Agresividad: Modelos explicativos, relación con los trastornos mentales y su medición.

Por clbustos. En 2008-08-16 12:30:32 -0700

Monografía realizada por Javier Ardouin, Claudio Bustos, P. Fernado Díaz y Mauricio Jarpa

Introducción.

La agresión es un problema que tiene cada vez mayor relevancia en la vida moderna. Frente a la escalada de violencia que observamos en los medios de comunicación de masa y en la creciente inseguridad de las personas ante la eventualidad de un ataque por parte de antisociales, surgen las preguntas: ¿Por qué el hombre es agresivo?, ¿Esta agresividad es innata o aprendida? ¿Puede ser extirpada de nuestras sociedades?.

En la presente monografía trataremos de explicar la conducta agresiva a través de los distintos lentes teóricos que entrega las ciencias de la conducta. El principal objetivo de este informe es entregar una amplia visión sobre variados aspectos del estudio de la agresividad, por lo que se ha privilegiado la amplitud de enfoques por sobre el desarrollo exhaustivo de cada tema. Con relación a los objetivos específicos, podríamos nombrar los siguientes:

  • Describir los principales modelos que han buscado explicar el fenómeno de la agresividad. Entre ellos encontramos la perspectiva psicoanalítica, la etológica o evolutiva, la biológica, los modelos cognitivos, los del aprendizaje social. Incluimos, además, una breve reseña del modelo fenomenológico.
  • Dar a conocer algunos trastornos mentales relacionados con la agresión.
  • Enumerar algunos métodos de medición y evaluación de la agresividad.

Para el logro de estos objetivos, se realizó una revisión bibliográfica general, tras lo cual se sintetizó los contenidos recogidos, para lograr un esquema general de contenidos. Posteriormente, se buscó bibliografía más específica para desarrollar los temas presentes en el esquema general.

Indice

Marco Conceptual.

Tal como dicen Edmunds y Kendrick citando a Bandura (1980, p.15), introducirse en el tema de la agresividad es entrar en una "jungla semántica". Se han dado muchas definiciones a la agresión, en las cuales lo común sería la noción que incorpora Buss de "una respuesta que se vuelve un estímulo nocivo para otro organismo"; el aspecto diferencial sería la inclusión del concepto de "intención" en el daño producido, el cual por algunos fue considerado innecesario por su condición mentalista y no es apropiado para un análisis riguroso. El problema es que, obviamente, muchas situaciones en las cuales un individuo daña a otro no constituyen agresión, debido a la falta de intención. De este modo, Geen (1976, citado por Edmunds y Kendrick, 1980, p.15), sostiene que el concepto de agresión debe incluir tres aspectos: la producción de un estímulo nocivo, el intento de dañar y el hecho de que el ataque tenga una probabilidad mayor a cero de ser exitoso.

Una de las definiciones más aceptadas es la de "la producción de un estímulo nocivo de un organismo hacia otro con la intención de provocar daño o con alguna expectativa de que el estímulo llegue a su objetivo y tenga el efecto deseado" (Russell, 1976, citado Edmunds y Kendrick, 1980, p.16)

"the delivery of a noxious stimulus by one organism to another with intent thereby to harm and with some expectation that the stimulus will reach its target and have its intented effect"

Otra definición de agresión, la cual encontramos en la perspectiva etológica, afirma que " un animal actúa agresivamente cuando inflige, trata de infligir o amenaza con infligir daño a otro animal. El acto va acompañado de síntomas de conducta reconocibles y cambios fisiológicos definibles [...]La agresión puede trasladarse hacia objetos no humanos o inanimados, ". (J.D. y Ebling, F.J, 1966, p.2). Es interesante notar aquí la inclusión de la respuesta fisiológica en el concepto de agresión.

La hostilidad constituiría un concepto relacionado con la agresividad, pero no es sinónima a ella. Sería una actitud, una "respuesta verbal implícita que envuelve sentimientos negativos (mala voluntad) y evaluaciones negativas de personas y acontecimientos" (Veness, 1996, p.118). Constituiría una respuesta bastante estable, donde se encuentra una generalización tanto del estímulo como de la respuesta, de modo tal que las respuestas de la víctima para apartar la hostilidad pueden exacerbarla. Una respuesta puede ser hostil sin ser agresiva, ya no implica realización de actos. Edmunds y Kendrick(1980) asocian el concepto de hostilidad a la agresión reforzada por el daño realizado al otro. La hostilidad sería el producto de repetidos castigos por parte de los otros llevaría a un disgusto generalizado por la humanidad, y a percibir el dolor y la incomodidad de las personas como reforzante; en cambio, la "agresividad instrumental" sería la disposición a emplear estímulos nocivos como un medio de adquirir refuerzos extrínsecos. Entonces, según estos autores, se debería asociar "agresividad" con actos que produzcan daño en el otro en búsqueda de refuerzos extrínsecos y "hostilidad" con actos que produzcan daño en el otro en búsqueda de refuerzos intrínsecos.

Una interesante visión nos entrega Lolas (1991), quien distingue entre los conceptos de agresividad, agresión y violencia. De acuerdo a esta perspectiva, la agresividad es un término teórico, un constructo que permite organizar determinadas observaciones y experiencias, que sirve para integrar datos "objetivos" a nivel de conducta motora, fisiología y vivencia (o subjetividad expresada en el lenguaje). El término agresión se reservaría para conductas agonistas caracterizadas por su transitividad (la conducta pasa de un agresor a un agredido), su direccionalidad (siempre la agresión tiene un objeto) y una intencionalidad (el agresor busca dañar, el agredido busca escapar). Por otra parte, la violencia sería la manifestación o ejercicio inadecuado de la fuerza o poder, ya sea por la extemporaneidad o por la desmesura, no existiendo intencionalidad por parte del agente o del paciente de la acción. De este modo, existen gestos violentos pero no agresivos(deportes rudos) y actos agresivos pero no violentos (omisión de gestos de ayuda). La violencia esta presente en toda nuestra vida y es difícilmente prevenible; la agresividad, en cambio, requiere una intencionalidad que la hace diferente en sus causas, aunque tal vez no en sus efectos.


