Psicoanálisis Existencial

Por clbustos. En 2007-07-31 14:33:42 -0700

Informe realizado por Claudio Ortega Jorquera (2002)

Indice

Primera Parte

INTRODUCCIÓN

El existencialismo y el Psicoanálisis surgieron de la misma situación cultural. Ambos buscan entender la ansiedad, desesperación y enajenación que las personas sienten por sí mismas y por la sociedad.

Durante la última mitad del siglo XIX hubo una tendencia fuerte a darle prioridad a la máquina sobre la persona, pensando en los individuos en términos del sistema industrial para el que trabajaban. Esta segmentación de la cultura tuvo una contraparte psicológica en la represión extrema dentro del individuo. Fue la gran habilidad de Freud la que habló del problema de la represión y ayudó a curarlo. Sin embargo, el asunto era más profundo que la represión neurótica en el individuo. Kierkegaard, Nietzsche y otros precursores de la perspectiva existencialista previeron que las fuerzas de la desintegración estaban destruyendo forma gradual la vida emocional y espiritual internas de la persona y conduciendo a la desesperación y enajenación últimas del yo y de la sociedad.

Bárbara Engler, Introducción a las Teorías de la Personalidad, capitulo 14, editorial McGraw-Hill, México.

CONTEXTO HISTÓRICO

El psicoanálisis comienza con Freud y la historia de Freud, como la mayoría de las historias de otras personas, empieza a partir de otros. En esta ocasión fueron su mentor y amigo, Dr. Joseph Breuer y la paciente de éste, Anna O.

Anna O. Fue paciente de Breuer desde 1880 hasta 1882. Con 21 años de edad, Anna invirtió la mayoría de su tiempo cuidando de su padre enfermo, desarrollando una tos importante que no tenía una explicación física, así como dificultades para hablar, que finalizaron en un mutismo completo, seguido de expresiones sólo en inglés, en vez de su lengua natal, el alemán.

Cuando su padre falleció, la paciente empezó a rechazar la comida y desarrolló una serie inusual y extraña de síntomas. Perdió la sensibilidad en las manos y pies, parálisis parciales y espasmos involuntarios. También presentaba alucinaciones visuales y visión de túnel. Toda vez que los médicos examinaban a Anna para estudiar estos síntomas que parecían físicos, no encontraban ninguna causa física demostrable.

Además de estos síntomas, por si no fuera poco, presentaba fantasías infantiloides, cambios dramáticos de humor y varios intentos de suicidio. El diagnóstico de Breuer fue de lo que se llamaba en aquel momento histeria (hoy, trastorno de conversión), lo que significaba que tenía síntomas que parecían físicos, pero no lo eran.

En las noches, Anna se sumía en unos estados de "hipnosis espontánea", tal y como Breuer les llamó, a los que la propia paciente designó "nubes". (Anna tenía una formación intelectual alta y era una mujer muy preparada; así que no es de extrañar que ella utilizase términos muy precisos, incluso técnicos para designar algunos de sus estados, como en el caso de los estados hipnoides, llamándoles nubes. Breuer se dio cuenta de que, a pesar de estos estados de trance, la paciente podía hablar de sus fantasías diurnas y de otras experiencias, sintiéndose mejor posteriormente. Anna llamó a estos episodios "limpieza de chimenea" y "la cura por la palabra".

En algunas ocasiones, durante la "limpieza de chimenea", Anna proporcionaba algunos datos que daban comprensión particular a algunos de sus síntomas. El primer dato sobrevino justo después de negarse a ingerir agua durante un tiempo: recordaba ver a una mujer bebiendo agua de un vaso que un perro había lamido antes. Cuando recordaba esta imagen, se disgustaba y le sobrevenía una sensación intensa de asco…solo para inmediatamente después ¡beberse el vaso de agua!. En otras palabras, su síntoma (la hidrofobia) desaparecía tan pronto se verbalizaba y se sentía la sensación particular de asco; es decir, la base del síntoma. Breuer llamó catarsis, del griego referido a "limpieza", a estos estados de recuperación espontánea.

11 años más tarde, Breuer y su asistente, Sigmund Freud, escribieron un libro sobre la histeria, donde explicaban su teoría. Toda histeria es el resultado de una experiencia traumática que no puede aceptarse en los valores y comprensión del mundo de una persona. Las emociones asociadas al trauma no se expresan de manera directa, simplemente se evaporan: se expresan a través de la conducta de forma vaga, imprecisa. Por decirlo de otra manera, estos síntomas tienen significado. Cuando el paciente puede llegar a comprender el origen de sus síntomas (a través de la hipnosis, por ejemplo), entonces se liberan las emociones reprimidas por lo que no necesitan expresarse a través de ellos. Es similar a drenar una infección local.

De esta manera, Anna fue poco a poco mejorando de sus síntomas. Pero, es importante señalar que ella no podía hacerlo sin Breuer: mientras se encontraba en sus estados hipnóticos, necesitaba tener las manos de Breuer con ella, y desafortunadamente, surgieron nuevos problemas.

De acuerdo con Freud, Breuer reconoció que la paciente se había enamorado de él y además él también se sentía atraído por ella. Además, la paciente le comentaba a todo el mundo que estaba embarazada de Breuer. Se podría decir que ella le deseaba tanto que su mente le dijo a su cuerpo que esto era cierto, desarrollando un embarazo histérico (hoy llamado pseudociesis o embarazo psicológico. Breuer, un hombre casado en la época victoriana, abandonó abruptamente las sesiones y perdió todo interés en la histeria.

Fue Freud quien posteriormente retomó lo que Breuer no había reconocido abiertamente; es decir, en el fondo de todas estas neurosis histéricas yacía un deseo sexual.

Con respecto a la evolución de Anna, ésta pasó gran parte del tiempo restante en un sanatorio. Más tarde, se convirtió en una figura muy respetada y activa (la primera mujer asistente social de Alemania) bajo su nombre propio: Bertha Pappenheim. Murió en 1936. Anna será siempre recordada, no solo por sus propios logros, sino como la inspiración de la teoría de la personalidad más influyente que hayamos conocido.

Con respecto al existencialismo, como movimiento filosófico y literario, pertenece a los siglos XIX y XX, pero se pueden encontrar elementos de existencialismo en el pensamiento (y vida) de Sócrates, en la Biblia y en la obra de muchos filósofos y escritores premodernos.

El existencialismo comienza con la existencia personal. Se pregunta "¿Qué significa ser un yo?" cuestiona el propósito y naturaleza de la existencia.

El primero que anticipó las principales inquietudes del existencialismo moderno fue el filósofo francés del siglo XVII Blaise Pascal. Pascal rechazó el vigoroso racionalismo de su contemporáneo René Descartes, afirmando en sus Pensées (Pensamientos, 1670) que una filosofía sistemática que se considera capaz de explicar a Dios y la humanidad representa una forma de orgullo. Al igual que los escritores existencialistas posteriores, contempló la vida humana en términos de paradojas: la personalidad humana, que combina mente y cuerpo, es en sí misma paradoja y contradicción.

