Inconsciente colectivo y Arquetipos, en Relación con el Proceso de Individuación, según la Psicología Profunda de C.G.Jung

Por clbustos. En 2007-12-12 19:46:48 -0800

Ps. Claudio Bustos

Ps. Mauricio Jarpa

Ps. Verena Nuñez

2000


Introducción

La psicología análitica, rama derivada del psicoanálisis creada por Carl Gustav Jung, sigue conteniendo algunas de las más atrevidas propuestas que ha entregado la psicología al ámbito de las ciencias humanas. Más allá de compartir los supuestos del psicoanálisis clásico, ya de por sí controvertidos, agrega dentro de su sistema conceptos tales como el inconsciente colectivo, los arquetipos y en etapas más tardías de desarrollo, la conceptualización del inconsciente como entidad psicoidea y, desde allí, la validez de estudio de fenómenos sincronísticos como la premonición y la telepatía.

Este informe tendrá como eje el concepto de individuación, el cual es considerado por Jung como el proceso mediante el cual el ser humano puede lograr ser el mismo, realizándose como individuo. Si bien el concepto de desarrollo personal aparece también como tema principal en otras tendencias, especialmente en las existenciales, en el modelo Jungiano adquiere ribetes particulares al verse circunscrita dentro del paradigma psicodinámico. A diferencia del enfoque Rogeriano, que implica la existencia de condiciones ambientales muy positivas para el logro de la realización, o el modelo gestáltico, que propugna la actualización inmediata de las gestalt emergentes, Jung afirma que el proceso de desarrollo personal depende fundamentalmente de características como el valor o la entereza, necesarias para enfrentar un proceso de desarrollo personal doloroso y lleno de riesgos (psíquicos). Arcaicos valores parecen estos en comparación a la congruencia rogeriana o a la expresividad gestáltica, pero frente a los peligros psíquicos que trae el descubrimiento de los arquetipos, estos parecen ser los únicos bastiones que permitirían mantener una individualidad verdadera, no mera simpatía bonachona frente al mundo (como criticaba ácidamente Manson en su libro contra la terapia a Rogers) o una vacua emocionalidad inestructurada.

Si bien para el lego parece requerir un acto de fe tremendo creer en la existencia de un inconsciente colectivo y de arquetipos, basta aceptar un par de premisas para que las argumentaciones de Jung tomen sentido: en primer lugar, los acontecimientos psíquicos pueden ser estudiados como hechos, como realidad que suceden dentro del hipótetico espacio psíquico de una individualidad; este el argumento básico de la rama filosófica de la fenomenología. Así, ya existiendo alguien que piense en el arquetipo, este pasa a tomar consistencia como un hecho "real", por lo menos dentro del ámbito psíquico de esa persona. Aceptando esto, sigue la duda sobre la validez del concepto de arquetipo en relación a su existencia en el lenguaje; es en estos momentos donde surge la duda sobre la mera retórica del discurso del arquetipo y sus posibles efectos debido a la reestructuración del discurso. Se puede argumentar que si bien la expresión de este fenómeno psíquico está mediada por el factor cultural del lenguaje, es impropio reducir el primero al segundo, lo que constituiría un craso error lógico: como diría Luhmann, los sistemas sociales basados en la comunicación y los sistemas psíquicos basados en los pensamientos y afectos son cerrados y autopoyéticos, lo que no implica que no sea posible transmitir información desde un sistema a otro. Y, aunque no tenemos la certeza de que ese sistema psíquico exista, por lo menos existen ciertas particularidades lingüísticas que dan cuenta de él, tienen ciertos patrones, se repiten a lo largo del tiempo y, cosa extraña, cuando ciertos principios derivados de sus reglas se aplican en comunicaciones diádicas, se producen cambios conductuales que son catalogados como beneficiosos, aún cuando no se expliciten en esta relación los conceptos teóricos que sustentan el modelo de la psicología analítica. Por lo menos será suponer creer que las comunicaciones de los seres humanas poseen ciertas reglas a priori que se manifiestan en todo tiempo y lugar, especialmente en los temas tocantes a los constructos religiosos. Y, aunque nuestro lego constructivista radical aún no se convenza, en última instancia y tomando prestado el argumento de uno de nuestros estimados compatriotas, todas las realidades son válidas, pero la que ofrece la individuación de Jung parece ofrecer un mayor autoconocimiento, humildad y fortaleza que otras.