Perspectivas teóricas sobre la agresividad.

Perspectiva psicoanalítica

El instinto agresivo.

Freud postuló la teoría del doble instinto, en la cual se concibe al hombre como dotado de "una cantidad o quantum de energía dirigida hacia la destructividad, en el más amplio sentido, y que debe inevitablemente expresarse en una u otra forma". (Hill, 1966, p.136). Si se obstruye su manifestación, este deseo sigue caminos indirectos, llegándose a la destrucción del propio individuo. Posteriormente, se concibió la agresión como un aspecto de deseos que son biológicamente primitivos, o sea, "los deseos más primitivos o las formas más primitivas de satisfacer deseos dados, son también más agresivos o más destructivos" (Hill, 1966, p.136). Durante el desarrollo disminuye el carácter primitivo - y por tanto agresivo - de los deseos, sustituyéndose los comportamientos más primitivos que no brindan satisfacciones por otros más complejos para lograr disminuir la angustia.

Origen de la cultura y la agresividad

Según Roldán (1993) el mito fundamental propuesto por el psicoanálisis freudiano sobre los orígenes de la cultura, apartándose de toda la tradición filosófica imperante en occidente, sería su inicio basado en la guerra o en una violencia originaria; cultura y violencia son para el Psicoanálisis dos realidades que se implican mutuamente. El sentido de violencia alude a una fuerza vital presente en el origen de la vida. En otros términos incumbe a la lucha por sobrevivir. De ahí su conexión primordial con al cultura como algo referido también a cultivar.

Para explicar la imposible armonía entre ley y deseo o de su ambivalencia fundamental, Freud recurre al mito del asesinato del padre. Toda la familia humana debe su génesis a un crimen fundador. De acuerdo a esta concepción:

"En los comienzos de la sociedad humana, los individuos vivían en pequeñas hordas bajo la dominación de un hombre todopoderoso, autocrático, que era el padre de todos. (...) Cuando el padre escogía uno de los hijos como su sucesor, los otros hijos eran expulsados e la tribu y se organizaban para desafiar y matar al padre. Después de consumado el patricio, los hijos comenzaban a luchar entre ellos por el poder. Al descubrir que la agresión fraternal era peligrosa, ellos formaron el primer contrato social, que se basaba en la renuncia a la gratificación instintiva. (...) El amor fraternal fue instituido para controlar la agresión entre los miembros de la misma sociedad, y la agresión era canalizada en alguna forma declarando la guerra a otras sociedades, sirviendo así la guerra el propósito de mantener el grupo unido" (Barra, 1998, p.28-29)


Perspectiva etológica o evolutiva.

Las teorías evolutivas de la agresividad consideran que la agresividad humana, como tanta otras conductas, tendría sus bases en la filogenia. De esta manera, las situaciones de agresión que se dan en animales serían análogas a aquellas que se presentan en humanos siendo entonces la agresión un producto natural, consustancial al ser humano. Según las palabras de Lorenz: "no cabe ninguna duda, en opinión de cualquier hombre de ciencia con mente científica, de la agresión intraespecífica es, en el Hombre, un impulso instintivo espontáneo en el mismo grado que en la mayoría de los demás vertebrados superiores" (J.D. y Ebling, F.J, 1966, p.5).

La agresión, dentro de este enfoque, lo constituirían "la lucha intra o interespecífica e incluye, aparte de la lucha misma, los desafíos, amenazas, actitudes de imposición, de apaciguamiento y de sumisión, posturas de defensa, ceremoniales ritualizados de combate u otras manifestaciones activas o pasivas utilizadas en la lucha en sus sucedáneos" (Cermignani, 1991, p.25). No se consideraría agresión la relación entre predador y presa.

Clasificación de la agresión.

A través de la etiología, se han identificado diversas formas de conducta agresiva:
ClaseEstímulo provocador
1.- Predatoria Objeto natural de presa
2.- Afectiva Intentos de escape, defensivo
3.- Entre machos Machos co-específico, al cual el atacante no se ha acostumbrado
4.-Irritable Ira o furia
5.- Defensa territorial Invasión por intrusos
6.- Maternal Proximidad de amenaza al crío
7.- Instrumental Respuesta aprendida, hay refuerzos por atacar.
8.- De fuga Presencia de agresor al cual no se puede atacar

Además de esta estricta clasificación, se ha acuñado el concepto de "conducta agonista", que denota todo comportamiento en situaciones de conflicto, incluyendo ataque, defensa y huida. Suele identificarse el aspecto afectivo de la conducta agresiva con rabia y disgusto, sin embargo, muchas conductas agresivas no están motivadas por tales afectos. Existe agresión motivada por incentivos, por ejemplo, si la conducta sirve a una finalidad diferente de la expresión de ira, como el ladrón que agrede a un guardia sin necesariamente estar enojado con éste.

La agresión intraespecífica.

La agresión intraespecífica se refiere a aquella que se da entre individuos de una misma especie. Existirían dos tipos principales: la hiperestésica, "basada en exceso de impulso, y que en su forma más usual consiste en errores de identificación, tomando una cosa por otra parecida" (Fisher, J. 1966, p.14) y la taxógena, que se daría entre individuos muy similares dentro de una misma especie que se produciría por la posesión de territorios, por la búsqueda de compañera sexual o ante la falta de fuentes de alimentación; el resultado final de esta agresión sería llevar a la evolución de la especie, al permitir sobrevivir a los más fuertes.

