CONSTRUCCION DE LA MASCULINIDAD

Por Gloria Peralta. En 2009-11-18 19:03:26 -0800
Categorías:
Es posible comprender el vínculo entre las relaciones de género y la construcción de la masculinidad hegemónica, una masculinidad dominante que no es otra cosa que toda la gama de conductas que aprende la mayoría de los hombres en el país. Se trata, en síntesis, de una masculinidad sexista, homofóbica, por lo general racista y, concretamente,
patriarcal.
Pero la comprensión de este vínculo requiere, como mínimo, de la voluntad de dejarnos confrontar por todos aquellos asuntos que nos resultan desagradables y no nos conviene analizar; asuntos que nos desafían a cambios radicales y a menudo dolorosos.
Porque hablar de la masculinidad hegemónica implica hablar de discriminación, de sexismo y de injusticia. No hacerlo equivaldría a hablar de cambios más no de revolución; o hablar sobre el aborto y "olvidar" mencionar a la iglesia
católica. Mi intención es motivar reflexiones en un campo en el que me considero todavía inexperta. Es por esto que, más que una receta sobre lo que personalmente considero que debería cambiar, compartiré con ustedes aprendizajes y reflexiones de varios hombres de otras sociedades comprometidos con la transformación de la masculinidad dominante.
Nuestra sociedad acepta intelectualmente los valores de igualdad, libertad y autonomía, que explícita o tácitamente están plasmados en la Constitución Política de la República. Estos valores, sin embargo, no se han traducido aún en comportamientos y políticas congruentes con tales conceptos. Y la más viva prueba de ello la encontramos en nuestra
propia casa, en la manera en que seguimos formando a niñas y niños.
Aunque se reconoce que las cosas están cambiando, un alto porcentaje de niñas y niños continúa aprendiendo, desde muy temprana edad, que "el mundo de la mujer es la casa y la casa del hombre es el mundo". De acuerdo con este guión socialmente determinado, los varones juegan a ver
quién es el más fuerte y audaz en ese mundo que es su casa; quién es el más hábil y valiente, el más capaz de desafiar las normas establecidas y salirse con la suya. Es decir, aprenden a jugar a "ser hombres" y se supone que todo ello afianza la masculinidad tal como nuestra sociedad
la percibe.A las niñas, por su lado, se les induce no a jugar a "ser mujeres" sino a jugar a "ser madres", y se les proveen los implementos necesarios -- muñecas, ollitas y planchas diminutas -- que les permiten desempeñar el papel que se les asigna para beneficio de la comunidad en su conjunto:
el de amas de casa, esposas y madres.
Como sociedad, no hemos aún analizado y apreciado, en toda su magnitud, el daño que causamos a niños y niñas a través del rígido acondicionamiento que les imponemos. Y es esa falta de análisis y apreciación lo que nos mantiene en un modelo de formación nocivo y potencialmente destructivo, pues es el producto de acciones y actitudes que, paradójicamente, niegan y contravienen otros valores vitales para la convivencia, como lo son la ética, la solidaridad, el reconocimiento
mutuo y el respeto a la vida, a la individualidad y a la diversidad humana.
Llegada cierta edad, a los varones les impedimos expresar ternura, cariño, tristeza o dolor, todas expresiones de humanidad, y les permitimos solamente la ira, la agresividad, la audacia, y también el placer, como muestras de la masculinidad ideal. Es así como construimos el "macho" castrado de su sensibilidad y en buena parte de su amor y con
un comportamiento caricaturesco en su agresividad.
En las niñas, por el contrario, reprimimos las manifestaciones de agresividad, de ira, y también de placer, y exaltamos las de ternura, dolor y sufrimiento. Es así como construimos la mujer "víctima", sufrida, abnegada, desprovista de audacia y caricaturizada en las
expresiones de tristeza y dolor.
Los hombres sienten tanto como las mujeres, pero aprenden a ocultar sus sentimientos, a través de un acondicionamiento potente y a menudo violento, desde los años formativos que determinan la conducta humana.
En algún momento de la historia -- seguramente hace unos siete mil años con el establecimiento del patriarcado -- se les robó a los hombres la posibilidad de la ternura, la expresión de sentimientos y la capacidad
de crianza, clasificándolos como "débiles" al tener alguna de estas características y, por tanto, Potencialmente "peligrosos" para la
formación de su descendencia.
