Paradigma, resistencia y emociones: una respuesta tentativa a la dificultad del cambio

Por clbustos. En 2007-07-22 19:43:01 -0700
Monografía relacionada con Paradigma, resistencia y emociones: una respuesta tentativa a la dificultad del cambio

Ensayo realizado por Lorena Antiguay, Universidad de Santiago de Chile (2002)

Muchas veces he escuchado que los seres humanos tenemos una capacidad inherente de cambio, por lo cual, podemos elegir qué camino tomar durante nuestra existencia y, sobre todo, cómo tomar ese camino. Algunos autores hablan sobre el afrontamiento de la responsabilidad ante la propia vida y ante el proceso de cambio, donde el conocimiento de sí mismo debe ser profundo (Yalom, s/a). No obstante, si bien considero que este sentido de responsabilidad es propio de una persona "madura", personalmente he vivido algunas experiencias en que este proceso de cambio se ha llenado de obstáculos angustiantes.

Esta "paradoja" entre esa capacidad inherente y la angustia personal, me ha llevado a plantear un cuestionamiento bastante importante en el ámbito del desarrollo personal: ¿Por qué es tan difícil e incluso doloroso un proceso de cambio personal?. Mi intención es construir una "respuesta tentativa" a esta pregunta, basándome tanto en planteamientos personales como en algunos autores de la Psicología y otros ámbitos. Debido a su perfil, creo que este ensayo tiene un papel sustancial en mi trabajo autoconocimiento, ya que el poder explicarme un asunto tan íntimo y a la vez común en las personas, me dará las herramientas necesarias para realizar y enfrentar cambios constructivos.

Según mi parecer, uno busca cambiar aquello que le produce dolor o consecuencias que no desea en algún asunto. En otras palabras, yo quiero cambiar aquello que me impide sentirme bien o realizar mis sueños; el carácter del cambio voluntario, para mí, debe ser positivo. En este sentido concuerdo con lo planteado por Dyer (1989), al decir que debe existir un compromiso consigo mismo, tener ganas de vivir y, sobre todo, un deseo de ser y hacer todo lo que se quiera en este momento; puedo sintetizar esta definición en un concepto: "autofidelidad".

Todas las personas podemos desarrollar "autofidelidad", e incluso llegar a identificar aquellos aspectos de nosotros mismos que nos impiden "ser lo que se quiera ser y hacer en este momento". Sin embargo, a mi juicio creo que el paso más difícil para conseguir una completa "autofidelidad", es cambiar esos mismos aspectos que identificamos como obstáculos; "si eres como la mayoría de la gente, hasta las fibras más íntimas de tu ser se resistirán a emprender el duro trabajo que significa eliminar los pensamiento que sirven de apoyo a tus sentimientos y conducta autoalienatorios", señala Dyer (1989, Pp. 20) en relación a este dificultoso proceso de cambio.

En esta ocasión, no puedo dejar de asociar estos "pensamientos que sirven de apoyo", con un elemento estable, un tipo de percepción bajo la que se cobija todo lo que siento, pienso, creo y lo que me rodea en el mundo, en otras palabras: un paradigma personal.

A pesar de que la palabra paradigma esté relacionada de manera íntima con el ámbito científico, me resulta muy fácil e incluso necesario extrapolarla a lo personal y al proceso de cambio. Thomas Kuhn (1989), en su obra " Estructura de las Revoluciones científicas", entrega una buena y completa descripción de este concepto. Sin embargo, el autor no pudo darme una definición acotada y operacional. Por ello, en un intento de síntesis, puedo decir que paradigma es un modelo concreto, cuya práctica subsiguiente raramente despertará desacuerdos sobre los fundamentos- reglas y normas- claramente expresados; el paradigma tiene un carácter colectivo y consensual, siendo un grupo determinado de personas quienes lo comparten y transmiten a otros.

En otras palabras, el paradigma sería una "visión" o los "anteojos" con lo que las personas- los científicos en Kuhn- vemos e interpretamos los fenómenos del mundo, cuyo origen es en gran manera lo que otras personas nos transmiten al pertenecer a cierto grupo.

El "paradigma personal", como yo lo llamo, está íntimamente vinculado con esta "visión" o "anteojos"; la única diferencia, es que en lugar de estar referido a los "fenómenos naturales" – "óptica" de Newton, "astronomía" de Copérnico, "Condicionamiento operante" de Skinner- se refiere a las características individuales que cada uno posee, y cuál es el papel de éstas en el mundo. Un ejemplo muy gráfico de estos "paradigmas personales", es el "circulo vicioso" propuesto por Dyer (1989):

Este círculo vicioso, representa una creencia incuestionable que se puede tener sobre la propia persona – construida seguramente en base a ciertos contenidos experienciales y sociales- que se confirma por sí misma sin parar.

