Violencia intrafamiliar (Coddou, 2000)

Por clbustos. En 2007-08-07 01:13:54 -0700
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Informe realizado por Solange Coddou (2000)

Introducción.

La violencia conyugal es un fenómeno universal, de gran magnitud y relevancia. Estudios estadísticos y teóricos lo ubican como uno de los principales problemas de la familia contemporánea, que trasciende barreras culturales, socioeconómicas, políticas, educacionales y religiosas. Los estudios se basan principalmente en la violencia ejercida por parte del hombre hacia la mujer, debido a que estadísticamente es muy superior al fenómeno a la inversa. En general, la violencia ha sido definida como "un acto llevado a cabo con la intención de, o percibido como teniendo la intención de, dañar física o psicológicamente a otra persona. Las investigaciones realizadas en la época de los 60 enfatizaron los factores psicopatológicos y las caracteristicas de la personalidad para explicar esta problemática. Se lo consideraba un fenómeno poco común, asociado a personas mentalmente perturbadas o de escaso nivel socioeconómico. Straus (1979, en Sarquis, 1995) fue el primero en decir que el fenómeno de la violencia debiese ser considerado como un problema social y familiar. A partir de entonces, los esfuerzos de muchos investigadores estuvieron derigidos a obtener datos confiables y a desarrollar modelos causales y explicativos del tema.

Con respecto a Chile, son escasas las investigaciones realizadas respecto al tema. Uno de los estudios sobre la incidencia de la violencia doméstica en mujeres pobledoras chilenas, de Monteldo y colaboradores en 1989, concluyó que al año, un 80,2% sufría un episodio de violencia psicológica y un 60 % sufría un episodio de violencia física por parte de su esposo o conviviente.

En la consideración Sistémica, se enfatiza el carácter bidireccional de la violencia conyugal. Por tanto, se plantea la eliminación de las categorías de "víctima" y "victimario", ya que el fenómeno de la violencia conyugal , desde esta perspectiva, representa a ambos esposos como víctimas. El énfasis se pone, entonces, en los patrones interaccionales recurrentes involucrados en los episodios de violencia. Las categorías antes mencionadas serían el resultado de una puntuación arbitraria de la realidad por parte de uno o ambos miembros de la pareja. Desde la perspectiva de Straus, la familia se concibe como un sistema adaptativo en busca de metas y la violencia como un producto o respuesta del sistema a su funcionamiento general. Este modelo plantea que el sistema familiar presenta algunos mecanismos de retroalimentación positiva que dan cuenta del espiral de violencia al cual la familia puede llegar. Entre estos se menciona: la compatibilidad del acto de violencia y las metas del actor y del sistema, la auto concepción del actor como persona violenta, las expectativas del rol de la "víctima", la alta tolerancia a la violencia por parte de la comunidad y, el limitado poder de la "víctima".

El modelo también considera procesos de retroalimentación negativos que explicarían la mantención del nivel de violencia en el sistema, donde el papel de la "victima" como reforzante de esta conducta es esencial en su mantenimiento.

El modelo de las relaciones propuesto por Perrone y su equipo, considera la violencia no sólo como un problema de la pareja sino de toda la familia, en el cual se encuentran todos implicados y son todos responsables. Por tanto, el objetivo terapéutico central consiste en poner en evidencia las secuencias comunicacionales repetitivas y las retroalimentaciones positivas que conducen a actos violentos en respuesta a ciertos mensajes.

Existe otro modelo explicativo dentro de la perspectiva sistémica, llamado "Teoría de la relación Simetría - Complementariedad", que toma además algunos aspectos del modelo del aprendizaje. Proponen que a la base del fenómeno de la violencia en parejas se encuentra: el proceso de establecer reglas y la distribución del poder. Este modelo presenta dos premisas que explicarían la predisposición de una pareja a la violencia. La primera se refiere al aprendizaje y refuerzo temprano de la conducta violenta. La segunda, al establecimiento de reglas y metarreglas más rígidas que gobiernan el sistema marital y la conducta de cada miembro en forma concordante. Esto implica el control unilateral rígido por parte de uno de los miembros, lo que permite poco espacio para negociar las reglas que rigen la relación de la pareja. Por tanto, se vuelve altamente probable que incluso desacuerdos menores lleven lleven a acciones violentas (Sarquis, 1995).