Kierkegaard, considerado como el fundador del existencialismo moderno, reaccionó contra el idealismo absoluto sistemático del filósofo alemán del siglo XIX Georg Wilhelm Friedrich Hegel, que afirmó haber encontrado un entendimiento racional total de la humanidad y de la historia. Kierkegaard, por el contrario, resaltó la ambigüedad y lo absurdo de la situación humana. La respuesta individual a esta situación tiene que ser vivir una existencia comprometida por completo, y este compromiso sólo puede ser entendido por el individuo que lo asume. El individuo, por lo tanto, tiene que estar siempre dispuesto para desafiar las normas de la sociedad en nombre de la mayor autoridad de un tipo de vida auténtica en el orden personal. Kierkegaard abogó por un "cambio de fe" en el modo de vida cristiano que, aunque incomprensible y lleno de riesgos, era el único compromiso que, según creía, podía salvar al individuo de la desesperación.

Nietzsche, que no conocía el trabajo de Kierkegaard, transformó el pensamiento existencialista posterior a través de su crítica de las tradicionales suposiciones metafísicas y morales, y su adopción del pesimismo trágico y de la voluntad individual afirmadora de la vida que la opone a la conformidad moral de la mayoría. En oposición a Kierkegaard, cuyo ataque a la moral convencional le llevó a defender un cristianismo radical e independiente, Nietzsche proclamó la "muerte de Dios" y rechazó toda la tradición moral judeocristiana en favor de los heroicos ideales paganos.

Heidegger, al igual que Pascal y Kierkegaard, reaccionó en contra del intento de fundamentar la filosofía sobre una base conclusiva racionalista, en este caso la fenomenología del filósofo alemán del siglo XX Edmund Husserl. Heidegger afirmó que la humanidad se encuentra en un mundo incomprensible e indiferente. Los seres humanos no pueden esperar comprender por qué están aquí; en su lugar, cada individuo ha de elegir una meta y seguirla con apasionada convicción, consciente de la certidumbre de la muerte y del sin sentido último de la vida propia. Heidegger contribuyó al pensamiento existencialista al poner el énfasis en el ser y la ontología tanto como en el lenguaje.

Sartre fue el primero en dar al término existencialismo un uso masivo al utilizarlo para identificar su propia filosofía y ser el principal representante de un movimiento distinto en Francia que fue influyente a escala internacional después de la II Guerra Mundial. La filosofía de Sartre es atea y pesimista de una forma explícita; declaró que los seres humanos necesitan una base racional para sus vidas pero son incapaces de conseguirla y, por ello, la existencia de los hombres es "pasión inútil". No obstante, Sartre insistió en que el existencialismo es una forma de humanismo y resaltó la libertad, elección y responsabilidad humana. Con gran refinamiento literario, intentó reconciliar esos conceptos existencialistas con un análisis marxista de la sociedad y de la historia.

MARCO TEÓRICO

PSICOANÁLISIS

Freud no inventó exactamente el concepto de mente consciente versus mente inconsciente, pero desde luego lo hizo popular. La mente consciente es todo aquello de lo que nos damos cuenta en un momento particular: las percepciones presentes, memorias, pensamientos, fantasías y sentimientos. Cuando trabajamos muy centrados en estos apartados es lo que Freud llamó preconsciente, algo que hoy llamaríamos "memoria disponible": se refiere a todo aquello que somos capaces de recordar; aquellos recuerdos que no están disponibles en el momento, pero que somos capaces de traer a la consciencia. Actualmente, nadie tiene problemas con estas dos capas de la mente, aunque Freud sugirió que las mismas constituían solo pequeñas partes de la misma.

La parte más grande estaba formada por el inconsciente e incluía todas aquellas cosas que no son accesibles a nuestra consciencia, incluyendo muchas que se habían originado allí, tales como nuestros impulsos o instintos, así como otras que no podíamos tolerar en nuestra mente consciente, tales como las emociones asociadas a los traumas.

De acuerdo con Freud, el inconsciente es la fuente de nuestras motivaciones, ya sean simples deseos de comida o sexo, compulsiones neuróticas o los motivos de un artista o científico. Además, tenemos una tendencia a negar o resistir estas motivaciones de su percepción consciente, de manera que solo son observables de forma disfrazada.

El Ello, el Yo y el Superyó

La realidad psicológica freudiana empieza con el mundo lleno de objetos. Entre ellos, hay uno especial: el cuerpo. El cuerpo (Nos referiremos a cuerpo como vocablo para traducir "organism"), es especial en tanto actúa para sobrevivir y reproducirse y está guiado a estos fines por sus necesidades (hambre, sed, evitación del dolor y sexo).

Una parte (muy importante, por cierto) del cuerpo lo constituye el sistema nervioso, del que una de sus características más prevalentes es la sensibilidad que posee ante las necesidades corporales. En el nacimiento, este sistema es poco más o menos como el de cualquier animal, una "cosa", o más bien, el Ello. El sistema nervioso como Ello, traduce las necesidades del cuerpo a fuerzas motivacionales llamadas Pulsiones (en alemán "Triebe"). Freud también los llamó deseos. Esta traslación de necesidad a deseo es lo que se ha dado a conocer como proceso primario.

El Ello tiene el trabajo particular de preservar el principio de placer, el cual puede entenderse como una demanda de atender de forma inmediata las necesidades. Imagínese por ejemplo a un bebé hambriento en plena rabieta. No "sabe" lo que quiere, en un sentido adulto, pero "sabe" que lo quiere…¡ahora mismo!. El bebé, según la concepción freudiana, es puro, o casi puro Ello. Y el Ello no es más que la representación psíquica de lo biológico.

Pero, aunque el Ello y la necesidad de comida puedan satisfacerse a través de la imagen de un filete jugoso, al cuerpo no le ocurre lo mismo. A partir de aquí, la necesidad sólo se hace más grande y los deseos se mantienen aún más. Usted se habrá percatado de que cuando no ha satisfecho una necesidad, como la de comer por ejemplo, ésta empieza a demandar cada vez más su atención, hasta que llega un momento en que no se puede pensar en otra cosa. Este sería el deseo irrumpiendo en la consciencia.

Menos mal que existe una pequeña porción de la mente a la que nos referimos antes, el consciente, que está agarrado a la realidad a través de los sentidos. Alrededor de esta consciencia, algo de lo que era "cosa" se va convirtiendo en Yo en el primer año de vida del niño. El Yo se apoya en la realidad a través de su consciencia, buscando objetos para satisfacer los deseos que el Ello ha creado para representar las necesidades orgánicas. Esta actividad de búsqueda de soluciones es llamada proceso secundario.

El Yo, a diferencia del Ello, funciona de acuerdo con el principio de realidad, el cual estipula que se "satisfaga una necesidad tan pronto haya un objeto disponible". Representa la realidad y hasta cierto punto, la razón.

No obstante, aunque el Yo se las ingenia para mantener contento al Ello (y finalmente al cuerpo), se encuentra con obstáculos en el mundo externo. En ocasiones se encuentra con objetos que ayudan a conseguir las metas. Pero el Yo capta y guarda celosamente todas estas ayudas y obstáculos, especialmente aquellas gratificaciones y castigos que obtiene de los dos objetos más importantes del mundo de un niño: mamá y papá. Este registro de cosas a evitar y estrategias para conseguir es lo que se convertirá en Superyó. Esta instancia no se completa hasta los siete años de edad y en algunas personas nunca se estructurará.