No obstante, y a pesar de esta "inacabable autoconfirmación", Kuhn (1993) plantea la existencia de "revoluciones científicas", donde se inicia el proceso transicional de un paradigma a otro, basado en un sentimiento creciente de que el antiguo paradigma ha dejado de funcionar en forma adecuada, sobre la exploración de un aspecto natural al que daba explicaciones satisfactorias anteriormente. Estas revoluciones, se dan luego de pasar períodos de crisis, donde las anomalías del paradigma- puntos ciegos en la funcionalidad paradigmática- sobrepasan las capacidades de explicación.

Los que llamo "paradigmas personales", puedo caracterizarlos con una alta susceptibilidad a estas "revoluciones"; es así como los círculos viciosos pueden romperse y orientar la conducta hacia otras esferas, tanto positivas como negativas. Muchas veces son acontecimientos que alteran nuestra vida los motores de estas "revoluciones"; acontecimientos que no tiene explicación en nuestras propias creencias.

Así, de manera gráfica, puedo mencionar mi experiencia personal de entrar a la Universidad. Esta nueva situación en mi vida, hizo que pasara desde un paradigma personal con la premisa "niña académicamente perfecta", a otro con la premisa de "mujer que debe esforzarse como los demás, para salir adelante". En un principio, me angustiaba muchísimo sacarme "malas calificaciones", cuya insuficiencia era basada según mi antiguo paradigma personal sobre el rendimiento; trataba de estudiar el doble o el triple y no conseguía los mismos resultados que en el colegio, por lo que no podía explicar la razón de mi "fracaso". Pasado cierto tiempo de frustración y desorientación, gradualmente fui comprendiendo la necesidad de cambiar mi "valoración"sobre las calificaciones y que lo importante en la Universidad no es ser "académicamente perfecto", sino el esfuerzo, la dedicación que se le entregue al estudio y el aprendizaje que se consigue.

Los "lentes inversos" con los cuales Kuhn (1993) grafica la transformación revolucionaria de la visión paradigmática, son una explicación muy adecuada para experiencias como la anterior. Si a una persona le ponen anteojos ajustados con lentes inversos, verá inicialmente todo el mundo cabeza abajo; esto le provocará una gran desorientación y una crisis personal aguda. Pero después que la persona comienza a aprender como conducirse en el nuevo mundo, el campo visual se transforma y comienza a percibir los objetos con la misma naturalidad incuestionable, anterior a los lentes.

Con esta explicación, Kuhn (1993) me ha entregado un buen punto de partida para encontrar alguna respuesta a la dificultad del cambio personal. No obstante, me ha entregado también otro cuestionamiento muy importante: ¿qué clase de crisis personal aguda se produce en este proceso de revolución?.

Considero que esta pregunta es trascendental para conseguir una explicación satisfactorias al problema principal, ya que encuentro en ella un camino que podría llevarme a la estructura nuclear del asunto.

La "naturaleza" de la crisis personal

Cada ser humano, a mi percepción, es un mundo en particular, distinto a los otros y únicos en el Universo. Todos tenemos experiencias diferentes, cuerpos distintos y, en consecuencia, "paradigmas personales" irrepetibles. Según Guidanno (1991),cada persona es un experimento único de la naturaleza, y tiene un modo absolutamente individual de articular su dimensión de significado y los procesos de reordenamiento que tienen lugar en ella. Es por esto que me resulta un tanto difícil exponer una Naturaleza- en toda la expresión del término- inamovible y universal de la crisis personal. Además, definir una Naturaleza es algo muy pretencioso en mi condición de estudiante. Por lo pronto, y a fin de no menoscabar mi objetivo, tomaré en adelante un término de uso psicológico que consideraré como "naturaleza" de la crisis personal: la resistencia.

De manera estricta, el concepto de resistencia proviene de la física y se refiere a la oposición que presenta un conductor al paso de la corriente eléctrica (Lluis, 1997). En otras palabras, se presenta cuando una entidad hace lo posible para no pasar de un estado a otro. En el campo de la Psicología, este término pertenece tradicionalmente al Psicoanálisis, entendiéndose desde ahí como "una oposición inconsciente [...] para impedir que los contenidos psíquicos removidos vuelvan al plano de la conciencia" (Zolla, 1962), Sin embargo, en esta ocasión me gustaría mucho enfocarme en un autor que se adhiere a una tendencia diametralmente opuesta y así resolver mi problema de forma distinta.