A continuación, presentaré lo más brevemente posible los principales factores involucrados en la violencia conyugal, los aspectos más relevantes en su tratamiento desde un modelo sistémico, y un resumen de los principales artículos encontrados acerca del tema. Por último, expondré mi entrevista realizada al psicólogo Luis González, con los puntos más relevantes de esta. El objetivo de este trabajo es mostrar de una manera resumida y a la vez profunda el tema de la violencia conyugal desde una perspectiva sistémica. Por razones de espacio, no expondré todo lo estudiado respecto al tema, pero trataré de hacer un resumen de lo más importante y lo más explicativo posible.

 

Violencia conyugal: un enfoque sistémico

La violencia no es un fenómeno indiscriminado, adopta dos formas distintas (Perrone y Nannini, 1997): la violencia agresión, que se encuentra entre personas vinculadas en una relación de tipo simétrico, es decir, igualitaria. Aquí, ambos reivindican su pertenencia a un mismo status de fuerza y poder, independencia de la fuerza física, ya que quien domina en lo corporal puede no dominar en lo psicológico. Esposo y esposa aceptan la confrontación y la lucha. Por ejemplo, el marido puede pegarle a la mujer, pero ésta le arroja un objeto o lo insulta. La violencia castigo, es aquella que tiene lugar entre personas implicadas en una relación de tipo complementario, es decir, desigualitaria. Se manifiesta en forma de castigos, torturas o falta de cuidados. Uno de la pareja reivindica una condición superior a la del otro. Por ejemplo, el hombre le pega a su mujer, la esclaviza, le quita su libertad, le impide todo contacto con el exterior y le niega su identidad. Según él, el castigo se justifica porque ha descubierto una "falta". A menudo, el receptor está convencido de que tiene que conformarse con la vida que le imponen. Es importante destacar que en la violencia agresión se da una pausa complementaria, que comprende dos etapas diferentes: la aparición del sentimiento de culpabilidad, que será el motor de la voluntad de reparación, y en la otra etapa, aparecen los comportamientos reparatorios como mecanismo de olvido, desresponsabilización , que sirven para mantener el mito de la armonía y buena familia. En la violencia castigo no hay pausa, el actor emisor considera que debe comportarse así; al no haber pausa la violencia permanece escondida y toma un carácter íntimo y secreto.

En muchos casos, la violencia se manifiesta de forma ritualizada: una cierta escena se repite de manera casi idéntica. Por lo general, se observa una anticipación e incluso una preparación de la secuencia violenta. Todos los participantes pueden tomar parte en esta especie de contrato llamado "Contrato Implícito Rígido" (Perrone y Nannini, 1997). Este contrato opera a nivel bipersonal pero tiene raíces individuales, ya que se apoya sobre la imagen negativa y frágil que cada uno tiene de sí. La noción de límite o frontera se modifica, define todo lo que se puede hacer, con excepción de... Por ejemplo: "puedes pegarme dentro de la casa, pero no afuera".

La rigidez de los sistemas de creencias es un factor muy importante en la violencia: los actores de comportamientos violentos pertenecen a la categoría de personas que viven las diferencias como amenazas. En ciertas parejas resulta impensable que uno pueda decidir algo o tomar una iniciativa sin que el otro se sienta en peligro (Lemaire, 1995).

Según L. Walker, la violencia marital se da en situaciones cíclicas que pueden ser referidas a tres fases, que varían en intensidad y duración según las parejas: 1) Acumulación de tensión, que es un período de agresiones psíquicas y golpes menores en el que las mujeres niegan la realidad de la situación, y los hombres incrementan la opresión, los celos, la posesión, creyendo su conducta como legítima. 2) Fase aguda de golpes, cuando la tensión alcanza su punto máximo; se caracteriza por el descontrol y la inevitabilidad de los golpes. 3) Calma amante, se distingue por una conducta de arrepentimiento y afecto del hombre golpeador, y de aceptación de la mujer que cree en su sinceridad. En los transcursos de los intercambios recurrentes, cada vez más tensos, emerge la violencia física en los momentos en que la relación de dominación/subordinación que se supone ejerce el hombre sobre la mujer, necesita ser reconfirmada (Mesterman, 1998)

 

Aproximaciones a la terapia.