El niño aprende rápidamente acerca de su género, y con ello se percata de que se convertirá en hombre. Y la forma en que los niños construyen sus ideas acerca de la masculinidad se ve complicada por un factor clave en la sociedad actual: la falta de padres.
Aunque el papel activo del padre es de crucial importancia para la formación del niño, muchos hogares carecen de una presencia paterna y, cuando sí la tienen, es común que ésta sea deficiente por diversas razones.
Hoy en día, padre e hijo comparten períodos de tiempo muy cortos, usualmente después de un arduo día de trabajo y con el padre en estado de agotamiento. Los hombres están en el campo, las fábricas u oficinas y los niños pasan cada vez más tiempo en la escuela, cuando tienen acceso a ella, o deambulan por las calles, sin orientación alguna,
cuando no asisten a clases. A esto se suman los altos grados de alcoholismo y violencia masculina en el hogar que profundizan las deficiencias en la función afectiva del padre. Todo ello implica que los niños tengan, como modelos, aspectos muy limitados de la conducta masculina, y no todo el espectro de la masculinidad y de lo que significa ser un verdadero hombre.
Es también notoria la falta de "hombres sabios" en nuestra sociedad, y más aún en la población ladina (astuta). "Hombres sabios" son aquellos que han aprendido acerca de sus propias profundidades, debilidades y fortalezas
y tienen la capacidad, el deseo y el compromiso de transmitir su aprendizaje y sabiduría a otros más jóvenes. Hay quienes afirman que sin "hombres sabios" la sociedad se devora a sí misma y que un joven es violento con otros y consigo mismo pues carece de un modelo integral de masculinidad y nunca llega a tener la orientación de un "hombre sabio".
También las escuelas juegan un papel de suma importancia en la construcción de la masculinidad. En las escuelas primarias, las mujeres constituyen el mayor porcentaje de docentes. Muchos niños, al igual que niñas, pasan por la primaria sin un solo hombre como maestro (hombre sabio).
Ante la separación física y emocional entre hombres y jóvenes, entre padre e hijo, es más difícil aprender el significado de la masculinidad. Sin embargo, todos los niños deben crecer y convertirse en hombres, porque no tienen otra opción, y lo aprenderán de una u otra forma. En nuestra sociedad son evidentes tres métodos de aprendizaje de
la masculinidad, y los tres son peligrosos.
En primer lugar: los niños comúnmente aprenden acerca de la masculinidad a través de los medios de comunicación. Un niño típico mira más televisión que a su padre. Dejando a un lado el potencial educativo positivo de la televisión, ésta usualmente presenta tres tipos de hombre: el deportista ultracompetitivo, el hombre violento o criminal y
el alcohólico o drogadicto.

Las imágenes percibidas por el niño son, entonces, de hombres agresivos, invulnerables, insensibles, emocionalmente cerrados y muy negligentes respecto a su bienestar personal. Y, como bien lo saben las maestras y los maestros, son éstas las conductas más evidentes en la escuela.
Simplemente no hay mucho de dónde los niños y los adolescentes puedan escoger, y tampoco ayuda el que estos modelos sean reforzados cotidianamente en los hogares y las comunidades.
La segunda fuente: de modelos de masculinidad viene del grupo de amigos. Los jóvenes pasan mucho más tiempo con muchachos de su edad que con hombres adultos. En estos grupos gana siempre el más agresivo y violento, el que más desafía la autoridad. Y es él quien termina dando el ejemplo de una masculinidad "exitosa", porque al final su conducta
consigue lo que pretende.

La tercera forma: en que los niños y los jóvenes aprenden acerca de la masculinidad es por reacción. Si los modelos de la televisión y del grupo de amigos son negativos, éste es potencialmente más dañino para la convivencia humana, ya que al no poder aprender sobre la masculinidad pues en la casa y la escuela está rodeado de mujeres, el niño llega a
interpretar el concepto de "masculino" como "no femenino".
El peligro particular en esta forma de aprendizaje de la masculinidad es que usualmente se acompaña del desarrollo de una actitud antagónica hacia las mujeres, de una cultura anti-mujer en la cual se degrada todo lo percibido como "femenino" y se evitan a cualquier costa cuestiones tales como mostrar emociones, cuidar de otras personas y del propio cuerpo, hablar sobre sentimientos, y también algo crucial para la
educación de los varones: ser buenos en la escuela. ( se debe observar la gran deserción escolar).
