pareja adulta con algún resto de estas relaciones primarias. Cuando la relación de pareja es tan ajustada, normal y adaptada que ninguno de estos restos se expresa, se produce un empobrecimiento, un vaciamiento en la vida de pareja y una sensación de que todas las necesidades no son expresadas.

Cuando la relación patógena del pasado es muy intensa, invade y destruye los aspectos más normales de la relación, se produce un grave conflicto de pareja.

La manera normal que tienen las parejas de afrontar estos problemas es la discontinuidad de la relación, las que se expresan desde afuera en lo que aparece como "la locura de cada pareja", que no es mas que un cambio temporal de los roles que se cumplen en cada pareja, pasando a dominar la relación los restos inconscientes o la parte de la relación que no es parte de su pauta normal de comportamiento. La tolerancia de las discontinuidades permite integrar las partes inconscientes de la relación con las aspiraciones normales y conscientes de los miembros de la pareja.

La patología de la pareja se produce en los casos en que la discontinuidad es extrema que no puede ser tolerada, o cuando los aspectos patológicos invaden la relación rompiendo con las expectativas conscientes.

En otro aspecto en que en la relación de pareja se expresan las necesidades inconscientes de la relación objetal, es en la activación de aspectos narcisistas profundos y de conflictos edipicos directos e inversos.

Los aspectos narcisistas consisten en que inconscientemente la persona trata de involucrarse con una persona igual a él pero del otro sexo. Esto bajo condiciones patológicas (hablando de patologías narcisistas) es muy difícil de alcanzar pues no se puede aceptar que la persona de el otro sexo no sea por completo igual a uno.

En cuanto a los conflictos edipicos, la estructura edipica es permanente, y en la pareja se manifiesta en: triangulación directa, en que inconscientemente se tiene la fantasía de que hay un rival; y la triangulación inversa, que es la fantasía de invertir la experiencia edipica teniendo otra persona del otro sexo además de la que ya se tiene.

 

Nivel de la función del superyó conjunto de la pareja.

El superyó de la pareja tiene tres componentes bajo condiciones normales.

  • El superyó de cada uno.

Es el elemento que asegura que en la relación de pareja no solo exista un elemento erótico, si no que se complemente con elementos de preocupación, responsabilidad mutua, protegiendo la relación de excesiva actividad agresiva.

  • La proyección sobre la otra persona de los aspectos más conflictivos del superyó infantil propio.

A través de este proceso el otro miembro de la pareja pasa a ser el perseguidor. Esta proyección, sin embargo, tiene la ventaja de exteriorizar y liberar el superyó infantil.

  • El verdadero superyó conjunto de la pareja.

"Es la creación de un sistema de ideales y aspiraciones, que provienen no solo del superyó inconsciente infantil, sino de las adaptaciones sociales, culturales, políticas, religiosas. Es aquello a lo que cada uno aspira como vida normal y de relación de la pareja adaptado a los dictados del medio ambiente" (Gomberoff, 1999).

Esquemas matrimoniales

Martin (1994) define cuatro esquemas matrimoniales patológicos (el de la esposa enmorada y el marido frío, el marido en busca de una madre, el matrimonio de parásitos y el matrimonio paranoide) y de acuerdo a ellos define las posibles perturbaciones que se pueden desarrollar en ellos. A continuación los describiremos en forma detallada y posteriormente las relaciones patológicas que se dan en ellos.

La esposa "enamorada" y el marido "frío".

Este esquema –el de la esposa "histérica" y el marido "obsesivo"- es el problema psicoterapéutico más común y difícil. La esposa es la primera que acude en busca de tratamiento porque sufre depresiones, una angustia grave o síntomas físicos incapacitantes. Ya no puede manejar su hogar, cuidar de sus hijos o cumplir con sus obligaciones sociales. Padece una descompensación emocional y está al borde de una regresión aún más grave. Tal vez hace años que toma tranquilizantes, bajo la supervisión del médico de la familia.

Generalmente ella consulta al psicólogo o al psiquiatra luego de haberlo hecho ya al médico y afirma que su enfermedad se debe pura y exclusivamente a la frialdad y crueldad de su marido. Insiste en que sus deseos o sentimientos lo tienen sin cuidado y declara, enfáticamente, que posee una profunda capacidad de amar, pero que su esposo es frío, indiferente, cruel o psicótico.

Para esta mujer, la única solución es que su esposo cambie. Afirma con vehemencia que él está más enfermo que ella, aunque no presente ningún síntoma. Su relación con el marido es de tipo simbiótico y parasitario. Estas mujeres no sienten que posean una personalidad propia, fija, firme y estable, que las distinga de los objetos destinados a satisfacer necesidades; en presencia de terceros, tienden a dejarse dirigir por los demás: buscan su aprobación y ayuda para establecer quiénes son y cuánto valen ellos mismos, y su autoestima es baja (lo cual constituye un problema narcisista).

En la terapia, hacen trasferencias rápidas, fuertes y positivas con el terapeuta y crecen a tal punto en el valor del tratamiento, que declaran que todo el mundo debería someterse a él especialmente sus maridos. Son personalidades histéricas, y podría pensarse que sus estructuras se sitúan en un nivel genital, pero en realidad poseen caracteres orales profundamente arraigados; se avienen con rapidez a cualquier cosa para ganar el favor ajeno, pero son incapaces de mantener una posición verbalmente convenida.

Es común en estas mujeres que cuando intentan hacer algo por ellas mismas vomiten, les den diarreas, mareos o cefaleas.