Según los terapeutas sistémicos, en la violencia conyugal, tanto el hombre como la mujer se ven como reacción del otro, y ven el inicio del conflicto a partir del otro. Carmen Luz Méndez señala que algunas de las consecuencias de un enfoque sistémico a nivel preventivo y terapéutico son: el considerar que el problema de la violencia en la pareja no es sólo el que surja, sino que se mantenga, y que muchas veces se mantiene desde la pasión de vivir juntos; que muchos episodios de violencia podrían entenderse como señales de alarma respecto a áreas de convivencia fundamentales, que por muy diversas razones se viven repetidamente como conflictivas e imposibles de resolver. Además, que en esta repetición de conflictos se establecen mecanismos interaccionales que configuran patrones repetitivos, que atrapan al hombre y a la mujer en una secuencia amplificada de agresiones que desembocan en violencia; y por último, que esta guerra nada tiene que ver con bondad o maldad, sino con mecanismos anclados en creencias, mitos, posiciones, deseos, muchas veces contrapuestos. La prevención, por lo tanto, tendría que dirigirse más bien al reconocimiento de áreas de la convivencia de la pareja que están en conflicto, y asumirlas como aspectos inherentes a la vida de ésta, generando espacios de búsqueda de alternativas de resolución. Otro aspecto importante es el hecho de que en la terapia es la pareja la que define su sufrimiento o aquello que quieren cambiar, y el terapeuta no debe imponer sus deseos personales.

Tratamiento en conjunto: si llega la pareja en forma conjunta a consultar por problemas, es efectivo trabajar con los dos, pero si llega uno sólo con deseos de clarificación respecto a la mantención o término de la relación es mejor, según Carmen Luz Méndez, trabajar en forma individual. En el tratamiento conjunto es esencial, primero que todo, aquietar los temores del agresor a sentirse acusado, refiriéndose al sufrimiento mutuo. Muchas parejas llegan al consultorio con definiciones como "mi esposa no es afectuosa", "mi esposo es demasiado rígido", que lo que hacen es descargar la culpa sobre un miembro. Este es el problema: el estímulo. Incluso cuando la pareja entra en conflicto, hay siempre un "ella es tal cosa" y un "él es tal cosa": se etiquetan recíprocamente. Este proceso dificulta las respuestas de los miembros de la familia, y como resultado, los intentos de solución suelen reforzar el problema. Si el profesional se integra en la situación y le pone un nombre oficial al dolor, la rigidez de las percepciones y las respuestas quedan reforzadas adicionalmente por el diagnóstico del experto (Minuchin y Nichols, 1994). Luego de definido el problema como parte de la interacción, se trata de inmediato de frenar la violencia física, destacando la peligrosidad de ésta, y estableciendo alternativas para controlarla. El temor de los involucrados a la desintegración de su pareja por agentes externos, los empuja a una negación de su peligrosidad. La gran tarea terapáutica consistirá en encontrar explicaciones plausibles para la pareja: si ambos quieren mantener la relación y lo que quieren destruir es la violencia, habrá que traer a la mano una construcción que sea contingente a sus historias que les valide su relación y que los una en la evitación de la violencia. Muchos autores plantean que es esencial la exploración conjunta de los costos o consecuencias de la violencia como modo de resolución de problemas, ya que atenta justamente contra aquello que ellos quieren preservar: su relación. El objetivo es poner en un primer plano las consecuencias de las propias acciones en el otro y en uno, e impedir la negación de estas consecuencias. Cada cual se considerará responsable de su propia conducta y no habrá explicación que valga para justificar un acto violento.

Actividades prácticas.

A continuación, expondré la entrevista realizada al psicólogo Luis González, tomando los aspectos más importantes en relación a la experiencia clínica con la violencia. Es importante mencionar que Luis González es terapeuta familiar, y trabaja hace más de cuatro años en violencia. Actualmente trabaja en el P.R.A.I.S., además de su consulta particular.

Antes de comenzar con la entrevista, Luis me hizo un resumen muy explicativo de la historia del trabajo con violencia con un enfoque sistémico, lo que me sirvió mucho para clarificarme. Pero como lo que me interesa rescatar de Luis es su experiencia, expondré sólo lo atingente a la práctica clínica.

En general, la entrevista se centró en torno a cinco temas importantes: abordaje terapéutico, dificultades al trabajar con el agresor, importancia de una intervención conjunta y sus ventajas y desventajas, razones por las cuales según él algunas parejas caen en la violencia y otras no, y por último, qué es lo que generalmente mantiene unida a esta pareja en esta relación conflictiva.

Luis partió contándome que el estudio de la violencia en la pareja no va separado de un estudio de su funcionamiento en general, ya que según él "muchos casos de violencia se dan en parejas comunes y corrientes, en el sentido que todos somos proclives a tener reacciones violentas. No sólo violencia física, sino también verbal o psicológica".