Dentro de la forma taxógena de agresión intraespecífica, podemos encontrar la lucha ritual y abierta. La primera es un encuentro con reglas estrictas y la segunda sería una lucha a muerte; el segundo caso es muy difícil de encontrar.

El comportamiento de los animales sería, esencialmente, un intento de evitar la lucha intraespecífica. La mayoría de las "armas" que presentan los mamíferos serían instrumentos de agresión interespecífica (defensa o predación de animales de especies distintas) y no intraespecífica. "Las armas son potencialmente tan peligrosas que el combate se ritualiza convirtiéndose en despliegue, amenaza, sumisión o aplacamiento, de modo que los combates no suelen ser más que pruebas de fuerza seguidas de separación y rápida retirada del más débil" (Fisher, 1966, p.36). La lucha abierta sólo se daría en situaciones de falta de recursos del medio o en animales cautivos e incluso en estas condiciones el más débil podría escapar y salvar con vida. "Los animales despliegan actitudes agresivas que pueden tener valor para la supervivencia, pero en condiciones naturales no luchan hasta la muerte con miembros de su propia especia; el conflicto es ritualizado, de modo que se hace poco daño."(J.D. y Ebling, F.J, 1966, p.6)

En la lucha ritual como en la abierta se produce un conflicto entre los intereses del individuo y los de la especie. Si bien el individuo no quiere tener rivales y por eso ataca a sus congéneres, si esto se llevara al extremo no quedarían individuos dentro de la especia. La misma selección natural debe haber preservado formas de comportamiento no demasiado dañinas: los animales que las poseían deben haberse extinguido. Existiría una inhibición muy grande en el vencedor animal, que le impide matar a su víctima.

En definitiva, tal como dice Cermignani (1991) "la lucha lleva a la selección de los machos [o de las hembras] más corpulentos y hábiles, mientras que la ritualización parcial o total de la misma tiende a reducir el gasto de energía y/o a eliminar las posibilidades de muerte del vencido".

La etología y el comportamiento agresivo en el hombre.

El hombre presentaría comportamientos de agresividad interespecífica: lucha por territorio, ante individuos semejantes con ligeras diferencias, etc. La diferencia fundamental entre el hombre y los animales sería el grado de destructividad en su agresión; el que en el hombre la lucha fatal sea más común podría estar asociada al uso de herramientas (ya que las armas son muy peligrosas y matan rápidamente) o, incluso, el que no existieran los mecanismos de inhibición de la conducta agresiva intraespecífica.

Según Rapaport(1992) la agresión es un impulso que es propio de la naturaleza del hombre, por lo que tendría características universales y estaría profundamente enraizado en la historia humana. Este planteamiento considera que existen dos "pulsiones" opuestas en interacción permanente que serían la construcción-destrucción o síntesis-desintegración, las cuales serían la base de todos los comportamientos agresivos. En este sentido, la conducta humana estaría influida por el interjuego de ambos factores y que a poco irían tomando la forma de fuerzas dirigidas a la auto-preservación y desarrollo o en fuerzas auto-destructivas, a través de formas y modos que podrían estar socialmente aceptados (competencia, superación, logro) o formas desviadas o patológicas (sadismo, masoquismo, suicidio, violencia).

Desde este punto de vista, la agresión sería un impulso primario, que durante el proceso de la evolución sufre decisivos momentos de neutralización, desagresivización como transformación y canalización que hacen que su energía sea canalizada hacia diversos objetivos.


Bases biológicas de la agresión.

Bases estructurales

Función del Hipotálamo en la función agresiva

Los estudios indican que el hipotálamo sería el principal encargado de regular las funciones neuroendocrinas relacionadas con la agresión. Con respecto a este criterio, el hipotálamo estaría organizado topográficamente en tres regiones, las cuales una vez estimuladas eléctricamente generarán distintos tipos de agresión: ataques depredatorios, afectivos y respuestas de fuga. Las tres serían partes de la conducta agonista, que abarca la lucha, el miedo y la fuga. Así, una estimulación en la porción lateral del hipotálamo provocaría una agresión predatoria; una estimulación en la porción medial hipotalámica induciría una agresividad afectiva y una en la porción dorsal del hipotálamo resultaría en una respuesta de fuga.

Función de la amígdala en la función agresiva:

Reacciones defensivas, como ira y agresión, han sido provocadas en diferentes regiones del complejo amigdaloide. Las lesiones en este complejo producen disminución en la conducta agresiva, disminuyéndose la excitabilidad emocional y normalizándose la conducta social en individuos con graves trastornos de conducta.

Bases Neuroendocrinas.

Las hormonas gonadales, y sobre todo el andrógeno principal -la testosterona-, fueron consideradas como las más importantes en la agresión. No obstante, hay también un interés en el eje pituitario-adrenocortical, relacionado con la agresión; existiría, entonces, una relación evidente entre ambos ejes, el gonadal y el pituitario-adrenocortical y la agresión.

A esto se le suma la participación de los corticoesteroides en relación a toda conducta agresiva que no sea de carácter sexual. Los estudios demuestran que la capacidad de experimentar sentimientos agresivos está estrechamente asociada a la actividad gonadal masculina.

El eje pituitario-adrenocortical parece tener una influencia indirecta sobre la agresión en general y sobre la testorena, en particular.

Catecolaminas, Serotoninas y otros neurotransmisores

La agresión es una categoría de estrés que altera el metabolismo de las aminas, sin embargo las diferencias individuales hacen acto de presencia. Parece ser que la adrenalina mediatizaría el miedo y la agresión y la noradrenalina la irritabilidad. Los autores Welch y Welch ( 1971, citado en Aluja, 1991) encontraron que la síntesis de aminas en el cerebro estaba en relación con la estimulación ambiental. En condiciones de aislamiento decrecían y en condiciones de agresión se incrementaban. Pero la estimulación intensa y la agresión a la larga aceleran la disminución de las aminas.