Con relación al plan de este informe, éste busca ser una introducción a la psicología analítica, particularmente al tema de la individuación y otros requeridos para comprender este proceso en plenitud, cuales son el de inconsciente personal, inconsciente colectivo y arquetipos. Se ha omitido una alusión expresa al tema del simbolismo; este es un ámbito muy amplio donde Jung se explaya latamente y del cual se podría hacer con él solo un reporte; de todos modos, se entregan a lo largo de todo este texto los conceptos necesarios relacionados con lo simbólico para una adecuada comprensión. Recomendamos leer al interesado el capítulo 1 del libro "El hombre y sus símbolos" y el capítulo 2 del libro "Símbolos de Transformación" para obtener una idea de lo que Jung teorizó sobre el simbolismo.

Este informe se inicia con algunos conceptos básicos de la psicología analítica. Es una introducción al tema bastante breve, que da por conocidos los conceptos básicos de psicoanálisis tradicional y se limita a señalar posibles puntos de discrepancia y presupuestos básicos. En la segunda sección, se inicia la descripción del inconsciente personal e inconsciente colectivo.

Tras las dos primeras divisiones se inicia la tercera sección, el eje principal de este escrito, cual es la correspondiente a la descripción del proceso de individuación y como éste se relaciona con los arquetipos. Es un tema relativamente complejo, ya que al ser un proceso inconsciente que aparece ante el yo como símbolico, esta lleno de significaciones que rebozan lo racional y, por lo tanto, la estructuración lógica y lineal del discurso explicativo. A nuestra manera, nos hemos visto en la obligación de escribir "en espiral", como decía uno de los críticos de Jung sobre el estilo de éste; esto quiere decir, una misma idea se repite varias veces, mirada desde distintos ángulos, hasta que toma una significación más completa, que se representa mejor como imagen que como concepto. Recordemos que el proceso de individuación y los arquetipos son vivenciados, y por lo tanto, están llenos de significaciones tanto cognitivas y afectivas que sobrepasan el discurso corriente.

Como cuarta y última sección, se incluye un breve vistazo sobre las técnicas que ocupaba Jung en su terapia, cuáles son la amplificación, la imaginación activa y especialmente el análisis de sueños, el cual difiere de la formulación hecha por Freud.

Consideraciones generales sobre psicología analítica:

La metodología de estudio de la psicología analítica y la realidad del fenómeno psíquico.

El método utilizado por Jung para estudiar la psique humana es el fenomenológico, entendiendo esto que se considera a los entes psíquicos como sucesos, acontecimientos que tienen el carácter de hecho, no de juicio. La psicología analítica se preocupa de la existencia de determinadas ideas, no de su verdad o falsedad 'objetiva'; "la idea, en tanto existe, es psicológicamente verdadera" (Jung, 1955, p.21). Las ideas, aunque no tengan existencia corpórea, son desde este punto de vista tan reales y peligrosas como los entes físicos, ya sea en sus efectos sobre el organismo del sujeto individual - lo que acostumbramos llamar lo 'psicosomático' - o en las relaciones interpersonales.

Desde este punto de vista, cuando Jung se refiere a la existencia 'objetiva' de ciertos elementos psíquicos, está dando cuenta de la presencia dentro del campo psíquico del individuo de un 'algo' que no corresponde a su consciencia o identidad; el que este 'algo' sea un elemento psíquico o un objeto 'real' es un asunto de interés secundario para el estudio psicológico, ya que como se explicará más adelante, los contenidos psíquicos del inconscientes suelen ser proyectados.

Sobre la consciencia y los complejos

En la psique de los individuos existirían multitud de complejos, los cuales son definibles como “ciertas constelaciones de elementos psíquicos (ideas, opiniones, convicciones, etc.) que están agrupadas alrededor de áreas emocionalmente sensibles” (June, 1973, citado en De Castro, 1995, p.37). El complejo contiene, de este modo, dos factores: un núcleo y un racimo de asociaciones que son atraídas por él. El núcleo está conformado por una experiencia, determinada por el ambiente, y una cierta disposición innata individual; ambas pueden construir, cuando la disposición innata se confronta con una situación experiencial que no se puede manejar, un trauma psíquico. Jung propuso que el núcleo del complejo tiene un tono emocional que está en directa relación con su cantidad de energía.