Luego le pregunté acerca del abordaje terapeutico, si era sólo sistémico o si incluía tambíen una intervención a nivel intrapsíquico. Ante esto me respondió que hay un gran aporte al conocimiento de la violencia que no viene desde lo sistémico, como la perspectiva de género, todo un conocimiento que no se reduce sólo al ciclo de la violencia, sino que es vista como una discriminación hacia la mujer, como una atribución de roles estereotipados que va en desmedro de la mujer, lo que corresponde más bien a una perspectiva más sociológica. "Las mujeres permanecen en situaciones violentas tambien por la forma en que se han socializado, como mujeres pasivas, con rol de dueña de casa, que no se pueden separar porque tienen que hacerse cargo de los hijos, y ahí las mantienen encerradas en un rol, y los hombres también estamos atrapados en un rol". Esto también es un aporte de la perspectiva de género, todo un trabajo en torno a la masculinidad; "los hombres somos de una determinada forma, nos cuesta llorar, somos socializados para ser más proclives a la violencia, y desde esta perspectiva uno se da cuenta que lo que diferencia a un hombre violento de un no violento son sutilezas, porque tienen más capacidad de canalización o sólo porque se frenan más".

¿En qué casos es útil un enfoque sistémico y en cuáles es necesario un trabajo individual?

"Cuando la pareja llega junta y quiere mantener su relación de pareja, yo trabajo desde una perpectiva sistémica. Pero hay casos en que una persona está realmente sometida a una situación de abusos, y es difícil sacarte de encima la idea de que una es la víctima. Ahora, lo que pasa es cuando tu ves desde una perspectiva sistémica, no se exime de responsabilidad al agresor, pero sí, no parte de una visión tan política, tan culpabilizadora.

¿Se puede trabajar con la pareja cuando hay violencia física de por medio, es conveniente?. "Es difícil, y muchas veces es inconveniente, en muchos casos hay intimidación de por medio, hay miedo, miedo por el poder, a las amenazas. Hay muchos elementos que hay que barajar antes de ponerse a trabajar con la pareja. Hay dos cosas que siempre tengo en cuenta: primero, si hay riesgo vital, si hay violencia física, no trabajo con ambos miembros de la pareja juntos. Lo segundo que evalúo es si hay alguna forma de amenaza, como :"si tu no vas, entonces nos separamos"; en ese caso no trabajo con la persona que va forzada. En cambio si llega una pareja a consultar juntos porque quieren tratarse, y si hay episodios aislados con poca o ninguna violencia física, con una diferencia de poder ojalá no tan marcada, con conciencia del problema y además con redes de apoyo,entonces trabajo de inmediato con los dos. Si no es así, lo que es más frecuente ya que sería casi una pareja ideal para ser tratada, es mejor trabajar primero con cada uno por separado. Pero soy de la opinión que si no hay mucha violencia física, es más provechoso trabajar con la pareja en conjunto. Pero en definitiva de lo primero que me preocupo es de frenar la violencia física, y le dejo claro a la pareja que mientras esta situación continúe, yo no voy a trabajar con ellos.

¿De qué manera llegan generalmente los "agresores", y cuáles son las principales dificultades al trabajar con ellos?.

"Generalmente llegan por la ley de violencia intrafamiliar, y es muy difícil trabajar con gente que viene contra su voluntad, pero se puede, a veces se puede. Ahora, el principal problema es la resistencia al tratamiento, falta de reconocimiento de la problemática, poca adherencia. Lo que es muy importante es que se sientan apoyados, pero que a la vez se hagan responsables.

¿Qué características encuentras más frecuentemente en las mujeres agredidas?.

"Alta dependencia emocional, baja autoestima, existencia de roles muy estereotipados, miedo, falta de redes de apoyo, la mayoría de las mujeres que sufren violencia están super solas, y los hombres también, solos emocionalmente".

¿Qué crees que es lo que diferencia a parejas que caen en la violencia de las que no la experimentan?

"Es difícil contestarte esa pregunta, pero yo creo que todos vivimos en la relación de pareja la "tensión", la tensión de la complementariedad con el otro. Yo creo que la pregunta debería ser: ¿qué es lo que hace que algunas parejas caigan en la violencia y otras no?, ahora, yo creo que hay que diferenciar entre violencia física y violencia psicológica, porque qué pareja no ha experimentado en alguna medida violencia psicológica. Entonces, qué hace que algunas parejas lleguen a la violencia física creo que es el problema. Yo creo que aquí influyen factores como la familia de origen, falta de redes de apoyo, alcohol, celos, también diferencias educacionales muy grandes; se ha dicho que cuando la mujer gana más dinero que el hombre es un factor de riesgo.