Hay dos aspectos del Superyó: uno es la consciencia, constituida por la internalización de los castigos y advertencias. El otro es llamado el Ideal del Yo, el cual deriva de las recompensas y modelos positivos presentados al niño. La consciencia y el Ideal del Yo comunican sus requerimientos al Yo con sentimientos como el orgullo, la vergüenza y la culpa.

Es como si en la niñez hubiésemos adquirido un nuevo conjunto de necesidades y de deseos acompañantes, esta vez de naturaleza más social que biológica. Pero, por desgracia, estos nuevos deseos pueden establecer un conflicto con los deseos del Ello. Ya ve, el Superyó representaría la sociedad, y la sociedad pocas veces satisface sus necesidades.

Topolog a freudiana

Pulsiones de Vida y Pulsión de Muerte

Freud consideró que todo el comportamiento humano estaba motivado por las Pulsiones, las cuales no son más que las representaciones neurológicas de las necesidades físicas. Al principio se refirió a ellas como Pulsiones de vida. Estas Pulsiones perpetúan (a) la vida del sujeto, motivándole a buscar comida y agua y (b) la vida de la especie, motivándole a buscar sexo. La energía motivacional de estas Pulsiones de vida, el "oomph" que impulsa nuestro psiquismo, les llamó libido, a partir del latín significante de "yo deseo".

La experiencia clínica de Freud le llevó a considerar el sexo como una necesidad mucho más importante que otras en la dinámica de la psiquis. Somos, después de todo, criaturas sociales y el sexo es la mayor de las necesidades sociales. Pero, aunque debemos recordar que cuando Freud hablaba de sexo, hablaba de mucho más que solo el coito, la libido se ha considerado como la Pulsión sexual.

Más tarde en su vida, Freud empezó a creer que las Pulsiones de vida no explicaban toda la historia. La libido es una cosa viviente; el principio de placer nos mantiene en constante movimiento. Y la finalidad de todo este movimiento es lograr la quietud, estar satisfecho, estar en paz, no tener más necesidades. Se podría decir que la meta de la vida, bajo este supuesto, es la muerte. Freud empezó a considerar que "debajo" o "a un lado" de las Pulsiones de vida había una Pulsión de muerte. Empezó a defender la idea de que cada persona tiene una necesidad inconsciente de morir.

Parece una idea extraña en principio, y desde luego fue rechazada por muchos de sus estudiantes, pero creemos que tiene cierta base en la experiencia: la vida puede ser un proceso bastante doloroso y agotador. Para la gran mayoría de las personas existe más dolor que placer, algo, por cierto, que nos cuesta trabajo admitir. La muerte promete la liberación del conflicto.

Freud se refirió a esto como el principio de Nirvana. Nirvana es una idea budista usualmente traducida como "Cielo", aunque su significado literal es "soplido que agota", como cuando la llama de una vela se apaga suavemente por un soplido. Se refiere a la no-existencia, a la nada, al vacío; lo que constituye la meta de toda vida en la filosofía budista.

La evidencia cotidiana de la Pulsión de muerte y su principio de nirvana está en nuestro deseo de paz, de escapar a la estimulación, en nuestra atracción por el alcohol y los narcóticos, en nuestra propensión a actividades de aislamiento, como cuando nos perdemos en un libro o una película y en nuestra apetencia por el descanso y el sueño. En ocasiones esta Pulsión se representa de forma más directa como el suicidio y los deseos de suicidio. Y en otros momentos, tal y como Freud decía, en la agresión, crueldad, asesinato y destructividad.

Ansiedad

Una vez, Freud dijo: "la vida no es fácil".

El Yo está justo en el centro de grandes fuerzas; la realidad, la sociedad, está representada por el Superyó; la biología está representada por el Ello. Cuando estas dos instancias establecen un conflicto sobre el pobre Yo, es comprensible que uno se sienta amenazado, abrumado y en una situación que parece que se le va a caer el cielo encima. Este sentimiento es llamado ansiedad y se considera como una señal del Yo que traduce sobrevivencia y cuando concierne a todo el cuerpo se considera como una señal de que el mismo está en peligro.

Freud habló de tres tipos de ansiedades: la primera es la ansiedad de realidad, la cual puede llamarse en términos coloquiales como miedo. De hecho, Freud habló específicamente de la palabra miedo, pero sus traductores consideraron la palabra como muy mundana. Podríamos entonces decir que si uno está en un pozo lleno de serpientes venenosas, uno experimentará una ansiedad de realidad.

La segunda es la ansiedad moral y se refiere a lo que sentimos cuando el peligro no proviene del mundo externo, sino del mundo social interiorizado del Superyó. Es otra terminología para hablar de la culpa, vergüenza y el miedo al castigo.

La última es la ansiedad neurótica. Esta consiste en el miedo a sentirse abrumado por los impulsos del Ello. Si en alguna ocasión usted ha sentido como si fuésemos a perder el control, su raciocinio o incluso su mente, está experimentando este tipo de ansiedad.

"Neurótico" es la traducción literal del latín que significa nervioso, por tanto podríamos llamar a este tipo de ansiedad, ansiedad nerviosa. Es este el tipo de ansiedad que más interesó a Freud y nosotros le llamamos simple y llanamente ansiedad.

Ahora veamos la corriente filosófica que abriga a este trabajo investigativo:

EL EXISTENCIALISMO

El nombre existencialismo proviene del latín exsistere, que significa "sobresalir" o "surgir", y el enfoque existencial se centra en el ser humano, en la forma en que está surgiendo y transformándose.

Movimiento filosófico que resalta el papel crucial de la existencia, de la libertad y la elección individual, que gozó de gran influencia en distintos escritores de los siglos XIX y XX.

Temas principales

Debido a la diversidad de posiciones que se asocian al existencialismo, el término no puede ser definido con precisión. Se pueden identificar, sin embargo, algunos temas comunes a todos los escritores existencialistas. El término en sí mismo sugiere un tema principal: el énfasis puesto en la existencia individual concreta y, en consecuencia, en la subjetividad, la libertad individual y los conflictos de la elección.

La mayoría de los filósofos desde Platón han mantenido que el bien ético más elevado es el mismo para todos: en la medida en que uno se acerca de la perfección moral, se parece a los demás individuos perfectos en el plano moral. El filósofo danés del siglo XIX Sören Kierkegaard, el primer escritor que se calificó de existencialista, reaccionó contra esta tradición al insistir en que el bien más elevado para el individuo es encontrar su propia y única vocación. Como escribió en su diario: "Tengo que encontrar una verdad que sea verdadera para mí… la idea por la que pueda vivir o morir".

Otros escritores existencialistas se han hecho eco de la creencia de Kierkegaard de que uno ha de elegir el camino propio sin la ayuda de modelos universales, objetivos. En contra de la idea tradicional de que la elección moral implica un juicio objetivo sobre el bien y el mal, los existencialistas han afirmado que no se puede encontrar ninguna base objetiva, racional, para defender las decisiones morales. El filósofo alemán del siglo XIX Friedrich Nietzsche sostuvo que el individuo tiene que decidir qué situaciones deben ser consideradas como situaciones morales.

