Violencia Intrafamiliar

Por clbustos. En 2007-07-22 21:24:51 -0700
López, R. (2005). ''Violencia Intrafamiliar''

I Introducción:

Las denuncias de la violencia al interior de las parejas se realizaron a partir de la década de los 60 por movimientos feminista, que tenia por objetivo sensibilizar y terminar con la invisibilidad que el fenómeno había tenido hasta entonces, estimulando de manera lenta pero sistemática y no libre de dificultades el surgimiento de diversos modelos teóricos que intentaran explicar y conceptualizar el fenómeno de la violencia al interior del grupo familiar como un problema social mas allá del ámbito de lo privado.
En nuestro país este fenómeno comenzó a ser denunciado en la década del 80 a partir de trabajos realizados por organismos no gubernamentales y al ser considerado en el programa de gobierno de la Concertación de Partidos por la Democracia, donde se establece la necesidad de promover una legislación adecuada para enfrentar la situación de violencia contra la mujer (Sernam,1992).
Es así como desde la década del 80 se comienzan a realizar una gran cantidad de estudios tendientes a conocer sobre el fenómeno de la violencia en nuestro país he intentar sacarla de la invisibilidad social deseando construir modelos y programas que orientasen y educasen en relación al tema de los cuales podemos destacar las investigaciones de Ahumada y Álvarez 1987; de la Red de Información de los Derechos de la Mujer (RIDEM), en 1992 ;en ese mismo año Larrain realiza el estudio de la situación de la mujer en Chile en relación a la violencia familiar, 1997, Rico y Navarro entre otros todos orientados a dar luces en lo referido a la situación de violencia que vive la mujer.
Sin duda el tema de la violencia tienen un profundo origen cultural y un gran desconocimiento social, (no obstante en estas ultimas dos décadas las investigaciones han aumentado), que se construye y refuerza desde el núcleo de la familia en silencio, por el miedo tanto a la censura como al rechazo social que este provoca. mismo silencio que guardan las afectadas por muchos años antes de atreverse a solicitar ayuda.
El pedir ayuda es un acto importante en el intento de salir de un sistema violento no obstante las respuestas desde las instituciones muy a menudo son despersonalizadas y castigadora produciéndose lo que se ha denominado la “doble victimización” o victimización segundaria que revela el profundo desconocimiento y un tramado ideológico que puede convertir a la persona en victima nuevamente Los aspectos e ideas que dan sustento a este escrito se centran en conocer aspectos centrales que nos ayudan a entender la problemática de la violencia, incorporando algunas idea generales del modelo de Bronfenbrenner que asignan a la violencia de genero un carácter social, posibilitando un entendimiento de carácter sistémico he integral ya que reconoce que tanto lo cultural como lo valórico envuelven a las instituciones, la familia y al individuo y contribuyen en lo relacional. Posteriormente se revisaran algunas ideas importantes referidas a los tipos relacionales, la mediación y la terapéutica en lo concerniente a este tema, para finalizar con algunas reflexiones referidas al tema.

II SOCIEDAD, CULTURA Y VIOLENCIA CONYUGAL.