¿Y por qué crees tú que se mantiene esta situación, pensando en que muchas veces la mujer si tiene redes de apoyo e independencia económica como para vivir sola?

"En mi opinión, el tema fundamental aquí es el Amor, es clave; por las esperanzas que tu depositas en la otra persona. O sea, cuando empezamos una relación, todos esperamos que nos resulte, lo que pasa es que algunas personas pierden los límites y aguantan mucho más de lo que se creían dispuestos. Además, creo que si uno lo ve de este modo se humaniza el problema, se hace más cercano".

¿Crees que es bueno el trabajo en co-terapia, qué ventajas tiene?

"Sí, creo que si, pero cuando se dan las condiciones que te nombré antes, cuando la pareja quiere tratarse para terminar con la violencia. Tiene muchas ventajas, el tema de los roles por ejemplo, si trabajas con una terapeuta mujer, se forman alianzas, se sienten más en confianza y más apoyados, lo que es muy bueno para la terapia. Lo bueno es que cada vez hay más parejas que acuden a la consulta de forma voluntaria, lo que facilita mucho el trabajo".

Me dijiste que lo primero que tu haces es frenar la violencia física, ¿cómo enfrentas eso y qué cosas trabajas después?

"Lo que más hago para tratar de frenar la violencia física es hablarles de los riesgos que implica, y tratar de convecerlos de que es la peor forma de conseguir lo que quieren. Luego, trabajo comunicación, expectativas, historias familiares, ya que uno es así de acuerdo a su historia, uno no puede ser otra cosa que lo que la historia te ha permitido. Si tu has pasado hambre lo único que vas a querer es comer, si has estado solo vas a querer compañía, lo mismo pasa con la vida; el problema es que a veces las necesidades chocan en la pareja, son contrarias, y ahí viene la frustación, que es un gran gatillante de la violencia".

Reflexiones.

Luego de leer muchos libros y apuntes sobre la violencia en la pareja, aparte de la entrevista realizada, creo que reflexiones por hacer hay muchas, pero no es mi intención aquí reflexionar sobre conceptos teóricos, sino sobre los temas que a mi parecer son los más importantes al momento de estudiar la violencia.

Primero que todo, creo que es necesario enfocar este problema con una mirada amplia, ya que podemos darnos cuenta a través del trabajo que no basta con estudiar al individuo en su interacción, ya que si bien éste se constituye como un ser en sus relaciones con los demás, y va cambiando de acuerdo a sus interacciones, no debemos olvidar que antes de ser pareja, es persona, con su historia propia, con sus miedos, con características particulares, con necesidades personales, y creo que todos estos factores tienen que ser atendidos antes de comenzar con un tratamiento en conjunto. En este punto, quiero tocar el tema de la diferenciación individual y relacional. Tal como cada individuo es un ser único, con creencias, características e historia personal, la pareja también lo es. Es por esto que creo que el trabajo terapéutico debe adaptarse a la realidad y características de cada pareja; el terapeuta debe meterse en su mundo si quiere comprender la dinámica relacional que los une. Por esto, creo que hay que sacarse conceptos preconcebidos o ideas establecidas acerca del funcionamiento de una pareja, ya que, concordando con Maturana, creo que existen tantas realidades como personas, y en este caso, como parejas hay; sin obviar el hecho que como seres humanos que somos, existen constantes y similitudes que, por supuesto, son las que permiten crear teorías y modelos de intervención.

Si bien yo creía que un enfoque sistémico sólo se preocupaba de las interacciones, y que quitaba responsabilidad, en este caso al agresor, me deja más conforme darme cuenta que no es así. Si bien lo que pretende es terminar con las culpabilizaciones y dar una mirada más amplia, no exime de "responsabilidad" al agresor. Este punto me parece muy importante: al hablar de responsabilidad y no de culpa, da de inmediato un carácter distinto del problema, y abre las puertas para que el emisor de la violencia no se sienta en desventaja en la terapia, se sienta más apoyado, y por ende cambie su actitud de resistencia. Yo creo que ambas miradas, una sistémica y una individual, no se pueden separar, tal como un individuo no se puede separar de su interacción, por lo que pensar que al tratar la violencia con un enfoque sistémico se va a dejar de lado la psicología individual me parece un error.