Todos los existencialistas han seguido a Kierkegaard al resaltar la importancia de la acción individual apasionada al decidir sobre la moral y la verdad. Han insistido, por tanto, en que la experiencia personal y actuar según las convicciones propias son factores esenciales para llegar a la verdad. Así, la comprensión de una situación por parte de alguien que está comprometido en esa situación es más alta que la del observador indiferente, (objetivo). Este énfasis puesto en la perspectiva del agente individual ha hecho que los existencialistas sean "suspicaces" respecto al razonamiento sistemático. Kierkegaard, Nietzsche y otros escritores existencialistas fueron, de un modo intencionado, no sistemáticos en la exposición de sus filosofías y prefirieron expresarse mediante aforismos, diálogos, parábolas y otras formas literarias. A pesar de su posición antirracionalista de partida, no se puede decir que la mayoría de los existencialistas fueran irracionales en el sentido de negar toda validez al pensamiento racional. Han mantenido que la claridad racional es deseable allí donde sea posible, pero que las materias más importantes de la vida no son accesibles a la razón o a la ciencia. Además, han sostenido que incluso la ciencia no es tan racional como se supone. Nietzsche, por ejemplo, afirmó que la visión científica de un universo ordenado es para la mayoría una ficción práctica, una entelequia.

Tal vez el tema más destacado en la filosofía existencialista es el de la elección. La primera característica del ser humano, según la mayoría de los existencialistas, es la libertad para elegir. Los existencialistas mantienen que los seres humanos no tienen una naturaleza inmutable, o esencia, como tienen otros animales o plantas; cada ser humano hace elecciones que conforman su propia naturaleza. Según la formulación del filósofo francés del siglo XX Jean-Paul Sartre, la existencia precede a la esencia. La elección es, por lo tanto, fundamental en la existencia humana y es ineludible; incluso la negativa a elegir implica ya una elección. La libertad de elección conlleva compromiso y responsabilidad. Los existencialistas han mantenido que, como los individuos son libres de escoger su propio camino, tienen que aceptar el riesgo y la responsabilidad de seguir su compromiso dondequiera que les lleve.

Kierkegaard mantenía que es crucial para el espíritu reconocer que uno tiene miedo no sólo de objetos específicos sino también un sentimiento de aprehensión general, que llamó temor. Lo interpretó como la forma que tenía Dios de pedir a cada individuo un compromiso para adoptar un tipo de vida personal válido. La palabra angustia posee un papel decisivo similar en el trabajo del filósofo alemán del siglo XX Martin Heidegger; la angustia lleva a la confrontación del individuo con la nada y con la imposibilidad de encontrar una justificación última para la elección que la persona tiene que hacer. En la filosofía de Sartre, la palabra náusea se utiliza para el reconocimiento que realiza el individuo de la contingencia del universo, y la palabra angustia para el reconocimiento de la libertad total de elección a la que hace frente el hombre en cada momento.

La actitud Existencial

En el pasado, la filosofía occidental ha buscado por tradición la esencia del ser, los principios y leyes inmutables que se cree gobiernan la existencia. Las matemáticas son la forma más pura de este enfoque. En al Psicología, la actitud esencialista se expresa en el esfuerzo por entender a los seres humanos en términos de fuerzas, impulsos y reflejos condicionados. Los existencialistas sostienen que una ley puede ser escrita y aún así no ser real. "Dos unicornios más otros dos unicornio es igual a cuatro unicornios" es una afirmación lógica verdadera pero no habla de nada que sea real.

El existencialismo busca salvar la brecha entre lo que es cierto de manera abstracta y lo que es real de modo existencial.

La actitud existencial puede ser una postura desconcertante que desafía una definición simple.

Los existencialistas sugieren que no hay verdad o realidad para nosotros como seres humanos excepto en la medida en que participamos en ella, somos conscientes de ella y tenemos alguna relación con esta realidad.

El conocimiento no es un hecho del pensamiento sino un acto del hacer. Los existencialistas no necesariamente descartan las esencias, pero "la existencia precede a la esencia". En otras palabras no se niega la validez de conceptos tales como el condicionamiento o los impulsos; tan sólo se señala que no se puede denominar de manera adecuada a una persona con esa base, debido a que al intentarlo se termina hablando de abstracciones en vez de la persona viviente. Está bien tener conceptos, pero se debe reconocer que sólo son herramientas y no sustitutos de la persona viviente. Por tanto, cuando se usan conceptos, se debe dejar claro que se están abstrayendo de la persona viviente y que no se está hablando acerca del individuo real.

El enfoque existencialista no es anticientífico. Surge de un deseo de ser más empírico (y no menos), pero exhorta a una mayor amplitud de la metodología científica.

Contrarios al enfoque convencional del científico en el que lo más complejo es explicado por lo más simple, los existencialistas creen que un enfoque reduccionista es erróneo y que lo "más simple puede ser entendido y explicado sólo en términos de lo más complejo" ( May, 1969). Cuando surge un nivel nuevo de complejidad, se vuelve crucial para el entendimiento de las formas que lo precedieron. Lo que hace ser caballo a este animal no es lo que comparte con los organismos de los que evolucionó, sino lo que constituye su "caballosidad" distintiva.

La ciencia, por consiguiente, debe buscar las características que distingan a lo que está tratando de entender, a saber, el ser humano.

La perspectiva existencialista lleva la investigación a un nivel más profundo para observar la estructura en la que están arraigados esos conceptos. Busca desarrollar una ciencia empírica que atienda el conjunto del conocimiento de lo que significa ser humano. Como tal, busca la unidad de la persona antes que cualquier división entre sujeto contra objeto, cuerpo contra mente, naturaleza contra crianza, o cualquier otra dimensión conceptual "uno y otro". Se pregunta lo que significa ser y existir bajo estas condiciones psicológicas, culturales e históricas particulares.

Segunda Parte

INTRODUCCIÓN

El existencialismo y el Psicoanálisis surgieron de la misma situación cultural. Ambos buscan entender la ansiedad, desesperación y enajenación que las personas sienten por sí mismas y por la sociedad.

Durante la última mitad del siglo XIX hubo una tendencia fuerte a darle prioridad a la máquina sobre la persona, pensando en los individuos en términos del sistema industrial para el que trabajaban. Esta segmentación de la cultura tuvo una contraparte psicológica en la represión extrema dentro del individuo. Fue la gran habilidad de Freud la que habló del problema de la represión y ayudó a curarlo. Sin embargo, el asunto era más profundo que la represión neurótica en el individuo. Kierkegaard, Nietzsche y otros precursores de la perspectiva existencialista previeron que las fuerzas de la desintegración estaban destruyendo forma gradual la vida emocional y espiritual internas de la persona y conduciendo a la desesperación y enajenación últimas del yo y de la sociedad.

Bárbara Engler, Introducción a las Teorías de la Personalidad, capitulo 14, editorial McGraw-Hill, México.

CONTEXTO HISTÓRICO

El Psicoanálisis antes del Psicoanálisis.

El psicoanálisis no surgió de manera espontanea, si no que fue tomando forma a partir de ciertas ideas ya establecidas y aterrizadas en el terreno de la ciencia. Tuvo diversas influencias, entre ellas, se pueden destacar dos clases importantes: Por una parte la tradición intelectual, por otra, un conjunto de influencias personales más directas que hicieron huella en el genio creador del psicoanálisis; Sigmund Freud.