En relación con su psicodinamia se observa que en la infancia odiaban terriblemente a su propia madre, la que "había trabajado como un perro toda su vida a causa de la ineptitud de su marido". Al tener que asumir ambos roles parentales, no le había quedado tiempo para amar a su hija o cuidar de ella; además, cuando quedaba física u emocionalmente exhausta, se encolerizaba con su esposo y sus hijos. La reacción de odio hacia sus madres las impulsa a jurarse a sí mismas, de niñas, que nunca serían como su madre. Esta grave lucha con la madre genera en ella una resistencia al crecimiento y desarrollo emocional. Quedan congeladas en una posición de niñas ineptas y parasitarias en relación con sus madres; esta posición les permite quejarse constantemente de la falta de cariño de aquella. Cuando se casan, transfieren automáticamente a su esposo la relación parasitaria que hasta entonces habían mantenido con sus madres.

Estas pacientes reaccionan ante cualquier desaire o desaprobación (real o imaginaria) de la otra persona con una cólera casi psicótica, que borra toda pizca de autoidentidad que pudiera existir. Por lo tanto, en el caso de estas mujeres, podemos hablar de una adicción al amor o a las personas. En ellas, la identificación con el objeto excede en importancia a las relaciones de objeto.

Los maridos: no exteriorizaban mucho sus emociones. Son más intelectuales, lógicos y razonables en sus relaciones con los demás y en su modo de encarar los problemas y, si bien se adecuan a las exigencias de la vida extrahogareña, varían en cuanto a su adecuación doméstica, como reacción al acoso que sin tregua les imponen sus esposas.

Cuando acuden a tratamiento lo hacen porque sus esposas han insistido en ello, presentando un cuadro marcadamente distinto al de sus esposas: parecen individuos adaptados, con madurez emocional como para incluirlos en la categoría de los llamados "adultos normales". Pero, su tratamiento revela que, bajo la superficie de sus actitudes y defensas características, subyacen feroces conflictos emocionales que, en algunos casos, igualan a los de sus esposas. Salen a luz grandes restricciones en la expresión de sus instintos y, en ciertos casos, una prominencia de las defensas yoicas primitivas. Su superyó y su yo-realidad triunfan a costa de una restricción de la libido; de ahí que se les consideren faltos de calidez. La privacidad en sus relaciones íntimas constituyen un problema para ellos; poseen estructuras de carácter fijas y rígidas, y su sentido de la continuidad y sistematización personales contrastan con el de sus esposas. Algunos son catalogados entre los "normales", otros presentan estructuras de carácter obsesivo-compulsivas y un tercer tipo tiende a la paranoia.

Esquema matrimonial: A comienzo de la vida conyugal, la esposa parece dominar: es bonita o vivaracha, en tanto que su marido es un hombre simple, tímido o apagado; ella es aparentemente excitante y divertida, o bien promete poseer unos conocimientos de música, artes y humanidades de los que él carece. En los años siguientes, el marido continúa desarrollando su carácter, triunfa en su profesión o en sus negocios, mejora su relación con la gente, pierde su timidez y adquiere confianza en sí mismo. Es un trabajador. Su esposa, en cambio, es una conversadora; pese a sus protestas, no experimenta sentimientos maternales, las responsabilidades domésticas no son un motivo de gozo para ella y revolotea de un lugar a otro, incapaz de ocupar una posición estable fuera del hogar. La dificultad en la relación marital reside en que los cónyuges, incapaces de desarrollar y conjugar pautas de intimidad viables, introducen en el matrimonio distorsiones y limitaciones de la experiencia que restringen, y hasta excluyen, la intimidad (Barnett,en Martin, P., 1994).

Aunque hubiesen iniciado su matrimonio en igualdad de condiciones con sus maridos, las esposas parecen no haber crecido con los años y el contraste las aterra: ven agotadas sus necesidades narcisistas y sufren golpes devastadores en su autoestima, todo lo cual las lleva a adoptar diversos mecanismos de defensa-síntomas de fobias, depresión o proyección (en los maridos) de aquellas porciones de su propia personalidad que les resultan inaceptables. Con frecuencia, los defectos irreparables en el funcionamiento del yo perpetuaban una tendencia a la regresión en situaciones de stress e impedían que se consumara la maduración.

Los maridos al cabo de los años generalmente avanzan mucho en sus carreras, pero cuando han sido promovidos a un nivel que excede a sus capacidades, sumado a su relativa incapacidad para comprender los sentimientos ajenos, les causa dificultades en sus nuevas funciones. Sus primitivas actitudes paranoides se intensifican; sus posteriores fracasos determinan una descompensación emocional y algunos desarrollan psicosis paranoide. En el caso de estos últimos, es bastante interesante comprobar cómo aflora la verdad contenida en las acusaciones que lanzan sus esposas. En efecto, las proyecciones paranoides de las esposas contienen un núcleo de verdad.

El marido "en busca de una madre".

En esta dinámica se encuentra un marido "histérico" y la esposa "obsesiva". El hombre recurre a un terapeuta porque ha surgido una crisis en su matrimonio: mantiene relaciones con otra mujer, con la que piensa casarse, pero circunstancias externas a él han obstaculizado sus planes y precipitado su derrumbe. Cuando acude al consultorio del terapeuta de parejas por su propia voluntad, lo hace principalmente para descubrir la forma de obtener lo que tan desesperadamente desea (la otra mujer), sin despertar sentimientos de venganza en su esposa. Otros no vienen por voluntad propia, sino porque la otra mujer los ha rechazado y, ahora que desean retornar a su familia, sus iracundas esposas los obligan a buscar la ayuda terapéutica como condición para volver a aceptarlos.

La mayoría de estos hombres buscan una madre para que cuide de ellos; siendo ésta una manifestación de sus posiciones regresivas y exigentes, y una aceptación de su desenvolvimiento. Estos individuos buscan amor y protección. No manejan bien sus asuntos personales, se relacionan mal con los otros hombres y recurren a las mujeres en procura de sostén y consuelo; bordeaban la impulsividad y la irresponsabilidad, son caracteres orales con personalidades histéricas, y el alcoholismo es un síntoma común en ellos.

