Organizaciones emocionalmente inteligentes

Por clbustos. En 2007-08-07 01:06:02 -0700
Cuenta la historia que Gautama Buda, en cierta oportunidad, bajó al pueblo acompañado de dos de sus discípulos. La gente del pueblo se había acostumbrado a denostarlo y llenarlo de insultos, por lo que no dejó pasar esta oportunidad para emprendérsela contra él y llenarlo de gruesos agravios y ofensas hacia su vestimenta y actitud de misticismo.
Dada la magnitud de las ofensas, los discípulos no pudieron menos que descontrolarse y, cargados de ira, pretendieron arremeter contra aquellos que insultaban a su maestro. Gautama Buda los calmó con frases coherentes, sin embargo, estos le replicaron:
“Maestro, desde que hemos ingresado al pueblo, la gente no hace más que ofenderte y tú no atinas a nada para contestarles, defendiéndote”.
Gautama Buda sin inmutarse por la contrariedad manifiesta, les dijo:
“Cuando alguien te alcanza un regalo, tú no quieres aceptarlo y no lo recibes, ¿de quién es el regalo?” Ambos discípulos se miraron y respondieron:
“Pues, del que lo pretende entregar, obviamente” Bien, continuó Buda, “cuando alguien te alcanza un insulto u ofensa y tú no la recibes, ni la aceptas, ¿quién se queda con la ofensa o el insulto?” Daniel Goleman, lanzó en 1995 un libro que revolucionó los conceptos de la Psicología, especialmente la Organizacional, al contrariar la importancia de la inteligencia (expresada en la capacidad de raciocinio lógico, su perfecta correlación con el aprendizaje o la resolución de problemas numéricos complicados) planteando que lo trascendente son las emociones y el manejo que se ejerzan sobre éstas. Probó que, para descollar en las organizaciones empresariales, no cuenta mucho la preparación académica, los estudios o la experiencia, sino, la forma cómo nos manejamos con nosotros mismos y con los demás.
Entendiendo que todos los individuos de las Organizaciones Empresariales cuentan con suficiente capacidad intelectual y preparación técnica para el desempeño de la función, lo cual uniformaría las acciones evidentemente distintivas, pasó a analizar otras variables que pudieran marcar la diferencia. Para estos estudiosos de la inteligencia emocional, las variables distintivas, están referidas a las cualidades personales, como la iniciativa, cooperación, flexibilidad, empatía, adaptabilidad, optimismo y persuasión.
Goleman experimentó a través de múltiples investigaciones, que los líderes exitosos de las organizaciones más reputadas de los Estados Unidos (dentro de las que se encontraban IBM, Pepsico, Lucent Technologies, British Airways y Credit Suisse First Boston), que, no es la pericia técnica, ni los estudios académicos, lo que más ayuda a la excelencia. Probó que los líderes de las empresas exitosas, no poseían habilidades, ni sagacidad, en su inteligencia “pura” medida a través de los famosos coeficientes intelectuales, sino que tenían atributos distintos, referidos al manejo de sus emociones. Encontró que existe una elevada correlación entre lo que llamó líderes “estrella” y el de los líderes promedio, las mismas que no eran atribuibles a capacidades netamente cognitivas sino, más bien, a factores ligados a la Inteligencia Emocional. Entre las aptitudes que se requieren para triunfar, debe existir una mezcla de inteligencia y aptitud emocional, ya que, las emociones descontroladas pueden hacer estúpido al inteligente, refería.
La experiencia nos enseña que no son los primeros alumnos de las escuelas y universidades los que alcanzan el éxito profesional. Es menester adicionar a los atributos puramente intelectuales, el control y manejo emocional.
Se ha demostrado que aquellas personas que poseen un adecuado autoconocimiento, son capaces de regular y manejar sus iras, agresiones, angustias y miedos, tienen la capacidad de ponerse en el lugar del otro, entendiendo sus sentimientos, valorándolos y además están motivados y manejan adecuadamente las relaciones sociales, son sujetos más exitosos y asumen la capacidad de dirigencia o liderazgo en las organizaciones.
La Inteligencia Emocional puede ser resumida como la capacidad que tiene el individuo para regular sus emociones y manejar las emociones de los demás.
Se han definido dentro de las emociones internas o intrapersonales, el autoconocimiento o la habilidad de reflexionar en torno a las posibilidades de cada uno dentro de cualquier esquema organizativo, el famoso “conócete a ti mismo”; el autocontrol, esquema central de la IE que remite a la regulación de nuestras iras, miedos, ansiedades, angustias, en general temores y la morigeración de los exabruptos como los desencadenados por la agresividad o violencia en general; la motivación expresada en la capacidad de seducir a los demás para el cumplimientos de los objetivos organizacionales. No sólo basta motivarse, también hay que motivar.
Entre las emociones externas o interpersonales, se encuentran las llamadas habilidades sociales y la empatía, o la capacidad de entender, aceptando y sin juicios de valoración, la situación emocional por la que atraviesan las personas.
Goleman, junto con Boyatzis y McKee, definieron el término de Organizaciones Emocionalmente Inteligentes (OEI), aquellas convencidas y orgullosas de sus capacidades, que reconocen sus puntos fuertes y débiles y que saben convivir con el nivel de tensión adecuado para mantener su posición competitiva, sin menoscabo de la salud individual de sus miembros y de la salud de sus relaciones interpersonales y colectivas.
Las OEI, son producto de lasa cualidades propias de la IE de los equipos que la conforman, con la participación activa del líder que las conduce. Es importante señalar que las emociones son contagiosas y que es natural que las personas presten una atención especial a los sentimientos y conducta del líder.
Una organización emocionalmente inteligente es, a decir de los autores, una organización donde actúan personas emocionalmente inteligentes, buscando y encontrando respuestas emocionalmente inteligentes a los problemas y desafíos que la dinámica de la Organización les plantea. La IE del grupo se asienta en las mismas competencias que exhibe el individuo emocionalmente inteligente, es decir, la conciencia de uno mismo, la autogestión, la conciencia social y la capacidad de gestionar adecuadamente las relaciones que establece.
La actitud no reactiva de Gautama expresada en la sabia respuesta dada a sus discípulos; los juicios racionales para controlar nuestras iras, angustias, miedos o agresiones; la morigeración de los excesos tributarios del alcohol, la mística o la espiritualidad, dilectos orientadores de nuestras emociones e impulsos, nos dan indicadores y derroteros formativos para la inteligencia emocional personal e individual, la misma que, en aporte colectivo, conlleva a formar las organizaciones emocionalmente inteligentes.
El aprendizaje es fundamental en el logro de la inteligencia emocional. Porque, al contrario de lo que ocurre con el coeficiente intelectual, Goleman, afirmó que la inteligencia emocional no se establece al nacer, sino que se puede crear, alimentar y fortalecer a través de una combinación del temperamento innato y las experiencias de la infancia.