Dentro de la tradición intelectual, podemos hablar de Leibniz, quien elaboró una teoría sobre los elementos de la realidad, denominando mónadas a los elementos de ésta, como centros de energía. Cada uno de esos centros era independiente de los otros, y tenía en sí una fuente de impulsos. Podía considerase la mónada como un centro de motivación.

Leibniz también señaló el inconsciente y los grados de conciencia, y un siglo después, Herbart, otro autor, retomó algunas de estas ideas y elaboró una matemática del conflicto que se da entre las ideas cuando luchan por hacerse conscientes. He aquí el primer antecedente: No fue Freud el primero en hablar de un "inconsciente", pero sí el primero en detallarlo de una manera tan extensa.

También podemos mencionar a Schopenhauer, quien formuló la idea de "represión en el inconsciente" y la de resistencia a reconocer ese material reprimido. (Marx M. H., 1989).

Dentro de las influencias personales directas, puedo mencionar un poema llamado "Naturaleza", escrito por Goethe, que fue inspirador para que Freud eligiera una carrera científica, que sobre todo, explicara los contextos no explorados aún dentro de la naturaleza del ser humano, como lo es la mente, uno de los pasajes de poemas de Goethe se convirtió en el lema personal de Freud y dice: "Nos introducís en la vida y dejáis que el desdichado llegue a ser deudor"

(Freud, 1966).

Freud estudió en la escuela mecanicista de Helmholtz, teniendo como mentor a Ernst Brücke, con quien mantuvo una relación estrecha y duradera en el Instituto Fisiológico de Viena. Esto influyó en Freud para que formulara su propia versión de la determinación de la conducta humana: el determinismo psíquico. Otro personaje que influyó en las ideas de Freud, fue Chales Darwin, reforzando su determinismo durante su estudio en la carrera médica. Freud planteó una perspectiva biológica del ser humano de acuerdo con el punto de vista de Darwin, y muchas ideas surgen directamente de la teoría evolucionista, por ejemplo, el instinto de muerte debido a especulaciones del origen de la vida. Una influencia de Darwin más directa, es la importancia casi exclusiva de la sexualidad, que para los evolucionistas, es reproducción y sobre vivencia de la especie.

La religión judía de Freud incluye muchos componentes místicos, que atribuyen en sus escritos un significado místico al sexo. El interés de Sigmund Freud por la intensidad de la estimulación, la entergía mental y el concepto topográfico de la mente, se relaciona también con los trabajos previos realizados por Gustav Fechner.

Surgimiento del Psicoanálisis.

Josef Breuer, un fisiólogo dedicado a los problemas mentales, fue amigo y mentor de Sigmund Freud. Trabajaron juntos en varias ocasiones, y dentro de este trabajo, hubo uno en especial que dio una gran influencia a Freud para realizar la teoría psicoanalítica: El caso de Anna O.

Este trabajo fue publicado en 1895, pero realizado trece años antes.

De este caso surgieron muchos conceptos que actualmente son lenguaje oficial del Psicoanálisis, tales como la catarsis. La catarsis es en sí, el desahogo de emociones a través de algún medio de auto expresión, siendo el mejor medio la discusión.

Puedo señalar, desde la descripción del propio Freud, el método que utilizaba Breuer:

"Recordaremos tan sólo su principio fundamental, que hacía depender los síntomas de los histéricos de escenas impresionantes, pero olvidadas de su vida (traumas): la terapia fundada en este principio consistente en hacer que el paciente recordase, y reprodujese tales sucesos en la hipnosis (catarsis), y la teoría, consiguientemente deducida, de que tales síntomas correspondían al empleo anormal de magnitudes de excitación no derivadas (convesión).(Freud, 1893).

Freud se separó de Breuer por unos años al conseguir una beca en el año de 1885 para estudiar en París. Estudió con Charcot, un famoso hipnotizador, maestro, y autoridad en las cuestiones de Histeria.

Desde el otoño de 1887, comenzó a aplicar el tratamiento hipnótico, y a partir de la primavera de 1889 empleó sistemáticamente el hipnotismo para la exploración de sus pacientes, además en el verano del mismo año, viajó a Nancy para contemplar su experiencia clínica junto a Bernheim, al punto que también el interés de Breuer por este tema volvió a ser estimulado por la dedicación que él mismo había despertado en Freud.

Ya en 1895, se publicó los "Estudios sobre la Histeria" (Freud, 1893-5),

Obra que marcó el comienzo de la escuela psicoanalítica.

La actitud Existencial

En el pasado, la filosofía occidental ha buscado por tradición la esencia del ser, los principios y leyes inmutables que se cree gobiernan la existencia. Las matemáticas son la forma más pura de este enfoque. En al Psicología, la actitud esencialista se expresa en el esfuerzo por entender a los seres humanos en términos de fuerzas, impulsos y reflejos condicionados. Los existencialistas sostienen que una ley puede ser escrita y aún así no ser real. "Dos unicornios más otros dos unicornio es igual a cuatro unicornios" es una afirmación lógica verdadera pero no habla de nada que sea real.

El existencialismo busca salvar la brecha entre lo que es cierto de manera abstracta y lo que es real de modo existencial.

La actitud existencial puede ser una postura desconcertante que desafía una definición simple.

Los existencialistas sugieren que no hay verdad o realidad para nosotros como seres humanos excepto en la medida en que participamos en ella, somos conscientes de ella y tenemos alguna relación con esta realidad.

El conocimiento no es un hecho del pensamiento sino un acto del hacer. Los existencialistas no necesariamente descartan las esencias, pero "la existencia precede a la esencia". En otras palabras no se niega la validez de conceptos tales como el condicionamiento o los impulsos; tan sólo se señala que no se puede denominar de manera adecuada a una persona con esa base, debido a que al intentarlo se termina hablando de abstracciones en vez de la persona viviente. Está bien tener conceptos, pero se debe reconocer que sólo son herramientas y no sustitutos de la persona viviente. Por tanto, cuando se usan conceptos, se debe dejar claro que se están abstrayendo de la persona viviente y que no se está hablando acerca del individuo real.

El enfoque existencialista no es anticientífico. Surge de un deseo de ser más empírico (y no menos), pero exhorta a una mayor amplitud de la metodología científica.

Contrarios al enfoque convencional del científico en el que lo más complejo es explicado por lo más simple, los existencialistas creen que un enfoque reduccionista es erróneo y que lo "más simple puede ser entendido y explicado sólo en términos de lo más complejo" ( May, 1969).

Cuando surge un nivel nuevo de complejidad, se vuelve crucial para el entendimiento de las formas que lo precedieron. Lo que hace ser caballo a este animal no es lo que comparte con los organismos de los que evolucionó, sino lo que constituye su "caballosidad" distintiva.

La ciencia, por consiguiente, debe buscar las características que distingan a lo que está tratando de entender, a saber, el ser humano.

La perspectiva existencialista lleva la investigación a un nivel más profundo para observar la estructura en la que están arraigados esos conceptos. Busca desarrollar una ciencia empírica que atienda el conjunto del conocimiento de lo que significa ser humano. Como tal, busca la unidad de la persona antes que cualquier división entre sujeto contra objeto, cuerpo contra mente, naturaleza contra crianza, o cualquier otra dimensión conceptual "uno y otro". Se pregunta lo que significa ser y existir bajo estas condiciones psicológicas, culturales e históricas particulares.