Los complejos se comportarían casi como personalidad secundarias, que pueden perturbar o incluso reemplazar a la consciencia del yo; la creencia de que nuestros estados psíquicos son de nuestra exclusiva responsabilidad es una idea bastante reciente:

" hasta no hace mucho, aun la gente sumamente civilizada creía en agentes psíquicos capaces de influir sobre nuestro entendimiento y nuestro ánimo. Había magos y brujas, espíritus, demonios, ángeles y hasta dioses que podían provocar ciertos cambios psicológicos en el hombre "( Jung, 1955, p.29)

La consciencia individual es una configuración psíquica de aparición relativamente reciente. En las comunidades primitivas, la pérdida de esta es bastante común, provocando funestas consecuencias sociales; la vida de los primitivos se ve acechada por multitud de peligros psíquicos a los cuales se les oponen multitud de procedimientos y leyes para evitar el riesgo de que estos afecten tanto al individuo como a la sociedad; este proceso se ha ido realizando a través de la creación de ritos e instituciones.

Como podemos concluir, se puede afirmar que la psique humana estaría constituida por un conjunto de complejos, de mayor o menor intensidad afectiva. El yo, dentro de esta perspectiva, constituiría uno más de estos complejos, al cuál le está asignada de forma particular la función de la consciencia, la cual se identificará con determinados procesos psíquicos particulares. Para este yo, el resto de los complejos surgirán como entidades "objetivas" que actúan sobre él y que son sentidas como extrañas; a estas entidades formarían lo que se denomina el inconsciente.

Símbolos : expresión del inconsciente

Recogiendo lo expresado por De Castro (1995), muchas veces el conocimiento intelectual se revela insuficiente para entender la psique humana, ya que buena parte de lo que podemos decir sobre ella son concepciones obtenidas de modo indirecto a partir de la conducta, a las cuales le suponemos un significado que puede ser experimentado y descrito simbólicamente.

Así,

" la aproximación simbólica a la realidad, entonces, puede ser un medio de acercamiento a una experiencia de aquello indefinido, intuido o imaginativo, pero muy real, y que no puede ser alcanzado por otro modo, ya que los términos abstractos conceptuales no son suficientes "( De Castro, 1995, p. 24)

Signo y símbolo

Jung establece la distinción que existiría entre los conceptos de signo y símbolo. El signo sería aquel objeto que haría referencia a otro de un modo convencional; así, la relación entre ambos es creada conscientemente, se aprende por experiencia y es socialmente aceptada. El conocimiento del objeto al cual se hace referencia es de un tipo delimitado y completo dentro de esa especificidad. El símbolo para Jung, en tanto, sería un

" término indeterminado o ambiguo, que refiere a una cosa difícilmente definible, es decir, no del todo conocido "( Jung, 1993, p. 137)

, constituyendo "la expresión de una experiencia espontánea, que nos viene 'desde adentro', y que apunta más allá de la cosa misma a una significación no alcanzada por un término racional" (De Castro, 1995 p.24). El símbolo da cuenta de algo experimentado como real, pero cuya significación no es totalmente definida por los sentidos o la consciencia; es una representación intuida más que conocida:

" … Una palabra o una imagen es simbólica cuando representa algo más que su significado inmediato y obvio. Tiene un aspecto 'inconsciente' más amplio que nunca está definido con precisión o completamente explicado, ni se puede esperar definirlo o explicarlo "( Jung, 1984, p. 18)

El símbolo se caracteriza por presentarse con muchas variaciones, de modo tal que una significación, experiencia o emoción que se expresa simbólicamente en una representación determinada, en otra ocasión podrá tomar otra forma simbólica, que puede o no ser formalmente similar. Entonces, mientras mayor cantidad de estas variaciones conozcamos del símbolo, mejor nos lo podremos representar, al contrario de la formulación del signo convencional, el cual es mejor conocido en tanto más precisa sea la definición racional que hagamos de él.

Pensamiento dirigido y no dirigido.