Las esposas se caracterizan por ser madres excelentes, en cuanto a su coherencia, seguridad y confiabilidad. Todas dicen amar a sus maridos, mostrándose capaces de soportar experiencias conyugales traumáticas.

Las "otras mujeres" son idóneas y competentes, muy parecidas a las esposas. Las casadas son madres y esposas capaces. Su relación con estos hombres parece basarse en su respuesta a una persona necesitada; por otra parte, casarse con ellos significa frecuentemente un gran adelanto socioeconómico. Además, ellos suelen ser excelentes amantes, con una gran capacidad para la intimidad física. Si bien, en cuanto amantes, las "otras" parecen responder a la sensualidad y al amor mejor que las esposas, dan la impresión de que después de casarse serían como ellas.

El esquema matrimonial. El hombre se casa joven, cuando todavía no ha terminado sus estudios o no es capaz de ganarse la vida; aparentemente, se casa por amor. La esposa trabaja y lo ayuda en su carrera, hasta que llegan los hijos y las circunstancias le impiden cuidar de él por entero. Simultáneamente, el marido alcanza la autonomía económica y busca a otra mujer que esté libre para cuidar de él; esta mujer será, tal vez, más joven, bonita y sensual que su esposa.

El matrimonio "de dos parásitos".

Estos matrimonios están constituidos por dos cónyuges pasivo-dependientes "dos personas que, al no poder nadar, se aferran desesperadamente la una a la otra y se ahogan juntas" (Martin, P., 1994).

El esquema matrimonial: Cada cónyuge espera que el otro asuma la responsabilidad de hacer que el matrimonio funcione; ninguno es capaz de crecer, ni de satisfacer las necesidades del otro. Luego del casamiento, la dificultad emerge más rápidamente que en los esquemas matrimoniales anteriores.

El matrimonio paranoide.

Existen tres tipos:

  • Folie à deux: Es una psicosis de asociación, en la que un individuo transfiere ideas delirantes o un comportamiento anormal a otras personas, con las que mantiene una relación íntima. El caso típico es el de una persona psicótica y dominante que provoca una evolución delirante en un cónyuge relativamente dependientes y sumiso. La formación de delirios en la persona dependiente sería un intento de recuperar un objeto perdido, mediante la identificación con su sistema delirante (Deutsch, en Martin, P., 1994).
  • El matrimonio paranoide: Conviven en armonía porque comparten los mismos delirios e ilusiones y levantan un cerco en torno a la unidad familiar. Crean la ilusión de una buena convivencia exteriorizando su problema interno de grupo, buscando en el mundo que los rodea los blancos para unos reproches que, en realidad, se dirigen el uno al otro y que originariamente –y, en su mayoría, de un modo inconciente- apuntan a sus propios yoes. El miembro activo y dominante de la pareja exige al otro una forma de pensar tajante ("estás conmigo o contra mí"). Estas parejas no solicitan la terapia. El terapeuta las ve cuando las ideas fantásticas del miembro dominante les causa problemas laborales con sus superiores. Si el cónyuge paranoide es la esposa, tiende a permanecer aislada en su casa; es incapaz de conservar un empleo; discute con sus amigos, vecinos y parientes, y con los maestros de sus hijos; sólo puede convivir con otros en su hogar, cuando su palabra no es cuestionada. Si el paranoide es el marido, tiene graves reyertas con sus jefes; trabajar para otro hombre equivale a una castración o, en un nivel inconciente, a una aniquilación (Jabobs, en Martin, P., 1994).
    Cuando este cuadro comienza a deteriorarse y la pareja no acude en busca de terapia, lo más común, dentro del esquema paranoide, es que el cónyuge dominante movilice una enemista constante e intransigente contra su pareja, que ya no acepta la ideación paranoide y está luchando por la supervivencia de su self. Ella es, precisamente, la que solicita ayuda en su lucha por sobrevivir. El cónyuge "pasivo" no puede soportar la separación de su compañero "activo". Por perturbado que esté el cónyuge psicótico, permanecer juntos es más tranquilizador para su pareja que la separación, la pérdida y la soledad. Aunque a primera vista parezca contradictorio, el comportamiento del cónyuge pasivo se adapta positivamente a la perturbación psiquiátrica de su compañero y, al mismo tiempo, fomenta activamente la psicosis.
  • La paranoia conyugal: Se denomina así a la entidad clínica en la que los delirios paranoides y las actitudes patológicas han sido dirigidas contra el otro cónyuge. Las actitudes patológicas del miembro activo se caracterizan por actos humillantes, degradantes, desmoralizadores, destructivos y de crítica obsesiva contra el compañero, y pueden preceder en varios años la erupción de delirios francamente paranoides. Las relaciones conyugales (o sea, todo cuanto tenga que ver con las responsabilidades maritales) inducen en el paciente un sentimiento general de ineptitud; para hacer frente a este sentimiento, se vale de mecanismos defensivos tales como proyección, formación reactiva, delirios y hasta alucinaciones. En esta categoría tenemos a los celosos patológicos.

Dificultades sexuales

Al igual que Kernberg, Martin (1994) señala que en todos estos esquemas matrimoniales existen perturbaciones en la vida sexual, los que difieren bastante de los valores normales que se caracterizarían por la integración del apetito carnal (acto sexual en sí), intimidad física (sensualidad, como caricias), y la intimidad emocional (el llamado amor que entraña calidez, añoranza por el otro, etc).