Uno de los mayores exponentes del psicoanálisis existencial es Rollo May, autor que une la tradición psicoanalítica y el movimiento existencialista en la filosofía.

Como ya se ha podido observar, los escritos de Freud, aunque trascendieron su propia época, reflejan, no obstante, con claridad tendencias de la filosofía decimonónica que son consideradas inapropiadas en la actualidad. Al combinar los discernimientos del psicoanálisis y del existencialismo, May no sólo aclaró la relevancia continuada de muchas de la contribuciones de Freud sino que también desarrolló su propia perspectiva original.

BIOGRAFIA DE ROLLO MAY.

Rollo May nació el 21 de abril de 1909 en Ada, Ohio, y creció en Marine City, Michigan, donde prevalecía una actitud de clase estadounidense antiintelectual.

May se graduó en el colegio Oberlin de Ohio donde completó el bachillerato en artes en 1930. Allí, se maravilló ante las líneas simples pero hermosas de una antigua vasija griega exhibida en uno de los salones de clases y resolvió ir a Grecia, lo cual hizo de inmediato después de su graduación. Trabajó en Grecia durante tres años, impartía clases en el colegio de Anatolia en Salónica.

Luego de ello viajó a Viena y estudió de manera breve con Alfred Adler, cuyo enfoque influyó en él de manera considerable.

La visión trágica de Europa acerca de la naturaleza humana impidió a May aceptar alguna vez un concepto mecánico de la persona. A su regreso, la psicología estadounidense le pareció "ingenua y simplista". Así que se inscribió en el seminario teológico Unión de nueva York.

Ahí pudo realizar investigaciones profundas sobre el significado de la desesperación, el suicidio y la ansiedad, cuestiones ignoradas en gran medida por los psicólogos. También esperaba que al hacer esto podría aprender de sus contrapartes: el valor, la alegría y la intensidad de la vida (1983). En Unión, comenzó una amistad con el eminente teólogo protestante Paul Tillich, una asociación que enriqueció las vidas, la obra y los escritos de ambos.

Los padres de May se divorciaron mientras él estaba en unión, así que interrumpió sus estudios y regresó a East Lansing, Michigan para cuidar a lo quedaba de sus familia. Durante ese tiempo , sirvió de consejero estudiantil en el colegio estatal de Michigan.

Pudo regresar a Nueva York y terminar su licenciatura en teología en 1938. Durante sus últimos años en Unión escribió su primer libro, The Art of Counseling.

Más tarde, May sirvió como ministro parroquial en Montclair, Nueva Jersey, antes de regresar a Nueva York para estudiar psicoanálisis en el instituto William Alanson White de Psiquiatría, Psicoanálisis y Psicología. Se inscribió en la universidad Columbia y recibió su primer doctorado en Psicología Clínica.

La actividad de May fue interrumpida en forma abrupta cuando enfermó de tuberculosis cerca de los treinta años de edad. En aquella época no había medicamentos para esta enfermedad. May pasó tres años en el sanatorio Saranac.

Durante su enfermedad, leyó entre otras obras, the problem of Anxiety de Freud y The Concept of Dread de Soren Kierkegaard, el fundador del movimiento existencialista en la filosofía. Apreció las formulaciones cuidadosas de Freud pero estaba convencido que Kierkegaard "describía lo que es experimentado de inmediato por los seres humanos en crisis" (1969).

La enfermedad de May le ayudó a apreciar la importancia de un punto de vista existencial. Su propio libro "The meaning of Anxienty" ( 1977 ) ha sido reconocido en forma amplia como el primero en Estados Unidos en alentar la unión genuina entre la Psicología y la Filosofía y en demostrar la importancia de los valores para la Psicología.

La vida profesional de May ha sido ocupada y productiva. Sirvió como consejero para estudiantes universitarios en el City College de Nueva York, desarrolló una práctica privada en psicoanálisis y se convirtió en miembro del instituto White.

Ha impartido enseñanza en la Escuela nueva para la Investigación Social, la Universidad de Nueva York, Harvard, Yale y Princeton. Tiene numerosas publicaciones y ha sido galardonado con varios premios. En la actualidad, May vive en Tiburón, California.

MARCO TEÓRICO.

May reconoce con claridad que la ciencia se deriva de forma filosóficas anteriores y que depende de manera fundamental de éstas. Cree que la razón por la que no entendemos la verdad acerca de nosotros mismos no es debido a que no hayamos acumulado datos suficientes, llevado a acabo los experimentos correctos o leído bastantes libros, sino a que "no tenemos el valor necesario." Los hechos científicos y pruebas técnica rara vez nos ayudan a responder las preguntas que en realidad importan. Tenemos que "arriesgarnos" ( 1953) .

En la psicoterapia May desempeña el papel del "amigo implacable", insiste en que sus pacientes "luchen con las fuerzas incapacitantes dentro de ellos y peleen por abrirse paso de nuevo hacia la vida". (Harris, 1969). No tenía miedo de arriesgarse a reintroducir conceptos rechazados con vehemencia por los psicólogos de la corriente principal - la intencionalidad, la voluntad, lo demónico-. Reintrodujo estos conceptos porque cree que son vitales para entender lo que significa ser un ente humano en la actualidad. Hay una nota profética en sus escritos, que recuerda a Erich Fromm, y su pensamiento con frecuencia tiene una cualidad teológica. En efecto, hay quienes sugieren que May ha partido de donde Paul Tillich, el gran personaje de la teología de nuestro siglo, se quedó (Harrys, 1969 ). May reconoce que para él los grandes periodos en la historia no fueron aquellos donde dominaban las preocupaciones psicológicas, sino en los que prevalecían las inquietudes filosóficas y religiosas. (1983)

May no da una serie de hipótesis que pueden ser probadas con procedimientos empíricos. En su lugar, ofrece un panorama filosófico de lo que significa ser una persona en el mundo actual. Se exponen razones en apoyo de sus afirmaciones, pero no sirven como prueba; cooperan como fragmentos de evidencia a favor de una cierta descripción de la realidad. Reducir el entendimiento de la personalidad a términos científicos, causales y abstractos significa que se perderá algo de contenido significativo y no se entenderá la realidad completa de un ser humano. May nos alienta a examinar los supuestos filosóficos del proyecto científico de modo que se pueda mantener un diálogo creativo entre la ciencia y la filosofía.

En su mayor parte, los psicólogos tienden a ignorar la teoría de May porque no pueden tratarla como hipótesis científica. Conceptos como la intencionalidad y lo demónico son casi imposibles de definir de manera operacional y de probar en forma empírica, sin embargo, los hallazgos de una prueba empírica no establecen un supuesto filosófico; pueden ser que ni siquiera se relacionen de manera significativa con éste. No obstante, la misma ventaja de la teoría de May, el hecho de que tiene sus raíces en una concepción filosófica nueva de la vida humana, también puede ser su mayor inconveniente. May corre un gran riesgo de ser desechado por lo psicológicamente establecido y tener poco impacto en la teorización de la personalidad.

May señaló en 1967 que en la segunda mitad del siglo XX, el problema central que se enfrentaría sería un sentimiento de impotencia, una "convicción penetrante de que el individuo no puede hacer algo efectivo frente a los enormes problemas culturales, sociales y económicos". Los sentimientos de impotencia son agravados por la ansiedad y la pérdida de los valores tradicionales.