El rol funcional de la serotonina en la agresión aun no está del todo claro. Las primeras investigaciones relacionan niveles bajos de este neurotransmisor con la agresión. Weil- Malherbe (1971, citado en Aluja, 1991) escribió que una preponderancia absoluta o relativa de catecolaminas biológicamente activas en el cerebro estan correlacionadas con el estado de vigilia , la actividad motora y la agresividad; mientras que la preponderancia absoluta o relativa de la serotonina activa en el cerebro esta relacionada con la sedación, la ansiedad y a niveles elevados con la exitación , desorientación y convulsiones. Persky (1985, citado en Aluja, 1991) concluye en su revisión que:

  1. Niveles bajos de serotonina pueden incrementar ciertos tipos de agresión .
  2. Niveles altos de serotonina pueden producir ansiedad y desorientación.
  3. El estrés incrementa la producción de serotonina.
Welch y Welch (1971, citado en Aluja, 1991) indicaron que antes de comenzar una conducta agresiva el sistema nervioso incrementa la producción de aminas debido a una inhibición de la MAO mitocondrial.

La dopamina parece aumentar las conductas agresivas y al ácido gamma amino butírico ; GABA las inhibiría..

Se ha visto que la acetilcolina incrementa tanto la agresión depredatoria como la afectiva y las sustancias como los bloqueadores beta adrenérgicos , inhiben la conducta agresiva periferica sin necesariamente alterar la disposición

Hormonas corticoesteroidales.

Algunos corticoesteroides, como la corticoesterona y la cortisona, estarían asociadas a la fisiología de la agresión.

Lischner(1975, citado por Aluja, 1991) afirma que los altos niveles de ACTH disminuyen la agresividad e incrementan el miedo ante la presencia de un estímulo nuevo o específico, mientras que los niveles hormonales pituatio-adrenocorticales intermedios parecen que predisponen al animal a ser más agresivo y menos temeroso. Persky (1985, citado por Aluja, 1991) escribe en su revisión que según varios estudios la ACTH funcionaría para disminuir la agresividad a largo plazo, ya que la administración exógena de esta sustancia tiene un efecto exitador de la cortico-esterona, que aumenta la agresión. La disminución de la agresión como resultado de un aumento de la actividad adreno-cortical, puede ser el resultado de la acción de la acción extra-adrenal de la ACTH, pues esta disminuiría la secresión gonadal de testosterona

Modelos cognitivos

Los modelos cognitivo-conductuales centran su atención en como las procesos de procesamiento de información influyen en la conducta agresiva, especialmente los procesos motivacionales y atribucionales.

Perspectiva atribucional.

Desde esta perspectiva se observa como las atribuciones se relacionan con las tendencias que una persona manifiesta a realizar acciones o conductas agresivas.

Cuando una persona enjuicia una conducta agresiva, se formulan ciertas interrogantes. Se pregunta si la causa de ella es externa o interna, si su naturaleza es temporal o estable en el tiempo, si estas son controlables por los sujetos o si no lo son. Se observa que las respuestas que dan los individuos a estas interrogantes influyen en el comportamiento a través de las siguiente secuencia: cognición (atribución, ideas al respecto) - afecto y acción (comportamiento o conducta). Cuando se adjudica una causa externa, no controlable y estable, aumenta la probabilidad de comportamiento agresivo.

Agresión y frustración.

La conductas agresivas son multideterminadas y entre los distintos factores que la determinan, la frustración ocupa un lugar fundamental; inclusive, algunos autores plantean que la conducta agresiva tiene como un antecedente necesario una frustración. Las frustración ha sido entendida como contrapuesta a la gratificación, como interferencia a la ocurrencia de la satifacción de la necesidad, tanto psicológica, biológica y social. La frustración implica situaciones bloqueadoras, amenazantes y de deprivación, que surgen como respuesta tanto a estímulos internos como externos.

La frustración abarca una amplia gama de hechos muy variables y le ocurre a personas muy distintas entre sí, con estilos y niveles de la organización de la personalidad muy distintos, que incluyen un grado específico de la fuerza del yo y de tolerancia a la frustración, originando comportamientos y respuetas muy distintivas. Así es como la frustración puede dar origen a la persistencia en la búsqueda de la satisfacción, como a reacciones defensivas. Por tanto, "la frustración no es una condición suficiente ni necesaria para la agresión, pero si claramente facilitadora" (Rapaport,1992 , p.34).

Una amenaza de castigo puede disminuir o inhibir una respuesta agresiva. Al acercarse el momento de llevar a cabo la agresión, la posibilidad de castigo entra en juego por la fuerza relativa que presenta la tendencia a agredir. En relación con la intensidad de la tendencia a agredir y la intensidad de la tendencia a evitar agredir, la persona mostrará o no una conducta agresiva.

Ciertas personas pueden ser más propensas a sentimientos y acciones agresivas que otras de una forma innata, pero la agresión constante es más frecuente en personas que han crecido bajo condiciones negativas, de constante frustración, por lo que han debido desarrollar una agresión defensiva; la agresión pasa a ser un derivado de la hostilidad y el resentimiento. Cuando la persona no llega aun acuerdo de sus necesidades frustradas y no encuentra perspectivas de salida, difícilmente podrá frenar una dinámica agresiva, que constituirá una satisfacción sustitutiva.