Esquema "esposa enamorada-marido frío"

En este tipo de esquema matrimonial, los maridos tienen dificultades en los tres campos: el del apetito carnal, el de la sensualidad y el del amor. Tienden a hacer el amor mecánicamente, si bien procuran "hacerlo bien" y demostrar su sexualidad. Experimentan una angustia de realización, y pueden sufrir eyaculaciones prematuras, impotencia y evitación del sexo. Debido a su naturaleza seductora, la esposa parece interesarse por las actividades genitales que culminan en un orgasmo, pero la realidad es otra: le interesan los besos y los abrazos (sensualidad), dialogar y hacer cosas juntos (intimidad emocional: amor) pero no el coito con orgasmo (apetito carnal). La esposa encara el acto sexual con veladas esperanzas de ser mimada, acariciada, nutrida y cuidada maternalmente. Los métodos "poco románticos" del marido no sólo dejan insatisfechas sus necesidades sino que además reactivan su ira casi psicótica, y largamente adormecida, contra su madre negligente. La expectativa de orgamos del marido refleja, a menudo, su propia necesidad de que su esposa alcance tal estado como demostración de aprecio y gratitud por todo lo que él le ha dado. Cuando la incapacidad orgásmica de la esposa frustra estas necesidades una y otra vez, el marido sufre una herida narcisista, se vuelve constantemente hostil a su mujer, repliega sus sentimientos detrás de un muro de frialdad.

Dificultades sexuales en el esquema "marido en busca de una madre"

Estos maridos son amantes excelentes, en cuanto a la sensualidad, y dedican mucho tiempo a los escarceos preliminares y las actividades orales. Asimismo, destacan su necesidad de intimidad emocional con la esposa y la "otra mujer". Suelen ser potentes y, en algunos casos, hasta hiperactivos en el coito, pero su actividad en este terreno posee cierta fragilidad: como necesitan demostrar su potencia para asegurarse el apoyo de la mujer, están sujetos a angustias que podrían contribuir a una eyaculación prematura o a una falta de erección cuando están fatigados, ebrios o recargados de responsabilidades. Esta es una impotencia secundaria que tiende a perpetuarse a causa de la hostilidad contenida del marido, quien resiente su situación de dependencia respecto de su esposa o de la "otra mujer". Como no pueden expresar abiertamente su ira contra la mujer, por miedo a perderla, la manifiesta indirectamente a través de la impotencia.

Dificultades sexuales en el esquema "de dos parásitos"

Ambos cónyuges son incapaces para la intimidad emocional. El acto sexual es una experiencia destructora, por cuanto, a menudo, las esposas sufren una disfunción orgásmica primaria y los maridos completan el cuadro con sus persistentes eyaculaciones prematuras, que revelan sus débiles controles yoicos.

Dificultades sexuales en el esquema "paranoide"

La dinámica de la personalidad paranoide causa dificultades en el campo de la intimidad física y emocional. La necesidad del marido de demostrar su masculinidad afecta el acto sexual, pues lo impulsa a una penetración vaginal prolongada; pero sin embargo esta pseudopotencia se ve desmerecida por la falta de eyaculación, o por una eyaculación débil o tardía. Asimismo, es posible que el marido necesite del orgasmo o multiorgasmo de su esposa para demostrar su potencia. Si la esposa mantiene una actitud de folie à deux hacia su marido, y es capaz de perder por él su propia personalidad y los límites de su yo, quizá responda con varios orgasmos a sus prolongados estados de erección. En cambio, si está deprimida o empieza a separarse para luchar por su identidad, no podrá brindarle la respuesta que él necesita tan desesperadamente. Esto provocará en él acceso de cólera, acompañados de manifestaciones de celos patológicos y acusaciones de infidelidad.

 

Métodos de terapia de pareja.

Cuando se producen problemas en la pareja muchas de ellas recurren a un terapeuta para que, dependiendo de cómo se haya identificado el problema o sus derivados (como problema de ambos o de sólo uno), se les proporcione ayuda y orientación para solucionarlos.

De acuerdo al tipo de problema que se trate y de la pareja involucrada, el psicoanálisis ofrece una diversidad de modalidades de terapia, teniendo cada una de ellas ventajas y desventajas a los requerimientos y condiciones.

El enfoque clásico: el psicoanálisis.

En el enfoque clásico del tratamiento de cónyuges, el terapeuta psicoanaliza a aquel que se ha autodesignado como paciente, sin ver nunca a su pareja.

La evolución de la neurosis de transferencia y su interpretación constituye la piedra angular del análisis; se hace todo lo posible para librarla de contaminaciones tales como las entrevistas entre el analista y el otro. Si logra establecerse una alianza terapéutica entre el analista y la parte no conflictuada del yo del paciente, tal alianza tendrá una ventaja de dos a uno con relación a la parte conflictuada de este último, lo cual contribuirá al éxito del tratamiento. La resolución de las paralizantes situaciones trasferenciales y contratrasferenciales conduce a un cambio exitoso en la psicodinámica del paciente.

En el enfoque clásico, el cambio en la relación marital depende de estos cambios en la psicodinámica del paciente, o bien los acompaña. Aunque el análisis se centra más en el individuo que en los cónyuges, sirve de catalizador para una mejor relación marital; la mejoría de la salud mental de un cónyuge se correlaciona positivamente con una mejora del bienestar del otro.

Para que este método tenga éxito, el paciente deberá poseer unas fuerzas yoicas básicas que permitan los cambios estructurales y favorezca la constante resolución del problema sin depender de un cambio inicial del otro cónyuge, ni aun de su respuesta positiva al cambio. En los casos en que el análisis de este tipo de pacientes tuvo éxito sin que el otro cónyuge entrara nunca en tratamiento, se observó alguno de los siguientes resultados:

  1. El cónyuge analizado se separó e individualizó psicodinámicamente y ahora es capaz de funcionar bien dentro del matrimonio, aunque sus necesidades o expectativas de dependencia, previamente deseadas e incumplidas, no hayan sido satisfechas aún por su cónyuge (quien puede haber necesitado o no un cambio).
  2. El cambio experimentado por el paciente ha hecho que cambiaran las respuestas de su cónyuge, estableciéndose así un nuevo y eficaz tipo de relación.
  3. En el 7% de los casos, aproximadamente, el otro cónyuge responde presentando graves perturbaciones psicológicas a medida que el paciente mejora (Sager en Martin, P., 1994). En estos casos, la mejora del esposo que recibe terapia individual provoca un vuelco en el equilibrio patológico y la consiguiente descompensación del cónyuge no tratado; esta situación puede necesitar un tratamiento, contribuir al divorcio o añadir nuevas cargas a las que ya viene soportando el esposo exitosamente tratado.