Vittorio Guidanno (1991), psicólogo congnitivo, propone desde un enfoque ontológico el carácter de la resistencias como: " mecanismos de autorreferencia para mantener los patrones actuales de coherencia interna, a pesar de las presiones que empujan a reordenarlos" (Pp.141) Personalmente pienso que estos mecanismos de autorreferencia tiene un carácter "fijo", lo cual hace que el cambio se sienta como una amenaza para la persona. Por ejemplo, si se anima a un amigo para que declare sus sentimientos hacia una persona, esta situación de cambio en un aspecto de su vida puede provocarle un temor al rechazo, lo que degenerará en una afirmación autorreferente: "no vale la pena intentarlo, jamás se fijará en mi, porque nunca he sido atractivo."

Esto se relaciona estrechamente con lo que Guidanno llama "autorregulación" ; si bien el autor no da una definición acotada, podría entenderlo como " la necesidad de la persona por mantener un equilibrio u homeostasis psíquica". Además, estos dos elementos- resistencia y autorregulación- Guidanno los enlaza con patrones de autoengaño.

En este momento me surge una importante inquietud: ¿para qué sirve toda esta "dinámica de estancamiento"?, ¿cuál es el efecto utilitario en mi existencia como persona?. Una respuesta que me entrega el autor es su utilidad para desacelerar y/o distorsionar la asimilación de "datos críticos"- los que puedo analogar a las "anomalías de paradigma personal"- reflejando procesos naturales que protegen al individuo de cambiar demasiado, demasiado rápidamente.

Me resulta interesante esta respuesta, ya que considerado como un proceso natural, la resistencia al cambio puede manifestarse en toda entidad física, incluyendo al ser humano. Para mi, es clara la necesidad de mantener cierta continuidad en nuestra forma de ser y actuar en el mundo, ya que eso nos distingue como seres individuales y únicos. Además, pienso que esta continuidad es la que nos permite sentir una identificación sobre nosotros mismos y por ello, un autoconocimiento.

Sin embargo, esta misma continuidad nos puede jugar malas pasadas cuando la vida nos pide cambiar. Pienso que ser siempre "el mismo", o sea, hacer las mismas cosas, negarse a conocer gente nueva, comer siempre lo mismo y creer siempre que se es "feo", "bonito", "inteligente" o "tonto", porque, simple y llanamente siempre ha sido así, es simplemente una forma "artificial" de mantener una seguridad que no es propia de los organismos vivos. Es el autoengaño sobre el que habla Guidanno y la desesperada necesidad de autorregulación, para conseguir mantener ese equilibrio o "paradigma personal" que tan bien funcionó hasta es momento. Nos resistimos a cambiar aquello que nos protegió de la incertidumbre, a tener que configurar nuevamente los que nos rodea y sobre todo, a prescindir de aquello que tan bien conocemos, dejándonos con una sensación de abandono y temor. Abandonar un "paradigma personal" es como dejar una muleta y tratar de caminar solos, aún cuando nos caigamos una y otra vez; y ese es El miedo...el dolor de la caída.

En relación al abandono de un "antiguo paradigma personal", Guidanno (1991) habla de este como una "revolución personal"- es decir un cambio profundo coronado por el éxito- y un síndrome clínico bien definido- un cambio profundo sin éxito".(Pp. 134) Plantea que ambos tipos de cambio, se producen por una perturbación emocional profunda y que una asimilación satisfactoria de sentimientos perturbadores requiere necesariamente un cambio en la apreciación del "Yo" (parte del individuo que organiza lo emocional) experimentada por el "Mi" (autoimagen conciente ); es por ello necesario producir cambios progresivos en los patrones actuales de autoconciencia, aumentando la compresión que tenemos sobre cómo ordenamos la experiencia personal.

En palabras simples, lo anterior podemos entenderlo como el papel protagónico de las emociones perturbadoras en el proceso de cambio- por ejemplo, la angustia al ver que mis soluciones no funcionan como antes- y que una verdaderamente constructiva aceptación de ellas, se logra cambiando el modo en que clasificamos esas emociones perturbadoras y logrando identificar éstas cuando las sentimos. Por ejemplo, es necesario prestar atención sobre la emoción desagradable surgida a partir de ciertas experiencias, tomar conciencia de que existe, clasificarla como angustia y tratar de identificar en qué momentos la experimentamos. En este punto es importante el cambiar la autoconciencia, tratando de "hacer un mapa" sobre lo que me pasa con cierto asunto y así comprenderlo a cabalidad.