Modelos del aprendizaje social

El modelo del aprendizaje social de Bandura plantea que la agresividad es producto de dos procesos, constituyentes de todo aprendizaje vicario: la adquisición de conductas nuevas se realiza a partir de la observación de modelos significativos, a través de un proceso de modelado y la mantención de las conductas agresivas se basa en procesos de condicionamiento operante.

La perspectiva conductual.

La teoría conductual da fundamental importancia, en la explicación de la conducta agresiva, a los factores ambientales presentes y la relación de estos con la conducta. En este sentido las variables determinantes de la agresión se pueden clasificar en función del tipo de condicionamiento efectuado, respondiente u operante.

Los aspectos de la conducta agresiva que son susceptibles de ser descritos en termino de control respondiente, corresponden en gran medida a lo que Skiner llama agresión filogenética, para distinguirla de la agresión ontogenética moldeada directamente por múltiples determinantes. Entre las variables que experimentalmente han sido capaces de producir agresión se encuentran las siguientes: la administración de choques eléctricos produce agresión incondicionada a miembros de otra especie, de la misma especie, o a objetos inanimados; los mismos efectos pueden obtenerse con un fuerte chorro de aire, o interrumpiendo el reforzamiento (extinción).

Los aspectos de la agresión pueden ser condicionados de forma operante, por ejemplo: reforzamiento con comida permite poner bajo control discriminativo las respuestas agresivas; también se puede hacer lo mismo con agua. También se ha encontrado que la oportunidad de agredir serviría como reforzador operante en situaciones de naturaleza aversiva.

El gran conjunto de datos experimentales existentes demostrarían la plasticidad de la conducta agresiva y la multiplicidad de los factores ambientales que la determinan. La importancia de los factores ambientales y la posibilidad de controlarlos abre la opción de manipular la conducta agresiva, desde este punto de vista la agresión puede disminuirse al mínimo reduciendo los estímulos desencadenantes (en el caso de la agresión filogenetica) y con la construcción de un ambiente social en el que la agresión no tenga ningún valor de supervivencia por lo que no pueda funcionar como reforzador.

Agresión social y cambio de conducta.

Según Bandura(1978), el modelo de la conducta desviada de los niños como enfermedad mental y sus estrategias de tratamiento(institucionalización) pierden validez, por la historia de fracasos continuos de este modelo, en poder "mejorar" a los individuos, y en convertirlos en unos miembros positivamente activos de su comunidad. La teoría conductual sugiere un modelo alternativo al de la enfermedad mental, para poder comprender la conducta desviada, que es el modelo de la deficiencia conductual. En este modelo los problemas de comportamiento se consideran deficiencias de destrezas esenciales. Estos déficits conductuales se consideran producto de historias de reforzamiento y de enseñanzas inadecuadas, en lugar de atribuirlos a hipotéticas psicopatologias internas. Se considera que a los individuos con conducta desviada su medio no le ha proporcionado los medios, las instrucciones, los modelos, ni las contingencias de reforzamiento suficientes que le permitan desarrollar un conjunto completo de conductas socialmente aprobadas.

De acuerdo con esto los programas de tratamiento basados en el modelo del déficit conductual son elaborados con el fin de establecer las habilidades importantes que no han sido aprendidas. Debe ser expuesto a un ambiente que le proporcione los ejemplos las instrucciones y las contingencias de reforzamiento correctivas y necesarias para que aprenda las conductas adecuadas.

Visión fenomenológica :

Según Zegers (1991), no existiría nada que permita afirmar que el hombre es agresivo por "instinto", pero si se puede decir que conserva los mecanismos anatómicos y fisiológicos necesarios para la manifestación de conducta agresiva en función de otras motivaciones, tales como la conservación del individuo. El problema radicaría en que, al no presentarse mecanismos inhibidores de la agresión intraespecífica, no "somos agresivos por naturaleza, pero podemos serlo de la peor forma" (Zegers, 1991, p.39).

Una de las condiciones principales para la aparición de la agresión es la falta de espacio. Si bien en los animales se presentan conductas de defensa del territorio, en los humanos esta defensa tendría otras características, ya que el sitio a defender sería el "espacio vital", o espacio de experiencia. Este "espacio vital" puede extenderse hasta el infinito y con él la agresión para conservarlo; la única excepción sería la condición del amor, donde dos personas aceptan vivir dentro del mismo espacio vital.


Trastornos mentales asociados a la agresividad.

Psicopatía, personalidad desinhibida y agresión.

Antes de estudiar las características de la psicopatía, nos parece interesante entregar las formulaciones teóricas relacionadas con la psicopatología de la desinhibición, concepto que Aluja (1991) utiliza como factor etiológico integrador de la psicopatía y otros trastornos relacionados con la falta de control.

Psicopatología de la desinhibición.

El término "psicolopatología de la desinhibición" procede de Gorestein y Newman y pretende integrar en un solo concepto amplias conductas humanas, que tienen en común síndromes de desinhibición o falta de control, como la psicopatía, la historia, la hiperactividad infantil, el comportamiento impulsivo, antisocial y alcoholismo.

El término desinhibición se utilizó dándole una connotación de destrucción de procesos inhibitorios que regulaban la tendencia a responder. Sin embargo, Gorenstein y Newman utilizan el término más que nada desde un punto de vista descriptivo, para referirse a la desinhibición humana; "se refiere a la conducta humana que ha sido interpretada como haciendo de disminución de controles en tendencias de respuestas"(Aluja, 1991, p.21). Entre los trastornos caracterizados por la desinhibición, se encuentra la impulsividad, psicopatía, personalidad antisocial en la adolescencia, la hiperactividad en la infancia y el alcoholismo. Estos síndromes se caracterizan por presentar patrones de conducta que tienden a la obtención de gratificación inmediata a expensas de mayor ganancia a largo plazo. Cabe decir que el síndrome o trastorno más representativo de la conducta desinhibida es la psicopatía.