Ventajas.

  1. El paciente es el individuo tratado, y no el matrimonio. El asume la responsabilidad por el cambio, crecimiento y desarrollo personales (cambio intrapsíquico).
  2. Al resolverse la neurosis infantil y la de trasferencia, pueden resolverse los mismos temas presentes en la neurosis marital.
  3. Este método protege cualquier "secreto" que el paciente desee ocultar permanentemente a su cónyuge

Desventajas.

  1. Lleva mucho tiempo.
  2. El terapeuta debe confiar en las declaraciones del paciente sobre las interacciones con su cónyuge (con la consiguiente necesidad de reconocer las distorsiones, desmentidas, identificaciones proyectivas, omisioness y mentiras concientes), sin contar con la oportunidad de observar esas transacciones de un modo directo.
  3. La no inclusión temprana del otro cónyuge en el plan de terapia total puede acarrear la terminación prematura del tratamiento del paciente, o impedir que se advierta una enfermedad grave en su cónyuge.
  4. El análisis clásico puede no ser la técnica más indicada, cuando el compañero del paciente presenta reacciones paranoides perturbadoras relacionadas con el tratamiento.

Indicaciones.

  1. Tratamiento de la persona casada que solicita ayuda principalmente para sí misma, posee un yo fuerte y es capaz de aceptar la responsabilidad de solucionar su inarmonía marital mediante cambios internos, se produzcan o no cambios en su cónyuge.
  2. Cuando el paciente designado es el cónyuge más fuerte.
  3. Cuando el buen tratamiento de un matrimonio perturbado exige privacidad y discreción.

Contraindicaciones.

Este enfoque está contraindicado para las crisis maritales que, por su gravedad, exigen que el matrimonio (y no uno de los cónyuges) sea el paciente inmediato.

Psicoterapia concurrente.

En esta terapia el mismo terapeuta trata a ambos cónyuges en forma individual, pero sincronizada. Este método ayuda a ver las interacciones conyugales de origen neurótico, así como a captar aquellas tendencias que pueden pasarse por alto cuando sólo se entrevista a un cónyuge.

Ventajas.

  1. El analista obtiene una visión más completa de las realidades y las reacciones complementarias de los dos esposos.
  2. Uno de los cónyuges puede proporcionar una información que el otro no revela o que oculta a tal punto, que el analista podría dejar de percibir algunas tendencias decisivas.

Desventajas.

  1. Las desventajas giran en torno a los problemas trasferenciales y contratrasferenciales, que esta técnica complica.
  2. Uno u otro cónyuge puede no aceptar el carácter confidencial de la información dada al terapeuta, y temer su divulgación.
  3. Ambos cónyuges pueden ser incapaces de evitar la discusión mutua de sus respectivos análisis.

Indicaciones.

En los casos en que la estructura de poder es tal que uno de los esposos oprime y anonada al otro.

Contraindicaciones.

  1. Cuando uno o ambos cónyuges presentan una psicosis grave o trastornos graves de carácter.
  2. Cuando hay excesivos conflictos de rivalidad entre hermanos, que impiden que ambos esposos compartan la atención del mismo terapeuta.

El enfoque colaborativo.

El enfoque colaborativo es un método psicoanalítico individual al que se le suma la relación entre los dos terapeutas, que pone en relieve las reacciones contratrasferenciales provocadas por sus respectivos pacientes. Consiste en examinar, en forma programada y periódica, las versiones de los acontecimientos importantes en las vidas de los esposos reconstruidas por dos psiquiatras. Esto permite reconocer de inmediato las distorsiones de la realidad en que incurren los pacientes, lo cual, a su vez, posibilita la comprensión de las defensas características del yo y los impulsos instintivos que cada esposo reprime.

Mediante la comparación de los datos producidos por ambos esposos, los psiquiatras pueden comprender las neurosis complementarias que existen en la pareja y que actúan, simultáneamente, cono fuerzas de atracción y apartamiento.

Ventajas.

  1. El terapeuta ya no depende un puesto de observación único y goza de una visión más amplia del paciente, dentro de su encuadre natural.
  2. Se reconocen con mayor prontitud las distorsiones de la realidad y las identificaciones proyectivas, incluso algunas que podrían haber pasado inadvertidas.
  3. El conocimiento de que los terapeutas están trabajando de consuno reduce la angustia de uno o ambos cónyuges y hace que cese su comportamiento destructivo.
  4. Permite observar las reacciones inconcientes que provocan en un cónyuge las acciones inconcientes del otro.
  5. El hecho de que cada terapeuta verifique lo realizado por el otro es un medio técnicamente invalorable de prevenir los impases trasferenciales y contratrasferenciales.

Desventajas para el psicoterapeuta.

Pérdida de tiempo, al exigir la realización de reuniones de consulta programadas y periódicas entre los terapeutas; puede constituir un problema en la práctica.

Desventaja para el paciente.

El desarrollo de la relación psiquiatra-paciente sufre la intrusión de la relación psquiatra-psiquiatra.

Indicaciones.

Cuando uno de los cónyuges se opone a ser tratado por el mismo terapeuta que atiende a su pareja, o bien necesita un terapeuta individual.

Contraindicaciones.

  1. Cuando uno de los cónyuges no puede tolerar el ignorar lo que está pasando en la terapia del otro.
  2. Cuando los dos terapeutas tienen dificultades de comunicación, problemas de poder o rivalidades, y el caso no les sirve como experiencia de crecimiento y aprendizaje.