introducirse en el tema de la violencia conyugal nos invita a viajar por una trama de valores, símbolos, conductas he instituciones que han sido tejidas y retejidas a lo largo del tiempo y que se constituye en un medio y concepto importante, como lo es la cultura ,para entender lo que es ser hombre y mujer , y de como construimos y significamos los fenómenos sociales y/o nuestra realidad (montecinos, 1991) La literatura especializada nos acerca y plantea en lo referido a este tema (de la violencia), a la cultura patriarcal como el continente que da significado a este fenómeno y que concilia por medio de los procesos de aprendizaje y transmisión cultural, procesos psicosociales que se manifiestan y nutren a partir de esta cultura patriarcal machista dentro de los que se destacan invisibilidad y la naturalidad, para efectos de entender esta problemática.
En lo medular la cultura patriarcal se constituye a partir de un modelo de dominación y sometimiento basado en el control del hombre sobre la mujer, en cuanto el uso del poder por sobre el otro, en el que la violencia física es una de las formas de control que se ejerce cuando se ve amenazada la autoridad, las investigaciones en Chile así lo han ratificado En 1987, Ahumada y Alvarez; 1988, Moltedo C ; 1992, Red de Información de los Derechos de la Mujer (RIDEM).
De manera mas especifica en cuanto las interacciones violentas al interior de la familia se puede indicar que estas se organizan en torno a dos variables: el poder y el genero. El poder da origen a una estructura vertical donde la mujer esta en una posición jerárquica inferior y la podemos encontrar en creencias y expresiones tales como que la mujer siempre debe obediencia al marido. En cuanto al genero, ligado a estereotipos culturales que atribuyen mayor valor a lo masculino ponen nuevamente a la mujer en un orden jerárquico inferior en relación al hombre y se pueden encontrar en expresiones como "si a una mujer el marido la golpea por algo sera" o en la expresión que dice "quien te quiere te aporrea". Traducido esto en palabras de Watzlawick (1967) existirá en toda relación humana incluida la violencia conyugal modos de distribución del poder que se transforman en tipos relacionales de complementariedad y asimetría que construirán sistemas relacionales con estilos y grados de rigidez patológica, que mas adelante tocaremos con mayor detención.
En lo referido a la invisivilizacion, Jorge Corsi (2003) distingue dos condiciones fundamentales que determinan la percepción social de un fenómeno: las inscripciones materiales que hacen que un objeto sea perceptible y que en una gran cantidad de casos de violencia conyugal son de carácter mas bien psicológico o de agresiones leves entendida como aquella que no deja marcas dejando poca huella material observable y, por parte del observador, las herramientas e instrumentos conceptuales necesarios para percibirlo, que permitan identificarla y recordarla como objeto de estudio aunque no hallan sido desarrolladas en nuestro país hasta comienzos de la década del 80.
Mas aun Corsi,(1994;) Ferreira,(1992) refieren al ámbito cultural y exponen que la violencia se ha transformado en un imperativo de convivencia por lo tanto se transforma en invisible, esperable y por tanto natural.
En esta línea de argumentación María Cristina Ravazzola(1997) analiza los procesos de invisibilización y naturalización a partir del concepto de doble ciego. La autora plantea que la violencia social tiende a no repetirse cuando se logra registrar el malestar que genera, entendido como disonancia afectiva. El registro conciente del malestar que debería aparecer frente a las prácticas violentas- es lo que permite que las personas involucradas "reaccionen"”, esto es, intenten alguna acción diferente que posibilite interrumpir la violencia. El abuso en las relaciones familiares se repite porque sus actores "no ven" su malestar, y no ven que no ven, definición del fenómeno del doble ciego. Este no ver que no ven descansa como ya se expuso anteriormente en las creencias sociales de género, que justifican y hacen posibles las prácticas violentas en el entorno de las relaciones entre hombres y mujeres.
Sonia Montesino(1991) desde una óptica antropológica y marcando el acento en la historicidad de nuestro linaje, en su trabajo "madres y guachos", nos expone que hay un hueco simbólico importante de la figura del padre en nuestra identidad latino americana que es sustituido por una figura masculina poderosa y violenta, el caudillo el guerrero dando cabida y construyendo modelos sociales violentos.
Esto nos presenta un panorama donde la violencia se encuentra legitimada desde hace siglos por la existencia de una construcción identitaria de genero y social que han dado cabida a creencias fuertemente arraigadas en nuestra sociedad, legitimando la violencia y los actos violentos como naturales y/o inherentes a la condición de ser hombre y que se reproduce en los diversos niveles del sistema social.
Por tanto la competencia, el control y la lucha por el poder en la convivencia cotidiana y en la situación especifica de violencia conyugal se encuentra presente adoptando diversas formas y características que a continuación revisaremos.