Con respecto al punto anterior, creo que es necesaria una mirada incluso más amplia de la violencia, que si bien no encaja dentro de un enfoque netamente sistémico, va más allá de concebir los problemas de las personas como individuales. Creo que los factores sociales y culturales no tienen menos implicancia en este fenómeno, ya que gran parte de lo que somos se debe a lo que nos han ido inculcando a lo largo de nuestra vida, gran parte de nuestras creencias tienen su origen en el proceso de socialización. Así, el hecho de que a la mujer se le enseñe a llorar y a expresar sus sentimientos, y a los hombres a contenerlos para ser "más hombres", no deja de tener importancia a la hora de analizar este fenómeno. En general, son más aceptadas las expresiones de rabia en los niños que en las niñas, a éstas se les enseña a ser más pasivas que a los hombres. Este hecho, a mi parecer, es una puerta de entrada en un mundo estereotipado que propicia los actos de violencia en contra de las mujeres. Si sumamos a esto las cada vez menores posibilidades de comunicarnos, de atender realmente nuestras necesidades, al ser exigido para un buen funcionamiento en la vida moderna, una optimización del tiempo, que no alcanza para otras cosas que las racionales, creo que sería el momento de sentarnos todos a conversar sobre qué nos está pasando a todos como sociedad, como seres humanos. Esto, porque creo que la gran depresión en que está inmersa la humanidad, los grandes desastres ecológicos, el cada vez mayor estrés, no está separado de los crecientes casos de violencia en la familia, ya que si lo pensamos, ésta es hoy en día el único lugar propicio para que la gente se exprese, y lamentablemente, muchas veces esa expresión está llena de pura frustación. Además, no debemos olvidar los continuos mensajes violentos exibidos por los medios de comunicación, que inundan el hogar desde muy pequeños; es imposible pensar que no tienen ningún efecto en el individuo. También existe una cada vez mayor competencia social de todo tipo, competencia laboral, competencia económica, competencia por el poder, lo que lleva a los "perdedores" directo a la frustación, y de ahí, a un paso de la violencia, más aún si sumamos a esto el gran estrés resultante. En fin, si se trata de enumerar factores sociales que están influyendo en los actos de violencia, creo que se podría seguir interminablemente. No pretendo con este análisis eximir de responsabilidad a quienes acuden a la violencia, pero sí creo que debemos adoptar este problema como un problema social, y no como de algunas personas "desviadas" que hay que tratar.

Por último, creo que es importante dejar de ver la violencia como un fenómeno lejano a nosotros. Como vimos a lo largo del trabajo, la violencia no sólo se da en el plano físico sino también a nivel psicológico, la que si bien no constituye un riesgo de vida, sí constituye un riesgo emocional no menos relevante. Además, es importante el hecho de que este tipo de violencia es mucho menos sabida, pero no por eso menos frecuente. Y frente a esto, ¿cuántas familias se pueden considerar excluídas de este tipo de violencia?, ¿cuántas personas se creen incapaces de cometer violencia psicológica ya sea con su pareja o con sus hijos?. En fin, este trabajo me sirvió mucho para darme cuenta de la complejidad del fenómeno de la violencia, y para ampliar mi visión hacia una consideración individual, relacional y social.

Conclusiones.

El fenómeno de la violencia debe ser mirado en forma muy amplia, considerando todos los factores individuales, relacionales y contextuales que están implicados, ya que no se reduce a ninguno de ellos.

Es de especial cuidado el decidir la forma del tratamiento, ya que si bien en general se ve como óptimo un tratamiento en conjunto, tiene también varios inconvenientes que considerar, como por ejemplo, la existencia de violencia física o amenazas de por medio.

Uno de los aspectos más importantes a la hora de comenzar con un tratamiento en conjunto, es el plantear el problema como de la pareja, y no culpabilizar al agresor, ya que esto provoca un alejamiento que dificulta la terapia. Sin dejar de lado el hacer ver las responsabilidades individuales en el conflicto.

El enfoque sistémico es un gran aporte al trabajo con familias, ya que amplia la mirada a un análisis más extenso, incluyendo en éste a los aspectos relacionales, que son la base de muchos conflictos. Pero no debemos olvidar que el trabajo a un nivel intrapsíquico o individual es muchas veces necesario, pudiendo ser considerado como el comienzo de un tratamiento colectivo, es decir, desde la conciencia individual puede nacer la conciencia en la pareja.

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