Antes de revisar las técnicas usadas en psicoterapia, pasaremos revista a las conceptualizaciones más relevantes de May.

Impotencia.

El problema de la impotencia es mucho más profundo que el hecho de que ésta es una época de incertidumbre y de agitación social.

Se ha dicho que a guerra fría ha terminado, pero el mundo no parece más seguro. De hecho, el "mundo desarrollado" a menudo actúa como si no hubiera problemas reales en el 2mundo desarrollado" a pesar de su pobreza y sufrimientos masivos (Sloan,1990). Con el incremento en la tecnología, el poder se ha vuelto impersonal, una fuerza autónoma que actúa a nombre propio.

A principios de la década de 1950, May observó que muchos de los pacientes que acudían a verlo sufrían de sentimientos intensos de vacuidad. Notó que el neurótico con frecuencia actúa aquello de lo que otros están temporalmente inconscientes. May anticipó que la experiencia de vacuidad e impotencia que había registrado en sus pacientes con el tiempo se volvería epidémica.

Ansiedad.

Se ha vuelto común describir a nuestra época como una era de ansiedad. Sin embargo, antes de 1950, sólo se habían escrito dos libros que presentaban de manera específica una descripción objetiva de la ansiedad y sugerían formas constructivas para tratarla: The problem of Anxiety de Freud y The Concept of Dread de Kierkegaard. después de que May escribió The Meaning of Anxiety, el cual fue publicado por primera vez en 1950, surgieron cientos de libros sobre el mismo tema. algunos psicólogos prefieren usar el término de "estrés" en lugar de ansiedad. May cree que esta tendencia es desafortunada e imprecisa. La palabra estrés se ha vuelo popular debido a que sus orígenes en la ingeniería y la física; puede ser definida con facilidad y medida con precisión. El problema con el concepto de estrés es que no describe de forma adecuada la aprensión a la que se hace referencia de manera ordinaria como ansiedad.

May propuso la siguiente definición de ansiedad: "La ansiedad es la aprensión caracterizada por una amenaza a algún valor que el individuo considera esencial para su existencia como persona." (1977).

La Pérdida de los Valores.

El origen de los problemas se ubica en la pérdida del centro de valores en la sociedad. Desde el renacimiento, el valor dominante en la sociedad occidental ha sido el prestigio competitivo medido en términos de trabajo y éxito financiero. tales

Valores ya no son efectivos en el mundo posmoderno en el que se tiene que aprender a trabajar con otras personas a fin de sobrevivir.

Cuatro Estados de Conciencia.

May sugiere que hay cuatro etapas de la conciencia del yo. La primera es la etapa de la inocencia antes de que nazca la conciencia del yo. Ésta, es característica del infante. La segunda es la etapa de la rebelión en la que el individuo busca establecer alguna fuerza interna. El niño que ya camina y el adolescente ilustran esta etapa, la cual puede implicar desafío y hostilidad. La tercera etapa es la conciencia ordinaria del yo. Esta es la etapa a la que se refiere la mayoría de las personas cuando hablan de una personalidad saludable. Implica ser capaz de aprender de los propios errores y vivir en forma responsable. May se refiere a la última etapa como la conciencia creativa del yo. Implica la capacidad de observar algo afuera del punto de vista limitado usual de la persona y vislumbrar la verdad última como existe en la realidad. Este nivel se abre paso a través de la dicotomía entre la subjetividad y la objetividad. No todos logran cada nivel de conciencia.

May concibe al ser humano como consiente del yo, capaz de intencionalidad y con la necesidad de hacer elecciones. En su análisis existencial de la personalidad, May busca socavar el dualismo tradicional del sujeto y objeto que ha atormentado al autoentendimiento occidental desde Descartes, quién dijo que éramos conscientes de nosotros mismos ya fuera como sujeto o como un objeto. May considera al yo como una unidad.

En lugar de abstraer conceptualizaciones, se necesita reconocer y enfrentar las paradojas de nuestras propias vidas. En una paradoja dos cosas opuestas son planteadas en contra y parecen negarse entre sí, sin embargo, no pueden existir la una sin la otra. Por tanto el bien y el mal, la vida y la muerte, la belleza y la fealdad parecen estar peleados entre sí pero la misma confrontación con uno le inspira vida y significación al otro.

Lo Demónico.

En un mundo que se vanagloria de la racionalidad, May reintroduce el concepto de lo demónico e insiste en que llegamos a adaptarnos a éste. Lo demónico es "cualquier función natural que tenga el poder de asumir el control de la persona entera". El sexo, la ira, un ansia de poder, todo esto puede convertirse en malo cuando se apodera del yo sin importarle su integración. Se puede reprimir lo demónico pero no evitar sus consecuencias.

Lo demónico es creativo y destructivo en potencia al mismo tiempo. Al volvernos conscientes de su existencia, lo podemos integrar en nosotros mismos. Podemos prender a querer a nuestros demonios internos y permitirles darnos la sal de la vida. Lo demónico comienza como impersonal; al traerlos a la consciencia, hacemos personales los impulsos demónicos.

Lo demónico nos empuja hacia la estructura universal de la realidad. Esto sucede de una dimensión impersonal a una personal a una transpersonal de la conciencia.

Poder.

Como se ha visto, un factor básico en la crisis contemporánea es el sentimiento de insignificancia e impotencia. La vida humana puede ser percibida como un conflicto entre lograr un sentido de la significación del propio yo por una parte y el sentimiento de impotencia por la otra. Tendemos a evitar ambos lados, el primero debido a las connotaciones malas asociadas con ser demasiado poderoso y el último porque es demasiado doloroso soportar nuestra impotencia.

La violencia tiene su campo fértil en la impotencia y la apatía. Conforme se hace impotentes a las personas, se alienta su violencia en lugar de controlarla. Los hechos violentos tales como tomar rehenes son realizados por aquellos que buscan aumentar su autoestima. Las personas impotentes en ocasiones invitan a la explotación con el afán de sentirse significativos o buscan venganza en formas pasivo-agresivas, tales como el uso de fármacos y alcohol.

Es cierto que la cultura tiene efectos poderosos sobre nosotros. Pero podría no tener estos resultados si estas tendencias no estuvieran ya presentes en nosotros, porque...nosotros constituimos la cultura. (1983)

Amor y Sexo.

El amor solía verse como respuesta a los problemas humanos. Ahora el amor mismo se ha convertido en el problema. La dificultad real es ser capaz de amar. Nuestro mundo es esquizoide, fuera de contacto, incapaz de sentir o de participar en una relación íntima. La carencia de afecto y la apatía son actitudes predominantes hacia la vida, son formas de protección contra la estimulación excesiva de la sociedad moderna.

Nuestra libertad sexual tan alabada se ha convertido en una forma nueva de puritanismo en la emoción está separada de la razón y el cuerpo es usado como una máquina. La comercialización del sexo destruye los sentimientos verdaderos de un modo tan grave como alguna vez lo hicieron los tabúes tradicionales. Se ha colocado al sexo contra el eros, el impulso de relacionarse con otra persona y crear nuevas formas de vida.