III PAUTAS RELACIÓNALES; FORMAS DE VIOLENCIA EN LA PAREJA

En primer lugar es necesario saber que ninguna relación que tenga permanencia en el tiempo (historia) se relaciona de manera azarosa sino mas bien se organiza por medio de pautas y/o reglas, es importante saber que en la historia de todo sistema y/o relación determinadas interacciones se repiten en el tiempo y esta repetición es la que las constituye en reglas o modos preferidos de relación.
A partir de 1as investigaciones de Bateson en 1935, se proveyeron los medios para clasificar las relaciones humanas según la distribución del poder. En este sentido, a juzgar por Watzlawick en su obra Teoría de la Comunicación Humana, (1967) los intercambios comunicacionales entre las personas se clasifican en "simétricos” y “complementarios".
En la interrelación entre las partes, es fundamental la importancia que juega el poder cada participante manipula en la relación, ya que éste es el que le permite ocupar un lugar de superioridad, de igualdad, o de inferioridad frente al otro hablante-oyente.
En este sentido las relaciones que incluyen la violencia no escapan a esta forma de organización, según reglas que se instauran en la historia de interacciones. En esta línea, Reynaldo Perrone y Martine Nannini (1997) tomando las ideas de Watzlawick plantean que las relaciones familiares violentas no constituyen un fenómeno indiscriminado o multiforme, sino que, por el contrario, muestran determinadas pautas organizadas de interacción, que se pueden categorizar en dos posibles formas y una mas que es variante de ellas, que a continuación se expondrá de manera sucinta.
Violencia agresión: Es una forma de relación violenta que se construye sobre una pauta simétrica, es decir, una pauta de relación en la que A y B se encuentran en una actitud de igualdad y de competencia. Si A emite determinada conducta, B va a responder con otra conducta que lo ubique en un plano de igualdad respecto de A, reivindicando cada uno para sí el mismo status en la relación con el otro.
Violencia castigo: Es otro modo diferenciado por los autores, y se construye sobre una pauta complementaria, es decir una relación en la que ambos actores han acordado una diferencia entre ellos y una relación de mutua adaptación. Ambos aceptan que no tienen un mismo status en la relación, y que mientras uno propone el otro acepta.
Violencia castigo con simetría latente: Perrone propone una variante de esta segunda pauta. Siendo una forma de violencia castigo, tiene sus mismas características, con la diferencia de que quien ocupa la posición baja internamente no acepta esta definición de la relación, y si bien ve alternativas relacionales, no cuenta con algún tipo de recurso necesario para salir de la pauta.
Violencia episódica: a las formas propuestas por Perrone y Nannini,(1997) cabe agregar una cuarta posibilidad, que hemos denominado violencia episódica. Esta se caracteriza por la ausencia de una pauta estable de relación violenta, con la ocurrencia de episodios de este tipo que se ligan a alguna crisis en curso: separación de la pareja, pérdida de trabajo, muerte de un hijo, etc..
Dado las características de las relaciones donde existe violencia conyugal se puede esperar modos de relaciones del tipo complementario, violencia castigo, con mayor frecuencia ya que es esta dinámica donde los actores aceptan que no tienen el mismo status y que mientras uno propone el otro acepta. Las investigaciones en nuestro país así lo muestran (1997, Rico y Navarro; 1992, RIDEM;) Es necesario entender que la problemática de la violencia de genero específicamente contra la mujer posee una cierta particularidad en cuanto a los modos de relación que acabamos de ver y no es menos cierto y complejo por cierto que un episodio de violencia tiene sus propias características, que hacen de la situación algo aun mas complejo.

IV CICLO DE LA VIOLENCIA FAMILIAR:

La dinámica de la violencia conyugal ha sido descrita por Walken 1979, en el concepto de “ciclo de la violencia”, como una que se desarrolla en tres fases que se reproducen y repiten en el tiempo: acumulación de tensión, episodio agudo y reconciliación o luna de miel, quien utilizando la teoría del aprendizaje social investigo porque las mujeres golpeadas no pueden visualizar alternativas.
Walken propone que ellas han sido aisladas y golpeadas en etapas iniciales de su relación, cuando trataban de cambiar la situación. En esas ocasiones tenían un relativo éxito, minimizando o posponiendo la violencia, pero pasado un tiempo este control empezaba a disminuir. Tal situación -analizada desde la perspectiva de la Teoría de Seligman, sobre la "indefensión" o la "desesperanza aprendida"- lleva a Soledad Larraín (1994) a describir el desarrollo de la violencia doméstica basada en tres puntos:
  • La motivación de la mujer para cambiar su conducta disminuye como consecuencia de episodios reiterados de golpes.
  • La mujer cree que su posible respuesta fracasará.
  • Al generalizar su indefensión cree que no será capaz de alterar el final de la situación
En este proceso, la mujer renuncia a tratar de efectuar modificaciones, aprende a vivir asustada y a creer que es imposible producir un cambio en la situación conyugal.
Con este enfoque y su experiencia de trabajo con mujeres golpeadas, L. Walker desarrolló su teoría del ciclo de la violencia conyugal, el cual entrega elementos de gran valor para la comprensión de la interacción violenta entre un hombre golpeador y una mujer golpeada. Los primeros índices de violencia se pueden presentar ya durante el noviazgo, la luna de miel o también junto al nacimiento del primer hijo. Estos primeros incidentes no son correctamente evaluados; por el contrario, las conductas de celos o posesión son justificadas o mal interpretadas como halagos o signos de preocupación y afecto.
Previo a la violencia física, generalmente existe agresión psicológica: la mujer es desvalorizada, frente a la cual responde siendo amorosa, sin enojo y sintiéndose culpable. Se prepara así el terreno para la violencia física.