Si bien los símbolos pueden ser producidos por la consciencia, los que presentan una mayor importancia para la labor terapéutica son los símbolos inconscientes, cuya expresión estaría asociado a un tipo de pensamiento particular, el denominado pensamiento no dirigido. Según Jung, existirían dos tipos de pensamiento, el pensamiento dirigido o lógico y el pensamiento no dirigido, regido por la fantasía. En el primero, sus elementos constituyentes principales son las palabras y los conceptos, relacionados de manera lógica; el segundo, en tanto, estaría constituido por imágenes de naturaleza simbólica.

El pensamiento dirigido, verbal o lógico

El pensamiento dirigido o lógico es aquel utilizado por el individuo para enfrentarse a la problemática del mundo exterior, o sea, tiene como fin la adaptación a la realidad y la acción sobre ella. Se caracteriza porque el razonamiento sigue una dirección determinada, se desarrolla en forma hablada y las imágenes que se generan representan cosas objetivas y reales, en la misma sucesión causal que en los eventos exteriores. Este tipo de razonamiento fatiga y sólo puede utilizarse por breves períodos.

La ciencia y la técnica moderna serían fruto del entrenamiento en nuestra cultura occidental, a través de los siglos, de este pensamiento lógico que permite una adaptación mayor a la realidad externa(Jung, 1993).

El pensamiento no dirigido

El pensamiento no dirigido se caracteriza por la falta de dirección, en el cual una representación sigue a la otra sin acción de la voluntad, sin que el sujeto experimente fatiga. Las representaciones presentes en este tipo de pensamiento son del tipo concreto, empírico, nunca abstracciones; esta darían cuenta no de cómo "es" la realidad, sino de cómo el sujeto desearía que ésta fuese. Es este el pensamiento característico del sueño y del fantaseo, cuya principal característica sería este alejarse de la realidad para expresar tendencias subjetivas no sujetas a la adaptación al medio, dando lugar a una imagen del mundo desfigurada, preponderantemente subjetiva.

El desarrollo histórico del pensamiento dirigido: del mito al sueño

En la antigüedad, debido a la falta de desarrollo del pensamiento dirigido, no existía el interés actual por captar objetivamente como es el mundo real, sino que éste era adaptado a las fantasías y esperanzas de los sujetos; de este modo, "casa cosa estaba animada y era igual a un hombre o a su hermano el animal. Todo era antropomórfico o teriomórfico" (Jung, 1993, p.46). Los mitos surgen entonces como una elaboración de aquellas necesidades inconscientes proyectadas en el mundo exterior.

En la actualidad, ha sido restringido el campo de acción del pensamiento no dirigido, siendo fomentado el uso del pensamiento dirigido; empero, este no ha sido eliminado, ya que este pervive en formas similares a la de la antigüedad en el pensamiento animista de los niños, en los primitivos y en los sueños. Todas las fantasías del hombre moderno, según Jung, fueron en algún tiempo contenidos conscientes o de aceptación general; no cabe calificarlas, entonces, de infantiles o patológicas.

Importancia del conocimiento simbólico

Un prejuicio existente en muchas personas y estudiosos es considerar que la consciencia, la lógica y sus representaciones lógicas y abstractas representan la totalidad, o por lo menos lo más importante, de la psique humana. Diversos estudios refutan este pretendido dominio de la razón y sus representaciones en la mente, para destacar la importancia de las imágenes dentro del funcionamiento psíquico, tanto en lo referido a su valor como representación, su relación con las emociones, como fuente de satisfacción sustitutiva y, por supuesto, en lo relacionado con la formación de símbolos.

Ahora bien, desde la perspectiva jungiana, el pensamiento no dirigido sería aquel emparentado con los estratos más profundos y primitivos de la psique, dando cuenta de aquellos contenidos sepultado por la consciencia y cuya expresión se daría a través de símbolos. Estos representarían las tendencias de la personalidad que todavía no han sido reconocidas o dejaron de serlo por la consciencia, debido a que el yo los considera inaceptables por su inmoralidad o su imposibilidad. Es así que al estar imposibilitados por la razón para obtener conocimientos de determinados elementos de nuestra vida psíquica, la única forma de aprehenderlos es a través de los símbolos que nos entrega el inconsciente.

Inconsciente personal y colectivo

Contenidos y limites

La psique humana estaría compuesta de dos grandes estructuras: la consciencia y todo cuanto ella abarca y lo inconsciente. La parte consciente puede ser definida por el sujeto y por los demás con relativa claridad; ahora bien, la personalidad completa no puede ser definida es totalidad.