Lo que tienen en común estas tres formas de aprendizaje es que transmiten cotidianamente, a niños y jóvenes, una imagen altamente estereotipada, distorsionada y limitada de la masculinidad.
La identidad sexual que asume la mayoría de hombres responde a un guión socialmente determinado que exagera las conductas más asociadas con la masculinidad, entre las cuales destacan la indiferencia, la prepotencia, el falocentrismo, la obsesión por el orgasmo y también la multiplicidad
de parejas. La construcción de la masculinidad hegemónica está directamente vinculada con la adopción de prácticas temerarias y de graves riesgos (como en el caso de la actividad sexual, al rechazar el uso del preservativo para prevenir el SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual) y también el consumo de alcohol, que suele facilitar
la conducta sexual insegura. Y, por lo general, los campos de experimentación, los escenarios donde se actúa el guión masculino, son el cuerpo y la vida de las mujeres.
Aunque es cierto que tanto las mujeres como los hombres pierden por la asignación de rígidos papeles sociales basados en razones puramente biológicas, también lo es que siempre serán ellas quienes lleven la peor parte, pues son las mujeres a quienes se despoja de poder en la práctica
sexista que mantiene el poderío masculino.
En uno de sus artículos, el australiano Michael Flood señala que el sexismo y el feminismo podrían parecer relevantes sólo para las mujeres:”Después de todo, son las mujeres quienes adquieren menos empleos o promociones en el trabajo. Son ellas quienes están subrepresentadas en la política e invisibilizadas en el lenguaje. Y son ellas quienes más sufren el acoso, el abuso y la violación sexuales, y
cuyos cuerpos son continuamente cosificados en la pornografía y los medios de comunicación."
El poderío masculino se refleja, dolorosamente, en el hecho de que los hombres cometen alrededor del 90 por ciento de los crímenes violentos, incluyendo casi el 100 por ciento de las violaciones a mujeres, niños y niñas. La masculinidad aprendida(o mal aprendida) y también la heterosexualidad aprendida son factores cruciales que explican las diversas violaciones dentro del contexto del poderío masculino.
Pero más allá de estos despliegues individuales o grupales de brutalidad y opresión, se encuentra toda una estructura de poder: el patriarcado.
Vivimos en una sociedad que, al igual que muchas otras en el mundo, trabaja en función de los intereses de los hombres. En la mayoría de los casos, quienes dirigen las corporaciones, los departamentos gubernamentales y las universidades, son hombres que disponen las cosas
de tal forma que para las mujeres es sumamente difícil, cuando no imposible, ganar acceso a posiciones de alto nivel. Éste es sólo un
ejemplo de la naturaleza estructural del poder masculino, que a su vez da forma a las interacciones individuales entre hombres y mujeres.
En actividades mixtas, en las que se intenta analizar las
relaciones de género dentro del contexto del patriarcado, no es extraño que algún hombre afirme que si las mujeres tenemos a nuestro cargo la crianza de los hijos, somos nosotras las "culpables" del machismo. Al culparnos por la perpetuación del patriarcado, se olvida, antojadizamente, que el "no estar" es también una potente forma de enseñar la masculinidad. (Ya que el medio, la sociedad, la educación y la cultura, la familia, la iglesia) se encargan de ser celosas con esta construcción. (Agentes socializantes).
Es siempre mucho más fácil culpar a las mujeres cuando no se desea aceptar que la ausencia y la conducta del padre -- al igual que los comportamientos de muchos hombres en la comunidad -- son, de hecho, los modelos que absorbe el niño que debe aprender a ser hombre. Y es siempre mucho más fácil examinar las formas en que los hombres perciben que se les niega su pleno potencial que ver cuánto se benefician en áreas donde a otras personas se les niega el suyo.
A través de estos agentes socializantes, los hombres aprenden a ejercer poder sobre las mujeres, y este ejercicio incluye no escuchar la voz de las mujeres, subordinar los deseos y la voluntad de ellas a los suyos, y concentrarse en el cuerpo femenino como un objeto y una imagen y no como la expresión integral de una persona completa, consciente, con derechos y sentimientos. Y han aprendido también que su poder patriarcal es "natural" y que no puede ser cambiado, lo cual forma parte de la ideología del sexismo, que justifica
y legitima la opresión de las mujeres. Sin embargo, el poder patriarcal sí puede ser transformado en un modelo de convivencia más equitativo, y es a raíz de esta certeza que nace el llamado "movimiento de hombres".