FASES DEL CICLO DE VIOLENCIA: __

El ciclo de la violencia se puede describir en tres fases que varían tanto en duración como en intensidad para una misma pareja y entre distintas parejas:
  • Acumulación de tensión.
  • Explosión o fase aguda de golpes.
  • Calma "amante" o "luna de miel".
Estadio de Acumulación de Tensión: La mujer está en actitud de impedir que la golpeen, lo que la lleva a no enojarse con el agresor, minimizando los incidentes y los golpes menores. Atribuye a factores externos el enojo de él (laboral, social, etc.), lo que la conduce a la idea de que ella no puede hacer nada para cambiar la situación. Con el tiempo, la tensión aumenta y también los incidentes violentos físicos y psíquicos. En la mujer aumenta la rabia y disminuye al mismo tiempo el control sobre sí misma y la situación. El hombre golpeador, apoyándose en la aparente aceptación pasiva de su conducta abusiva, no intenta controlarse.
Muchas parejas permanecen en esta primera etapa durante largos períodos de tiempo: ambos desean evitar la fase aguda, pero una situación externa o cualquier evento puede romper el delicado equilibrio.
Episodio de agudos golpes: Este es el punto donde termina la acumulación de tensiones y el proceso ya no responde a ningún control. El hombre acepta que su rabia no tiene límite y la mujer también. Esta puede incluso provocar los golpes para apurar el paso a la tercera fase: "amante".
La información que se tiene de esta segunda fase es la proporcionada por las mujeres, ya que generalmente no se cuenta con los testimonios de los hombres golpeadores. La mujer informa que en este período ella está consciente de todo lo que está ocurriendo, advierte que no podrá detener una conducta fuera de control y opta por no ofrecer resistencia.
Finalizada la fase aguda, sigue un shock: negación e incredulidad de que el episodio haya realmente sucedido.
Conducta arrepentida amante o luna de miel: Se caracteriza por el arrepentimiento y demostración de afecto del golpeador. El fin de la segunda fase y la entrada a la tercera es algo muy deseado por ambos cónyuges. El hombre se disculpa por su proceder y expresa su arrepentimiento, se comporta cariñosamente convenciéndola de que la necesita y de que no volverá a ocurrir. La mujer necesita creer y decide que la conducta que observa durante este período le muestra a su verdadero marido.
La pareja que vive en una relación tan violenta se convierte en una dupla simbiótica, tan dependiente el uno del otro que la ida de uno de ellos se considera trágica. En la tercera fase, cuando el afecto es más intenso, resaltan los aspectos simbióticos del vínculo. La duración de esta fase varía y no se sabe exactamente cómo termina; la mayoría de las mujeres afirman que antes que se den cuenta comienza nuevamente la tensión.
En este sentido no es necesario saber como termina este ciclo de violencia sino mas bien terminar con la violencia ya que esta acarrea para la mujer agredida, agresor y la familia en general un deterioro a nivel afectivo cognitivo y conductual de todos los integrantes de la familia.

V. TERAPÉUTICA Y MEDIACIÓN DE LA VIOLENCIA FAMILIAR:

Ya se ha mencionado en mas de una oportunidad que en la etiología de la violencia actúan simultánea e interdependientemente factores de índole cultural, familiar e individual, razón por la que se convierte en un fenómeno complejo. Sin embargo, existen ciertas distinciones en el caso a caso, relativas al objetivo del acto violento y al tipo de relaciones que se establecen entre las partes en conflicto. La interacción de ambos elementos permitirá una visión más integral de la violencia.
En el contexto Interaccional de las pautas simétrica y complementaria podrían presentarse casos de violencia o también nombradas mas arriba como violencia castigo y casos con violencia o también llamadas anteriormente como de violencia agresión.
En aquellos casos de violencia existe un evidente desequilibrio de poderes, generalmente una de las partes busca imponerse por la fuerza, mientras que la otra asume una actitud de sumisión y pasividad que la perpetua. La violencia se encuentra arraigada en la pauta Interaccional, principalmente, de tipo complementaria y es silenciada, ya que los actores no están conscientes de sus consecuencias. En este tipo de relaciones es donde mayormente resultan las intervenciones terapéuticas sean estas en crisis o reparatorias, debido a que se ha perdido la igualdad, la confianza y el respeto entre las partes, ya que una actúa por temor a la reacción de la otra (dinámica dominio – sumisión). Por otra parte, tampoco existe el reconocimiento de la responsabilidad que cada uno tiene en la generación y mantención de la relación violenta y se realizan atribuciones externas en las cuales uno culpa al otro.
En los casos con violencia, los actores involucrados son capaces de reconocer su existencia, porque han logrado cierta concientización del daño que les ha producido. Es en estos casos donde la mediación ofrece la posibilidad de dialogar y de que las partes aprendan a posicionarse una en el lugar de la otra. El proceso de mediación no se focaliza en la conducta violenta, sino en la serie de aspectos que es necesario abordar (visitas, alimentos, bienes) para que la separación se realice en los mejores términos, como así también la mediación puede ser de utilidad cuando las partes desean utilizarla como herramienta para modificar sus pautas interaccionales destructivas sin que este trabajo sea de naturaleza terapéutica.
En el final de este apartado es necesario que sepamos que el trabajo con la mujer que vive la violencia al interior de su pareja sean estas violencia enmarcada en relaciones de tipo complementaria o simétricas implica actuar desde distintos ámbitos : legal, social y terapéutico. la importancia en un trabajo en esta situación implica plantear la necesidad de activar los recursos que posee la mujer, tanto aquellos provenientes de su medio natural e institucional como los recursos personales individuales, con el objeto de interrumpir la violencia.