Terapia conjunta de pareja

Involucra a ambos cónyuges con el terapeuta en una misma sesión y también a los hijos del matrimonio, si los hay, por lo tanto trae consigo los asuntos más amplias de la familia. Los síntomas son vistos como los resultantes de las relaciones interpersonales y no como determinados por conflictos intrapsíquicos, de modo que difiere del psicoanálisis. Sin embargo este método se utiliza también con bases de psicoanálisis tradicional.

Ventajas

  1. Ayuda a incrementar el dialogo entre los cónyuges.
  2. Permite ingresar con mayor rapidez a la dinámica marital.
  3. Permite acceder a los aspectos conscientes e inconscientes del contrato matrimoniaL.
  4. Intensifica la percepción mutua de los cónyuges.

Desventajas

  1. Los cónyuges se pueden unir para frustrar los esfuerzos del terapeuta por realizar cambios.
  2. Los cónyuges pueden tener objetivos diferentes.

Indicaciones

  1. Casos de comportamiento paranoide quien se perturba si no tiene conocimiento de lo sucedido en sesión.
  2. En los matrimonios en que existe la necesidad imperante de comunicación.

Contraindicaciones

  1. Cuando se observan actitudes narcisistas por parte de un miembro de la pareja.
  2. Casos de folie à deux, en que la separación de los esposos disminuye gradualmente el cuadro psicótico.

Método combinado de Greene, Salomon y Lustig.

Se vale de sesiones individuales, concurrentes, colaborativas y conjuntas cuando, en opinión del terapeuta, se requieren transacciones diádicas triádicas para poder tratar eficazmente la transacción marital o a uno de los cónyuges.

Se basa en el concepto transaccional sobre la índole de la inarmonía marital; según él, las transacciones homeostáticas pasan a ser una característica del matrimonio. En este sentido, constituye un nuevo apartamiento respecto del psicoanálisis clásico. Sin embargo, sus autores continuaron tratando las reacciones trasferenciales (una neurosis de trasferencia triangular).

El cimiento del proceso terapéutico con métodos combinados es un plan de apoyo activo, que incluye la manipulación del medio, el establecimiento de objetivos complementarios, el esclarecimiento de las expectativas e imposiciones de roles, la reorientación de las energías intrapersonales y el llamamiento a una comunicación "más sana". Además de combinar métodos, Greene, Solomon y Lustig combinan consideraciones teóricas. Al reconocimiento y uso de los fenómenos trasferenciales en las sesiones conjuntas, añaden otras dos transacciones de trasferencia "triangular". La primer es la "neurosis de trasferencia triangular", o sea, la reproducción de la constelación edípica; en ella se observa la acción recíproca de una variedad de roles asumidos por los pacientes entre sí y en relación con el terapeuta, que no son sino variaciones de los roles de madre, padre e hijo (niño y/o adolescente). Además, se valen de los "sueños trasferenciales" para esclarecer aún más la naturaleza de estos roles, mediante los mecanismos introyectivos y proyectivos que aparecen en ellos.

Ventajas.

  1. Su extremada sensibilidad a las cambiantes necesidades actuales de los esposos, basada en el reconocimiento de la amplia variabilidad de los esquemas matrimoniales y la imposibilidad de pronosticar el curso de la terapia.
  2. Al permitir que el terapeuta observe las diversas reacciones del individuo ante medios diferentes, sirve de correctivo para las percepciones e interpretaciones terapéuticas erróneas.

Desventajas.

Si no se indica explícitamente a los pacientes qué plan se seguirá en la terapia, y si se cambian las reglas algunas parejas podrán sentirse confundidas.

Indicaciones.

Cuando la evaluación inicial señala la conveniencia de realizar sesiones triádicas para encauzar la relación marital hacia la armonía, y entrevistas diádicas para tratar los conflictos personales más reacios.

El enfoque familiar.

La terapia familiar constituye un campo nuevo, sujeto a rápidos cambios. Los terapeutas tienden a polarizarse en dos grupos: los que ven en la familia un factor que complica las luchas intrapsíquicas de cualquiera de sus miembros, y los que contemplan las transacciones de la familia como determinantes dinámicos de las respuestas y actitudes de sus miembros.

Terapia de una pareja por otra (terapia conjunta).

Se realiza el tratamiento de una pareja por otra en una misma sesión, o sea, una variante de la terapia conjunta. Presta atención, específicamente, a los pensamientos actuales de los terapeutas y a sus reacciones afectivas recíprocas, y utilizan ampliamente las interpretaciones trasferenciales y contratrasferenciales de pareja a pareja en la sesión. Su combinación del modelo psicoanálitico (trasferencia y contratrasferencia) con el psicodrama (las interpretaciones se actúan, antes de expresarlas verbalmente) limita la intensidad de la neurosis de trasferencia que la pareja de pacientes pueda desarrollar con la pareja de terapeutas. Esto concuerda con su objetivo terapéutico de abrir canales de comunicación entre los cónyuges, en vez de fomentar una maduración de sus respectivas personalidades.

Ventajas.

La combinación de dos terapeutas de diferente sexo trae a primer plano materiales y comportamientos adicionales para su observación.

Circunstancias en las que no se recomienda la terapia de parejas.

Haber determinado que se requiere tratamiento no significa que se deba recomendar automáticamente su aplicación, porque muchos pacientes sometidos a una terapia nunca entran en ella. Esta es una de las razones que explican el porcentaje aparentemente bajo de los buenos resultados obtenidos con diversas formas de psicoterapia.

Con frecuencia, los pacientes declaran que su presencia en la situación terapéutica es una prueba de su deseo de someterse a un tratamiento, pero a menudo esto dista de ser cierto (por ejemplo, el miedo de provocar la ira del compañero o aun a perderlo, si no se asiste a la entrevista); la razón más común es su necesidad de manipular al terapeuta para que acepte la validez de sus puntos de vista, pese a que todas evidencias los señalan como quimérico e impracticables.