May sugiere que sólo la experiencia y el redescubrimiento del afecto, lo opuesto a la apatía, nos permitirá resistir el cinismo que caracteriza a nuestros días. Los mitos del afecto parecen señalar hacia la necesidad de desarrollar una moralidad nueva de autenticidad en las relaciones humanas.

Intencionalidad.

May cree en la necesidad de poner decisión y regresar al centro de nuestra descripción de la personalidad. Su intención no es excluir las influencias deterministas, sino colocar esto introduciendo el concepto de intencionalidad, el cual subyace en la voluntad y la decisión.

Por intencionalidad May quiere decir "la estructura que da significado a la experiencia". Una capacidad humana distintiva; la intencionalidad es una atención imaginativa que subyace a nuestras intenciones e informa nuestras acciones. S la aptitud de participar en el conocer. La manera en que es percibido un pedazo de papel diferirá dependiendo del uso que se le quiera dar. Es el mismo pedazo de papel que proporciona el estímulo y la misma persona que responde a éste, pero el papel y la experiencia tendrán un significado diferente.

Libertad y Destino.

La actitud existencialista en ocasiones es criticada en forma errónea por describir al individuo como libre en absoluto sin restricciones de ninguna clase. May, sin embargo, nos recuerda que la libertad sólo puede ser considerada junto con el destino. Libertad significa "apertura, disposición a madurar, tolerancia y cambio en la búsqueda de valores humanos más importantes". Implica nuestra capacidad de intervenir en nuestro propio desarrollo. La libertad es básica para el entendimiento existencialista de la naturaleza humana debido a que subyace a nuestra capacidad de elección y al valor.

A su vez, May define destino como el diseño vital del universo expresado en cada uno de nosotros. En su forma extrema, nuestro destino es la muerte, pero también se expresa en los talentos individuales propios, nuestras historias personales y colectivas, y en la cultura y la sociedad en la que hemos nacido. El destino nos establece límites, pero también nos proporciona medios para ejecutar ciertas tareas. Hacer frente a estos límites produce valores constructivos.

Valentía y Creatividad.

La valentía es la capacidad para avanzar a pesar de la desesperación.

En los seres humanos, la valentía es necesaria para poder existir y volverse posible. La valentía no es una virtud, sino un funcionamiento que subyace y da realidad a todos los demás valores. La paradoja de la valentía es que debemos estar comprometidos por completo pero también percatarnos al mismo tiempo de que podríamos estar equivocados. La valentía creativa es el descubrimiento de formas nuevas, símbolos y patrones sobre los cuales ser construida una sociedad nueva.

Psicoterapia.

El enfoque existencial de la psicoterapia sostiene que el objetivo central de la terapia es ayudar a promover el entendimiento del yo y el propio modo de ser en el mundo. Los constructos psicológicos para entender a los seres humanos son colocados, por consiguiente, en una base ontológica y toman u significado de la situación presente. Impulsos, dinamismos o patrones de conducta son entendidos sólo en el contexto de la estructura de la existencia de la persona individual.

May señala que ser en el sentido humano no es dado de una vez y para siempre. Como humanos tenemos que estar conscientes, ser responsables de nosotros mismos, y volvernos nosotros mismos.

Una experiencia "yo soy" es una precondición para solucionar problemas específicos. De otro modo tan sólo cambiamos un conjunto de defensas por otro.

Volverse consciente del propio ser no significa ser explicado en términos sociales. La aceptación del terapeuta puede facilitar la experiencia "yo soy" pero no conduce de manera autónoma a ésta. "La cuestión crucial es que el individuo mismo, en su propia conciencia y responsabilidad de su existencia, dé con el hecho de que puede ser aceptado". (1983)

El surgimiento de una experiencia "yo soy" tampoco es idéntica al desarrollo del yo. Ocurre en un nivel más básico, ontológico, y es una precondición para el desarrollo del yo subsecuente.

A fin de comprender lo que significa existir, se necesita entender también la opción de no ser. La muerte es una forma obvia de la amenaza de no ser, pero el conformismo es un modo alternativo que May encuentra muy frecuente en estos días. Las personas abandonan su identidad para ser aceptadas por los demás y evitar ser condenados al ostracismo o a la soledad, pero al hacerlo pierden su poder y su carácter único. Mientras que la represión y la inhibición fueron patrones neuróticos comunes en la época de Freud, en la actualidad el conformismo es un patrón más prevaleciente. Esta negación de las potencialidades propias conduce a la experiencia de la culpa. La culpa ontológica no proviene de la prohibición cultural, sino que surge del hecho de la consciencia de sí mismo y del reconocimiento de que no hemos realizado nuestras potencialidades. Enfrentar esta culpa en el proceso de la terapia conduce a efectos constructivos.

Por tanto la tarea central del terapeuta es buscar entender el modo de ser y de no ser en el mundo del paciente. Es el contexto el que distingue el enfoque existencial más que cualquier técnica específica. El ser humano no es un objeto que pueda ser manejado y analizado. La técnica sigue al entendimiento.

May cree que la asociación libre es útil en particular para revelar la intencionalidad. La relación entre terapeuta y el paciente es considerada como relación real.

May advierte contra el uso de fármacos en la psicoterapia. En su mayor parte, cree que tienen un efecto negativo debido a que, al eliminar la ansiedad del paciente, pueden inhibir la motivación para el cambio y por consiguiente negar una oportunidad para el aprendizaje y destruir recursos vitales.

JUSTIFICACIÓN DE LA TEORÍA.

El trabajo de Rollo May une la tradición psicoanalítica y el movimiento existencialista en la filosofía, por lo que se enfatiza la existencia en lugar de la esencia. Sugiere además que no hay verdad ni realidad con excepción de aquella en la participamos. El conocimiento es un acto de hacer.

La descripción filosófica de la naturaleza humana desarrollada por May es coherente, relevante, global e irresistible. Evita con todo éxito los dualismos que nos han atribuido desde la filosofía de Descartes. El marco de referencia existencial que influye su teoría es más compatible con nuestro mundo que lo supuestos filosóficos de la ciencia decimonónica que influyeron el trabajo de Freud. Una filosofía existencial proporciona un plano útil para discutir lo que Freud quería decir acerca de la naturaleza del funcionamiento psíquico. Aunque Freud no era un existencialista, esta corriente del pensamiento proporciona categorías que esclarecen las ideas y la intención freudianos. Por tanto, May reconcibe de forma fructífera muchos conceptos freudianos lo que se constituye en un aporte innegable a la psicología y la sociedad actual.

COMENTARIO.

La obra de May abre las cadenas que atan los propios marcos culturales y sociales de la época en la que confluyen. La libertad, la existencia, así también como los valores insertos en esta obra generan un espacio de reflexión que es necesario cuando de seres humanos tratamos.

Esta obra reúne en poderosos enlaces todos los conceptos esenciales de las bases epistemológicas en las que se apoya.

Es grato encontrar coherencia y capacidad en su pensamiento, pero extremadamente útil, además, el hallar esta coherencia y capacidad en su trabajo.

El carácter profético de May, es producto de la posmodernidad en la que postula hallarse, pero se valida empíricamente a través del sentido común.

Pese a escasear profundamente información respecto a su trabajo, que dicho sea de paso, puede deberse a su rompimiento del ámbito científico, es claro el mensaje filosófico y psicoanalítico que deja.

Bibliografía

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