VI. Conclusiones

A raíz de todo lo que se ha expuesto en el transcurso de estas paginas se considera relevante , en todo trabajo con la violencia considerar las ideologías creencias y mitos que subyacen en la dinámica de este fenómeno tanto en los sujetos que trabajan en este tema, las personas que sufren esta situación y la población en general, esto nos da la posibilidad de poder trabajar a nivel social en cuanto a la prevención y educación intentando a través de una democracia participativa construir espacios de participación que saque a la luz el tema de la violencia conyugal y esta deje de permanecer oculta e invisible.
En cuanto al trabajo terapéutico y de apoyo psicosocial es necesario un conocimiento mas profundo en cuanto las dinámicas y los procesos involucrados en la temática de la violencia. Situación que nos aleja de la posibilidad de no entender a la victima en cuanto a su situación vital presente y eventualmente generar una segunda victimización, en este sentido el entrenamiento y conocimiento de las propias creencias del facilitador social deben ser revisadas y trabajadas con el propósito de poder acompañar y apoyar a las personas que se encuentran inmersas en una dinámica relacional destructiva.
En cuanto a la posibilidad de mediar una situación de violencia los antecedentes nos dicen que en esta temática no toda la violencia puede ser mediada por tanto es necesario establecer y distinguir previo al proceso de mediación un diagnostico de las pautas interacciónales imperantes y el tipo de violencia existente en la pareja que posibilite el establecimiento de los objetivos en el proceso de mediación. Nuevamente es necesario conocer las propias creencias y juicios que pudieran, eventualmente actuar como obstaculizadores del proceso.
Por ultimo la violencia es un tema presente en nuestra sociedad y de alguna manera la construcción que realizo de este escrito es un indicativo de la cercanía y/o lejanía, de la comodidad o incomodidad, del conocimiento o ignorancia que tengo en torno al tema y de cuan conectado afectivamente estoy en relación a este.

VII. Bibliografía:

  • Corsi, Jorge (comp.), Maltrato y abuso en el ámbito doméstico. Buenos Aires, Editorial Paidós, 2003.
  • Ravazzola, María Cristina. Historias infames: los maltratos en las relaciones. Buenos Aires, Editorial Paidós, 1997.
  • Perrone, R. y Nannini, M.. Violencia y abusos sexuales en la familia. Un abordaje sistémico y comunicacional. Buenos Aires, Paidós Terapia Familiar, 1997.
  • Dptm de Psicología de Fac. Cs. sociales U de Chile. perspectiva psicosocialy jurídica de la violencia familiar 1994.
  • Uca silva y Ximena ahumada. sensibilización sobre la violencia intrafamiliar a carabineros de Chile Sernam,1994.
  • P. Watzlawick, J. Beavin Bavelas, D.D Jasón, Teoría de la Comunicación Humana Interacciones Patológicas y Paradójicas. Barcelona, Editorial Herder, 1981
  • Soledad Larrain Heiremans. Violencia Puertas Adentro; la mujer golpeada Santiago Chile editorial universitaria 1994.
  • www.undp.org/rblac/gender/campaign-spanish/chile.htm - 69k . Proyecto Regional RLA/97/014 Informes Nacionales sobre la Situación de la Violencia de Género contra las Mujeres INFORME NACIONAL CHILE 1999