Un cambio que también es compartido por hombres que se han atrevido a imaginar y vivir su masculinidad en formas no opresivas, ni para ellos mismos ni para otras personas; hombres que, a la vez de reconstruir radicalmente su
masculinidad, apoyan explícitamente las demandas de las mujeres ( especialmente en El Salvador).
Este movimiento a sido formado por hombres que han aceptado con profundo respeto las experiencias de las mujeres bajo la tiranía del machismo y que se han visto reflejados en esas experiencias al reconocer no sólo su papel de opresores, sino también el sufrimiento y los comportamientos autodestructivos por los que debieron pasar para acceder a la virilidad.

Estos hombres creen en la necesidad de reflexionar juntos y apoyarse mutuamente para superar las heridas causadas en sus vidas por el patriarcado. Pero también reconocen que en nuestras sociedades, dominadas por hombres, la experiencia masculina del dolor viene acompañada de un mecanismo de compensación: la posibilidad de confirmar su poder y dominio sobre quienes no son hombres (las mujeres), quienes
todavía no lo son o nunca lo serán (los niños y las niñas) y aquellos que no están conformes con las normas hegemónicas de la sexualidad masculina (los homosexuales).
Son hombres que han sabido apreciar la lógica humanitaria e incluyente en las propuestas que tantas mujeres alrededor del mundo han aportado a
la reflexión sobre las relaciones de poder entre los sexos. Admiten haber aprendido mucho de ellas y reconocen que los esfuerzos de los hombres por lograr cambios sociales sustanciales sólo podrán ser legítimos y efectivos si trabajan junto a las mujeres en pie de igualdad. Son hombres que han aceptado el desafío de ser más respetuosos y honestos pues saben que ello afianzará sus relaciones personales y permitirá que sus coaliciones políticas sean más sólidas.
Aquí voy a citar de nuevo a Michael Flood: "Los hombres ganamos mucho con el sexismo: tenemos alguien que cuida de nosotros, que cocina, lava y limpia para nosotros; que nos alimenta, nos consiente, nos alivia y nos halaga. Si el sexismo desapareciera, tendríamos que crecer y cuidar de
nosotros mismos. Y tendríamos que aceptar que, después de todo, no somos tan especiales como nos hemos creído."
Son ahora miles los hombres organizados en grupos en Canadá, Australia, Estados Unidos y Europa. En Australia, la organización MASA, que significa Hombres contra la Violencia Sexual, ha conseguido incidir, con su política profeminista, en la política social del país.

Bibliografía
Arndt, Bettina. "Renuentes al cambio" (Getting the act together).
Revista Manhood. Australia, 1996. Traducción de Laura E. Asturias.
Cardelle, Frank. "Cara a cara". Revista Uno Mismo, Vol. III, Nº 11,
1992.
Criquillion, Ana. "La cuestión masculina: ¿Otro problema femenino?"
Suplemento Vamos de Compras, Diario Prensa Libre (Guatemala),
16-XII-94. Originalmente publicado en la revista Mujer/Fempress
(Chile).
Flood, Michael. "Antisexismo cotidiano" (Everyday anti-sexism).
Revista XY: men, sex, politics. Australia, 1995. *
Flood, Michael. "La política del género" (The politics of gender).
Revista XY: men, sex, politics. Australia, 1995. *
Mérola, Giovanna. "Hombres y masculinidades". Revista mujer/fempress
(Chile) No. 183, enero de 1997.
Pease, Bob. "Política profeminista" (Pro-feminist politics). Revista
XY: men, sex, politics, 6(3). Australia, 1996. *
Sellars, Nick. "Subdividir y dominar" (Subdivide and rule). Revista
XY: men, sex, politics, 3(3). Australia, 1995. *
Stoessiger, Rex. "Las escuelas les fallan a los niños" (Schools failing
boys). Revista Manhood Online. Traducción: Laura E. Asturias.
Wadham, Ben. "Violencia masculina: ¿Un mito?" (The myth of male
violence?). Revista XY: men, sex, politics, 6(1). Australia, 1996. *
Wildwood, Dez. "Abuso sexual de hombres y niños" (Sexual abuse of men and boys). Revista XY: men, sex, politics. Australia, 1995.
* Traducido y reimpreso por Laura E. Asturias con autorización de
Michael Flood, editor de la revista XY: men, sex, politics.