Antes de iniciar el tratamiento, el terapeuta deberá presentar a cada pareja, con la mayor claridad posible, un contrato terapéutico viable que corresponda a su caso. De otro modo el tratamiento fracasará, a menos que se convenga un nuevo contrato más adelante. Es mucho más fácil comenzar con un contrato viable, que modificar un contrato terapéutico establecido pero insostenible.

Psicoterapia para las situaciones que requieren un tratamiento especial.

"Esposa enamorada-marido frío".

La mayoría de las veces, el menoscabado yo de estas mujeres les impide tolerar el psicoanálisis clásico, por cuanto este no promueve una gratificación de los deseos del paciente, sino su frustración y el desarrollo de insight. Este conjunto de condiciones es demasiado frustrante como para que ellas lo soporten. Estas mujeres necesitan y exigen tan desesperadamente una gratificación que, así como no pueden atenerse a un contrato matrimonial responsable, tampoco pueden cumplir un contrato terapéutico responsable.

Cuando hay otra posible fuente de gratificación, aparte del cónyuge, se obtiene un mejor pronóstico. Por ejemplo, es beneficioso que el paciente tenga algún tipo de aptitud, ya sea para el arte, para la abogacía, etc., pues se necesita alentar su desarrollo y utilización. Las capacidades creadoras innatas son la piedra de toque para la remoción de los deseos pasivos y dependientes. Si estas personas triunfan, se obtienen resultados espectaculares. En tales casos, de existir la posibilidad de aplicar una terapia de insight y lograr unos cambios estructurales, el enfoque terapéutico decisivo será el siguiente:

Ante todo, deberá separarse a la esposa aferrada al marido. Esto puede lograrse fomentando la neurosis de trasferencia, por cuyo intermedio el vínculo de dependencia pasa del marido al terapeuta. De este modo, se pone al descubierto el defecto específico de su yo. Estas mujeres manifiestan una sed insaciable de gratificaciones narcisistas; para ellas, cualquier ofensa o decepción trivial constituye un golpe contra su autoestima, y, ante esta herida narcisista, reaccionan con una respuesta difusa y arrolladora de energía pulsional agresiva, que amenaza aniquilar el yo. A su vez, este peligro las obliga a aferrarse de manera aún más desesperada a la posición simbiótica.

Por consiguiente, el terapeuta debe asumir un enfoque bifocal centrado, por un lado, en el yo (deberá esforzarse por desarrollar en la paciente una mayor tolerancia a las privaciones narcisistas) y, por el otro, en una disminución de la intensidad de la cólera infantil asesina.

La mujer deberá someterse a una terapia intensiva, tendiente a desarrollar una estructura yoica adecuada.

La mejor técnica paras ayudar a una esposa "enamorada", sumida en una dependencia inmutable, es la psicoterapia conjunta,; ayuda a distinguir este tipo de esposa de su marido, al detectar rápidamente sus distorsiones de la realidad y sus proyecciones en el esposo. De no poder alcanzarse la separación e individuación ideales, puede utilizarse al marido para lograr un objetivo menos deseable, pero aún viable. A veces, la prevención de un colapso francamente psicótico se constituye en un objetivo inmediato. La terapia conjunta permite al marido inteligir cómo provoca las respuestas de su esposa, y a ella le brinda la oportunidad de comprender que su esposo la ama de veras. En estas circunstancias ideales, la mujer puede pasar, al menos, de una posición de parasitismo hostil y quejoso, a otro de dependencia agradable y apreciativa, logrando así un cambio que traerá paz a la familia.

El tratamiento del marido le ayuda a comprender que las exigencias de su esposa son expresiones de su enfermedad; de este modo, lo capacita para ser más bondadoso y menos frío en sus empeños defensivos contra sus ataques. Munido de esta comprensión, el marido coadyuva considerablemente al logro del objetivo intermedio que acabamos de mencionar, ya sea retomando sobre sí la carga total del matrimonio, o, lo que sería aún más deseable, alentando a su esposa a desarrollar sus aptitudes naturales.

Un marido auténticamente frío, distante y desamorado, representa un dificilísimo problema terapéutico.

La experiencia indica que en estos casos la familia de origen se caracterizaba por una falta de amor y calidez. Una capa de odio glacial cubrió su herida, a diferencia de la ardiente ira de su esposa. Pese a ser de intensidad relativamente baja, este odio entraña un rencor implacable e inexorable contra las mujeres. La esposa puede tener episodios explosivos, pero los supera y vuelve a mostrarse cariñosa; el marido nunca olvida ni perdona. Por ende, la terapia procura poner al descubierto los sentimientos de dolor y ofensa que se ocultan bajo ese exterior frío. A menudo, la irrupción de la ira y lágrimas reprimidas presagia un punto decisivo: el del redescubrimiento del amor cálido y de una nueva forma de experimentar la vida. La esposa se sorprenderá, quizás, al descubrir que su marido puede sentirse herido u ofendido y al saber de qué modo contribuía ella a su frialdad.

"Marido en busca de una madre".

En la medida en que esta "búsqueda de una madre" tenga éxito, no sentirá la necesidad de ponerse bajo tratamiento; en cambio, si la otra mujer lo rechaza, su nivel de angustia lo obligará a solicitarlo. Las necesidades de dependencia se traspasan al terapeuta, y la subsiguiente neurosis de trasferencia aclara el problema psicodinámico. El restablecimiento de su autoestima por intermedio de su situación laboral, con la consiguiente disminución de su dependencia de una figura maternal, se convierte en un factor clave de su adelanto terapéutico. La incorporación de la esposa al tratamiento, mediante una de las formas de terapia conjunta, aclara el contrato matrimonial no viable y permite concertar otro que conforme a ambos cónyuges y restablezca la armonía.

Matrimonio "de dos parásitos".

En este, la tarea consiste en capacitar a uno de los esposos como mínimo, para que se separe, adquiera individualidad y desarrolle algunas de las capacidades resumidas en la pag. 78: capacidad de independencia, de apoyar al otro cónyuge, de amar, de experimentar apetito carnal y sensualidad.