Sin embargo, ¿qué sucede si no se realiza este ejercicio de autoconciencia sobre la emoción perturbadora?. A mi parecer, el ignorar esta emoción perturbadora, evitándola y no identificando cuando nos asalta, es una forma de resistencia que surgen de manera natural frente al cambio; me recuerda un refrán popular que dice "ojos que no ven corazón que no siente", de manera que si no ponemos atención sobre esas emociones perturbadoras el antiguo paradigma permanece, aun cuando ya no sea efectivo en nuestra nueva situación de vida. Es así como tratamos de olvidar muchos de todos aquellos anhelos que alguna vez tuvimos- por ejemplo, un nuevo empleo con mejor sueldo, una persona que nos atraía mucho, un viaje a cierto lugar desconocido- por miedo a dejar lo que "siempre he hecho y siempre he sido, porque siempre ha sido así".

Paradigma, resistencia y emociones: mi respuesta tentativa a la dificultad del cambio

Al comenzar este ensayo, me introduje en la dificultad del cambio a través de una inquietud surgida a consecuencia de algunas experiencias personales; una paradoja que se desplaza entre nuestra capacidad "inherente" de cambio y la angustia que surge al aproximarme a él, y que convergió en una pregunta concreta: ¿Por qué es tan difícil e incluso doloroso un proceso de cambio personal?

En definitiva puedo decir que esta exposición, me ha entregado una respuesta bastante satisfactoria a la pregunta anterior ; basándome principalmente en Thomas Kuhn y Vittorio Guidanno, los conceptos de paradigma, revolución, resistencia y emoción han configurado un discurso que puede entregar muchas claves para comprender esta problemática.

De esta forma, he planteado la existencia de "paradigmas personales" como una visión referente a las características individuales que cada uno posee, y cuál es el papel de éstas en el mundo; estos paradigmas son de carácter individual, pero en cuya génesis intervino rotundamente la influencia social que rodea al individuo. A pesar de tener una "inacabable autoconfirmación", los paradigmas personales son susceptibles a "revoluciones" cuando embarga un sentimiento que confirma la disminución su funcionalidad. Estas revoluciones -causadas principalmente por nuevos acontecimientos en la vida- provocan la necesidad de un cambio en la forma que son configuramos a nosotros mismos. Según Kuhn, este cambio de visión- "lentes inversos"- provoca una crisis personal.

La existencia de esta crisis personal planteada Kuhn llamó especialmente mi atención y me propuse indagar en su naturaleza. Como lo dije anteriormente, el término "resistencia" no pretende ser La Naturaleza de esta crisis, pero de igual forma me entrego interesantes reflexiones sobre el tema.

La resistencia, desde Guidanno (1991), puede ser entendida como " mecanismos de autorreferencia para mantener los patrones actuales de coherencia interna, a pesar de las presiones que empujan a reordenarlos" (Pp.141) El autor une este concepto a los de "autorregulación" y "autoengaño" , lo que juntos tienen la misión proteger al individuo de cambiar demasiado, demasiado rápidamente. En síntesis, la resistencia tiene una razón utilitaria al preservar cierta continuidad y congruencia temporal en el individuo, haciendo lo posible para mantener el equilibrio psíquico. Sin embargo, su expresión en un momento de cambio "positivo", puede dificultarlo enormemente.

La resistencia, es un proceso natural, que podría impedir que dejemos atrás los antiguos paradigmas y que el cambio sea más fácil. Lo mismo que nos permite conocernos e identificarnos como individuos, y tener cierta "personalidad", es lo que nos limita en el cambiar muchos aspectos que nos incomodan y a vivir una completa "autofidelidad". Es por ello que creo necesario una identificación de las emociones ante diversas situaciones, sobre todo de aquellas que vivamos como "perturbadoras", según lo dice Guidanno. Considero al "barómetro viceral", como un buen indicador para plantearnos una revisión al paradigma personal desde una perspectiva autoconciente. Así, Van Dusen (1994) habla que el verdadero beneficio del autoanálisis "lo obtenemos cuando la mente refleja de vuelta sus propios contenidos, cuestiona, pregunta, examina y, sí, juzga su propio trabajo".

Para finalizar, deseo expresar que si bien pude cumplir con el objetivo de este escrito, no puedo desentenderme con la limitación de ocupar principalmente sólo dos autores en la elaboración de mi respuesta. Es cierto que desde otras perspectivas- psicoanálisis, existencialismo, humanismo- esta respuesta hubiese sido distinta. Sin embargo, esta respuesta- mi respuesta- tiene una carácter netamente tentativo y cualquier otra postura es igualmente válida. Es por ello, que pretendo proyectar este ensayo hacia otras alternativas de respuesta, y así complementar enriquecedoramente este primer intento.