Desinhibición como concepto integrador.

Investigaciones hechas por Schulsinger dan pie para decir que existen un componente genético en la psicopatía y síndromes asociados. Cloninger, Rich y Guze dan datos a favor de que la histeria y la psicopatía son manifestaciones del mismo proceso etiológico. Otros autores afirman que la hiperactividad puede ser el sustrato conductual de la psicopatía y el alcoholismo primario.

Los delincuentes psicópatas presentas rasgos y características conductuales que implican impulsividad, agresividad, búsqueda de estimulación, baja ansiedad y pobre socialización. Los resultados de los estudios de la personalidad del delincuente a través de la teoría de Eysenck coinciden que en la persona antisocial tiene rasgos entre los cuales se encuentra la excesiva necesidad de estimulación, bajo nivel de activación cortical y niveles elevados de tolerancia al castigo.

El control de la agresividad depende del proceso de socialización y estos de los procesos de condicionamiento. Se postula que los introvertidos tendrían un mayor control de la agresión que los extrovertidos, porque el control de la agresividad depende del proceso de socialización y éste, de los procesos de condicionamiento y, por lo tanto, los introvertidos condicionarían más alto que los extrovertidos. De Flores encontró que los extravertidos, al ser altos buscadores de sensaciones y al ser las conductas agresivas un alto predictor de estimulación, muestran más conductas agresivas. Estos resultados indican que la agresividad podría estar relacionada con diferencias de personalidad, como lo son los rasgos de extroversión/introversión y el de psicoticismo.

Conducta antisocial:

La conducta antisocial se ha usado para definir a una persona cuyo comportamiento no se ha ajustado a la normativa social o moral. Desde el punto de vista psiquiátrico, Schneider empieza a utilizar el término "personalidad psicopática" como una entridad gnoseológica e integradora.

Al hablar en términos generales de la "conducta antisocial", nos referimos a un concepto muy extenso que se da desde los rasgos de personalidad psicopáticos hasta los criterios de trastorno de personalidad antisocial del DSM-III (no presente en el DSM-IV). Estos definen conductas delictivas y a un cierto tipo de delincuente de bajo extracto social.

Con respecto al concepto de psicopatía, Hare y Cox diferencian entre psicópatas primarios, secundarios y disociales. El psicópata primario es un individuo que presenta un encanto superficial, es inteligente e informal, no presenta delirios ni pensamiento irracional ni tiene síntomas de manifestaciones psiconeurótica; por otra parte, es insincero e incapaz de presentar culpa o remordimiento, es egocéntrico en extremo e incapaz de amar, presenta falta de juicio práctico o incapacidad de aprender de la experiencia y tienen dificultad para seguir un plan de vida estable. Los psicópatas secundarios serían individuos capaces de mostrar culpa y remordimiento y de establecer relaciones afectivas y su conducta estaría motivado por problemas de índole neurótica. Los disociales serían individuos que presentan conductas antisociales y que pertenecen a un mundo marginal y tienen una cultura propia. Tendrían una personalidad "normal" y serían capaces de funcionar adecuadamente dentro de su grupo, tendiendo lealtad y sentimiento de culpa y de afecto. Según Blackburn, el psicópata primario sería una persona altamente impulsiva, en contraposición al psicópata secundario, que se caracterizaría por una baja sociabilidad. Según otros autores, los psicópatas secundarios mostrarían un déficit afectivo-motivacional parecido al de los esquizofrénicos, caracterizado por la predominancia de conducta retraída.

Con respecto a la relación entre personalidad y delincuencia, Eysenck publica en el año 1964 un libro llamado "crimen y personalidad", en el cual propone que existe una relación entre la conducta delictiva y las dimensiones básicas de la personalidad propuestas por él, las cuales tendrían una base biológica. La teoría de Eysenck formula que la conducta antisocial sería el producto de la influencia de variables ambientales sobre individuos con determinadas predisposiciones genéticas y el aprendizaje por condicionamiento clásico. Eysenck propone el concepto de "consciencia moral", basado en la estimulación aversiva y el condicionamiento clásico, las cuales se adquirirían por un proceso de aprendizaje en la infancia. El niño nace sin socializar y no respeta el derecho de los demás. Los educadores castigan ante la presencia de conductas antinormativas; entonces, éstas apareadas con estímulos aversivos, se condicionará negativamente. El sujeto , al esperar el castigo , sufriría de ansiedad, lo cual evitaría la aparición de la conducta antisocial.

La dimensión de neuroticismo también estaría relacionada con la conducta antisocial. Según Eysenck, la neuroticidad y la ansiedad actúan como impulsos poderosos, multiplicando los hábitos antisociales. También propone la variable del psicoticismo, el cual sería el mecanismo causal de la psicopatía primaria.

Trastorno de la personalidad antisocial (DSM-III):

El DSM-III considera doce criterios, de los cuales hay que cumplir con un número de tres antes de los 15 años; nueve para después de los 18, de los cuales hay que cumplir un mínimo de 4. El estudio de estos contenidos no apuntos tanto a rasgos de la personalidad , sino que hacen referencia a un listado de conductas de tipo delictivo y penal.

Los criterios que se aplican a los individuos menores de quince años hacen referencia a la vagancia, expulsiones en la escuela, fuga del hogar, mentira persistente, relaciones sexuales repetidas y circunstanciales, ingestión de alcohol y abuso de sustancias, robos, vandalismo, rendimiento escolar mediocre, violación de normas y peleas. Los criterios para los 18 años son incapacidad para mantener una conducta laboral apropiada, irresponsabilidad como padre, incapcidad para aceptar normas sociales, incapacidad para mantener una relación de pareja estable, irritabilidad y agresividad, evaluadas mediante peleas físicas repetidas, incapacidad para planificar, mentira patológica e imprudencia. Cabe decir que este trastorno es encasillado en el eje II en la multiaxilidad del DSM-III, lo que indicaría una larga evolución, enraizada en los factores básicos de la personalidad del individuio y resistentes a la intervención psicoterapeútica y farmacológica.