Esta pareja ejemplifica, en particular, el fenómeno de interacción marital neurótica y el equilibrio marital neurótico. Al principio, nos sorprende advertir que si uno de los cónyuges dependientes empieza a avanzar hacia la independencia y la asunción de responsabilidades laborales, que otorgarán solvencia financiera a la familia, el otro (que no ha cambiado) tratará de sabotear los esfuerzos terapéuticos. Su lucha por preservar el equilibrio patológico del matrimonio se basa en el miedo a perder al cónyuge "en vías de desarrollo".

Matrimonio paranoide.

El tratamiento del cónyuge paranoide parte del reconocimiento de que las relaciones maritales infunden en él un sentimiento general de ineptitud, al que hace frente valiéndose de ciertos mecanismos defensivos (desmentida, formación reactiva, proyección, etc.,). Como son personas en extremos sensibles a la heridas narcisistas, el terapeuta debe obrar con paciencia y con sensibilidad hacia las reacciones de pánico que experimenta el paciente al reconocer y admitir sus ineptitudes. Cuesta mucho establecer una relación terapéutica confiada y activa porque, al principio, el terapeuta es investido con las ideas paranoides.

El tratamiento debe emprenderse con los dos cónyuges, a quienes se permitirá expresa y desahogar sus miedos, depresiones y rencores. Si se lo inicia tempranamente, cuando todavía no hay delirios o deseos de venganza provocados por un exceso de heridas narcisistas, el terapeuta puede ayudar al cónyuge no celoso a escuchar a su compañero con atención y sensibilidad, conciente de que autoestima y su confianza personal y sexual son bajas y necesitan ser mejoradas. La participación del cónyuge no celoso en la situación de sometimiento hace que su autoestima se menoscabe también. Si el terapeuta es aceptado por los dos miembros de la pareja, el análisis de las transacciones puede ayudar a aliviar los síntomas. El paciente paranoide se mantiene exageradamente alerta durante las entrevistas, de modo que el terapeuta debe ayudar al compañero a tomar conciencia de la minuciosidad con que aquel observa sus palabras y sus actos. Además, el terapeuta enfrenta la difícil tarea de evaluar la naturaleza de las acusaciones de infidelidad: ¿son reales, sospechadas o delirantes?. He descubierto que la infidelidad sospechada por algunos cónyuges evidentemente paranoides y delirantes resulta real. Durante la terapia, el contacto con la realidad modula las sospechas y es posible modificar los delirios fluidos –aunque tal vez sólo por un tiempo y tras haber reunido una impresionante cantidad de contrapruebas-; los delirios fijos escapan virtualmente al influjo de las experiencias negativas.

El uso de los sueños en la terapia de pareja.

La utilización de los sueños en la terapia de pareja suele ser muy util, ya que se pueden sacar a luz asuntos como: 1) el contrato matrimonial conciente e inconciente; 2) el esquema matrimonial; 3) el contrato terapéutico o su ausencia; 4) las neurosis de trasferencia de ambos cónyuges.

La importancia de esta forma de utilizar los sueños no radica en los conocimientos que aportan al terapeuta sino en el hecho de que, combinados, presagiaban un cambio en la relación marital.

Greene (en Martin, P., 1994) declara que la amplia utilización de los sueños en las sesiones triádicas permite verificar y entender con claridad las transacciones maritales, así como los diversos niveles de fenómenos trasferenciales. Los sueños brindan un punto de partida para la comunicación.

Conclusión

En el tratamiento de la relación de pareja se puede apreciar el enfoque equivocado que comúnmente se atribuye al psicoanálisis, definiéndolo como una perspectiva restrictiva, que sólo trabaja con las personas aisladas sin considerar a sus otros significativos y en general al medio que lo rodea. Esta concepción dista mucho de la realidad terapéutica del psicoanálisis, pues como se ha visto en el apartado del tratamiento de las patologías en la pareja, actualmente las terapias de orientación psicoanalíticas suelen trabajar con un enfoque que podríamos llamar más sistémico, pues incluye a ambos miembros de la pareja y en otras circunstancias hasta a otros miembros como a los hijos de la pareja, si es que ellos son un elemento importante en la patología o en las disfunciones que se dan en ella, o en el caso de los terapeutas, incluye a dos de ellos, como en el caso de la terapia colaborativa, para así obtener una mayor comprensión de los procesos transferenciales que se dan en la terapia.

P. Martin mantiene este enfoque en su conceptualización de la patología de la pareja, es así que al definir los esquemas matrimoniales siempre considera que están sustentados por la dinámica que se da entre ambos, por ejemplo en el esquema de la esposa enamorada y el marido frío, la esposa anhelosa de amor por su pareja considera que éste es frío y distante, o que en el esquema paranoide uno de los cónyuges transfiere las ideas delirantes al otro o en el de la paranoia conyugal en que uno de los cónyuges relaciona sus delirios con el otro de modo tal que él es el perseguido y su pareja el perseguidor.

Sin embargo no podemos concluir que este enfoque integrador sea el más adecuado para todos los casos, ya que hay algunos en que ya sea por que la patología está más relacionado con uno de los cónyuges en especial, por ejemplo si uno tiene personalidad bordeline, o por que un tipo de terapia ofrece mayores ventajas sobre las otras, que tal vez es más conveniente un enfoque más clásico en que se trabaje con un solo miembro de la pareja.

Referencias

  • Ackerman, N. (1961) Diagnóstico y tratamiento de las relaciones familiares. Buenos Aires: Horm
  • Gomberoff, L. (1999). Otto Kernberg: Introducción a su obra. Santiago: Mediterráneo.
  • Martin, P. (1994) Manual de terapia de pareja
  • Santamaría, A. (19??) La pareja desde el punto de vista de la psicología psicoanalítica del self

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