Evaluación clínica y psicométrica del TAP.

La entidad gnoseológica del TAP viene dado por criterios específicos y operacionales de los manuales de diagnóstico, tanto para la investigación como para su uso en la clínica. La gravedad del trastorno vendría dado por el grado de inflexibilidad y desadaptación de los rasgos de la personalidad por la incapacidad social, disfuncionamiento laboral y malestar personal que comporta. Según el DSM-III, el rasgo esencial es un trastorno "en el que existe una historia de conducta antisocial continuada y crónica en la que se violan los derechos de los demás" (Aluja, 1991, p.217). El hecho que el TAP tenga repercusiones judiciales y legales puede inducir al error de que el TAP equivale a la delincuencia.

Esquizofrenia y agresión.

Según Kaplan y Sadock (1987), en el trastorno esquizofrénico la agresión se da principalmente en uno de sus síndromes clínicos, que es la esquizofrenia catatónica con excitación. La catatonia excitada es un estado de agitación psicomotora extrema en la cual el individuo habla y grita continuamente. Sus producciones verbales son muchas veces incoherentes y su conducta parece hallarse influenciada más por estímulos internos que por el ambiente que lo rodea. Este estado incluye violencia y agresión destructiva para los demás, por lo que esta excitación puede incluso causar la tendencia a lesionarse ellos mismos.

La conducta agresiva puede presentarse en el esquizofrénico a través de dos conductas específicas, que son el suicidio y el homicidio, las cuales se encuentran en un porcentaje mayor en estos enfermos que en el resto de la población. El análisis de estos suicidios y homicidios impredectibles lleva a la conclusión de que el factor singular más significativos de muchos de ellos es la experiencia traumática de rechazo. La sensibilidad patológica del esquizofrénico le hace extraordinariamente vulnerable a todas las tensiones de la vida común. Para el esquizofrénico el rechazo, particularmente de los miembros de su propia familia, parece ser aún más traumático que la mayor parte de las otras preocupaciones.

Trastorno de la conducta infrasocializada tipo agresivo.

Según Kaplan y Sadock (1987), los trastornos de la conducta de la lactancia, niñez y adolescencia se caracterizan por la existencia de pautas repetitivas y persistentes de conducta antisocial, que violan los derechos de los demás y que van más allá de las travesuras de los niños y adolescentes.

Dentro de estos trastornos específicos de la niñez y la adolescencia se encuentra el trastorno de la conducta infrasocializada tipo agresivo. Los rasgos esenciales de este trastorno son un fracaso en establecer un grado afectivo normal, empatía o vínculos con los demás; una pauta de conducta antisocial agresiva, y problemas de conducta en la escuela. El fracaso en el desarrollo de vínculos sociales se manifiesta por la falta de relaciones sostenidas por amigos, aunque el niño pueda mantener amistad con un compañero mucho mayor o menor que él, o tener relaciones superficiales con otros jóvenes antisociales. El niño presenta una falta de interés por los sentimientos, deseos y por el bienestar de los demás, manifestados por una conducta insensible. Se encuentran ausentes los sentimientos de culpa o remordimientos.

La conducta antisocial agresiva en el niño puede tomar la forma de intimidación, agresión física y comportamiento cruel con los compañeros. Hacia los adultos el niño puede verse hostil, verbalmente abusivo, impúdico, desafante y negativista. Este niño suele ser un niño que ha experimentado un grave rechazo paterno, a menudo alternado con una sobreprotección irreal, sobre todo contra las consecuencias de su conducta indeseable. Estos niños no sólo han tenido una frustración continuada, por sobre todo de sus necesidades de dependencia, sino que no han tenido una pauta de disciplina consistente. Su conducta general es inaceptable en casi cualquier contexto social y suele ser considerado como un mal niño.

Generalmente, la situación familiar de este niño revela una grave discordia matrimonial y una pauta estereotipada de hostilidad verbal y física impredectible. La conducta agresiva del niño rara vez parece dirigida hacia un objetivo definible, y le proporciona escaso placer, éxito o ventaja sobre sus compañeros o figuras de autoridad.

Trastorno explosivo-intermitente:

Los trastornos del control de los impulsos se caracterizan de la siguiente forma:

  1. Fracaso en resistir un impulso, una tendencia a llevar a cabo algún acto que es peligroso para el individuo o para los demás. Puede existir o no existir resistencia consciente al impulso, el acto puede o no ser predeterminado o planeado.
  2. Situación creciente de tensión antes de cometer el acto.
  3. Experiencia de placer, gratificación o alivio en el momento de llevar a cabo el hecho.

Inmediatamente después el acto, puede existir auto-lamentación, auto-reproche o sentimientos de culpa auténticos.

Uno de los trastornos de control de los impulsos es el trastorno impulsivo intermitente. Esta categoría diagnóstica distingue a los individuos que tienen episodios recurrentes de pérdida signifcicativa de control de los impulsos agresivos. Durante estos episodios la conducta da lugar a ataques graves o destrucción de la propiedad y es desproporcional a los estresores psicosociales que la desencadenan. Los signos de impulsividad se encuentran ausentes entre cada ataque.

Se cree que un entorno desfavorable en la niñez es el principal determinante en la aparición de este trastorno. Los factores predisponentes en la niñez son los traumatismos peri-natales, las crisis epilépticas infantiles, los traumatismos craneales, la encefalitis y la hiperactividad. Un ambiente en la infancia en el que exista alcoholismo, golpes, amenazas a la vida o promiscuidad es un factor común a este trastorno. Los factores constitucionales, las primeras experiencias del desarrollo y los estresores normales constituyen a la eficacia del aparato de control o a la intensidad del impulso. Un factor en la génesis del trastorno sería una anormal identificación con las figuras paternas o la naturaleza simbólica del objeto de la violencia. Se ha constatado que una frustración o presión y hostilidad precoces son factores de vulnerabilidad. La situaciones que recuerdan inicialmente estas iniciales deprivaciones, así como las personas que directa o indirectamente suscitan la imagen del padre frustrante se convierten en el blanco de la agresividad destructiva.

Sadomasoquismo:

Según Kaplan y Sadock(1987), existen tipos de personalidad caracterizados por elementos de sadismo, masoquismo o por una combinación de ambos (sado-masoquismos). En la práctica se encuentra que una misma persona se dan elementos de conductas sádicas y masoquistas.

El sadismo consiste en el deseo de producir dolor en los demás, ya sea a través de abusos sexuales o a través de abusos de carácter general. Según Freud, "el sádico conjuraba el miedo de castración y sólo era capaz de alcanzar placer sexual cuando podía hacer a los demás lo que temía que le iban a hacer a él" (Kaplan y Sadock, 1987, p.398).

El masoquista se caracteriza por alcanzar gratificación sexual mediante el dolor propio. Más comúnmente, el masoquista busca la humillación y el fracaso más que el dolor físico.

Según Freud, la capacidad del masoquista para alcanzar el orgasmo se encontraba alterada por los sentimientos de ansiedad y culpa hacia el sexo, que son aliviados por su propio sufrimiento y castigo.


Métodos de medición de la agresividad.

Según Edmunds y Kendrick(1980) existen un sinnúmero de formas de medir la agresión, entre las que se destacan las técnicas proyectivas. Dentro de éstas, las que han tenido mayor popularidad en la medición de la agresividad encontramos el Test de dibujo de Frustración de Rosenzweig, el TAT y el test de Rorschach.

Los cuestionarios, escalas e inventarios son las formas más prácticas de medir características de la personalidad. Estos instrumentos han sido desarrollados de distintas formas, ya sea de una manera intuitiva, de forma empírica o de forma teórica. Así, podemos encontrar :

  1. Instrumentos desarrollados de manera intuitiva: escala de hostilidad de Iowa, la escala de hostilidad de Cook y Medley, la escala de hostilidad manifiesta, la escala de hostilidad de Sarason y el cuestionario de agresión y hostilidad de Green y Stacey.
  2. Instrumentos desarrolados de manera empírica: la escala de agresión y hostilidad de Schultz, la escala de agresividad de Zaks y Walter y la escala de agresividad sobrecontrolada.
  3. Instrumentos desarrolados de manera teórica: la escala de necesidad de agresión, el cuestionario de dirección de hostilidad y el inventario Buss-Durkee


Conclusión.

Tras realizar esta monografía, lo único que se puede afirmar es que no existe ninguna postura puede abarcar completamente la multitud de factores causales y expresiones de la agresividad. Hasta el momento no existe un modelo integrador de estas perspectivas en relación a esta conducta específica.

En relación a los trastornos psicopatológicos donde la agresividad tiene importancia fundamental, podemos concluir que el factor común a todos ellos es la dificultad de los individuos para controlar sus impulsos, específicamente los agresivos. Es importante notar que la conducta antisocial no es considerada un trastorno del control de los impulsos, sino que sería una deficiencia conductual específica en relación al grado de socialización del individuo y al aprendizaje de conductas socialmente aceptadas.


Referencias

  • Aluja, A. (1991). Personalidad desinhibida, agresividad y conducta antisocial. Barcelona: PPU.
  • Bandura, A. y Ribes, E. (1978). Modificación de la conducta: análisis de la agresión y la delincuencia. México: Trillas.
  • Barra, E. (1998). Psicología Social. Concepción: Universidad de Concepción.
  • Cermignani, E. (1991): Bases neurobiológicas de la agresión. En Lolas, F. (compilador) Agresividad y violencia. Buenos Aires: Losada.
  • Edmunds, G. & Kendrick, D.C. (1980). The measurement of human aggressiveness. Chichester: Ellis Horwood.
  • Fisher, J. (1966). Agresión interespecífica. En J.D. y Ebling, F.J, (compiladores) Historia natural de la agresión. México: Siglo XXI.
  • Hill, D.(1966).Agresión y enfermedad mental. En J.D. y Ebling, F.J, (compiladores) Historia natural de la agresión. México: Siglo XXI.
  • J.D. y Ebling, F.J, (1966) Historia natural de la agresión. México: Siglo XXI.
  • Kaplan, H. y Sadock, B. (1987). Compendio de psiquiatría. Barcelona : Salvat.
  • Lolas, F. (1991): Agresividad, agresión, violencia. En Lolas, F. (compilador) Agresividad y violencia. Buenos Aires: Losada.
  • Lolas, F.(1992). Estudio neurobiológico de la agresividad. Revista Universitaria, 36, 36-39.
  • Rapaport, E. (1992). Psicología de la violencia. Revista Universitaria, 36, 31-35
  • Roldán, C. (1993). Génesis del vínculo entre cultura y violencia. Revista Colombiana de Psicología, 2, 71-80.
  • Veness, T. (1966). Introducción a la hostilidad en grupos pequeños. En J.D. y Ebling, F.J, (compiladores) Historia natural de la agresión. México: Siglo XXI.
  • Zegers, O. (1991). Fenomenología de la conducta agresiva en el hombre. En Lolas, F. (compilador) Agresividad y violencia. Buenos Aires : Losada.