A lo indefinible e ilimitado de una personalidad, que no es susceptible de reducir a la consciencia, lo llamaremos inconsciente. No puede conocerse su naturaleza, sino tan solo sus efectos; se le supone psíquica, pero no existe seguridad al respecto(Jung, 1955). En este inconsciente se encuentra tanto aquello que fue reprimido de la consciencia, como aquello que nunca traspasó el umbral de la consciencia. El inconsciente no sólo está formado por elementos adquiridos durante la existencia individual, los cuales constituirían el inconsciente personal, sino que existirían elementos que desbordarían lo meramente personal, los cuales forman lo que Jung denomina el inconsciente colectivo (Jung, 1964).

El inconsciente estaría siempre en actividad y le correspondería una actividad compensatoria con respecto al consciente, cuyo fin es lograr la individuación a través de la consciencia de contenidos inconscientes (Jung, 1964)

Inconsciente personal

El inconsciente personal estaría constituido por ser "adquisiciones de la existencia y, por otra, como factores psicológicos que podrían ser también conscientes" (Jung, 1964, p.63). Estos contenidos, aunque hayan sido reprimidos, pueden volverse conscientes; son contenidos personales, ya que sus efectos o procedencia pueden demostrarse en el pasado y Jung los denomina complejos de carga afectiva(Jung, 1991)

Si un aspecto del consciente se pierde en este inconsciente la falta se siente como una inferioridad moral, la cual se produciría por el conflicto del Yo que exige la compensación del déficit en relación con los motivos personales; esta sensación de inferioridad moral puede expresarse en una neurosis.

La asimilación de la porción inconsciente que fue reprimida tiene como resultado la ampliación de la personalidad; esta ampliación se refiere en primer lugar a una mayor autocomprensión de orden moral, ya que generalmente los contenidos reprimidos son desagradables a la consciencia; el mayor conocimiento de sí mismo puede expandir el horizonte de la consciencia y hacer modesto al hombre, "[ubicando] al individuo en una incondicional, obligatoria e indisoluble comunidad con el mundo" (Jung, 1964, p.136). Los conflictos que surgirán en esta etapa ya no son egoístas, sino que constituyen dificultades que tocan al "yo" como a los demás, tanto en lo relacionado a las relaciones interpersonales como a la relación con la sociedad como un todo; de ahí que las problemáticas emergentes sean de tipo colectivo y las soluciones provengan también del inconsciente colectivo, pudiendo ser válidas para la comunidad.

Inconsciente colectivo

El inconsciente, además de contener elementos originados en la experiencia, produciría contenidos impersonales, colectivos, en forma de categorías heredadas o arquetipos, de naturaleza relativamente animada; a estos estratos más profundos del inconsciente Jung lo denomina inconsciente colectivo. Esta psique colectiva estaría constituida por las funciones psíquica inferiores, de funcionamiento autónomo, que constituirían el fundamento anímico suprapersonal que sustentaría a la funciones conscientes superiores que se habrían desarrollado con posterioridad (Jung, 1964, 1991)

De esta manera, existirían ciertos complejos que son apartados de la consciencia por la represión, pero también habría otros que nunca estuvieron antes en la consciencia y que, por lo tanto, brotan del inconsciente. Estos procesos inconscientes más profundos son factores vivos que ejercen una influencia atractiva sobre la consciencia y, tras un largo proceso de desarrollo que puede ocupar media vida, pueden invadirla con impulsos y creencias extrañas e inalterables, ya que estas al ser colectivas pueden estar en contraposición con las opiniones y necesidades individuales (Jung, 1955, 1964).

La compensación que entrega imágenes del colectivo, como ya hemos señalado, se da con respecto a las problemáticas de las relaciones personales. Ahora bien, cuando las problemáticas son de orden más impersonal, tocando temas morales y filosóficos, las compensaciones son del tipo mitológicas y adquieren características 'cósmicas' si la preocupación del sujeto es verdadera; si la problemática sobre estos temas es superficial o es usada como evasión, la compensación simbólica se expresará en asuntos humanos, teniendo la finalidad de concentrar la atención del sujeto en los asuntos triviales que deberían ocupar su atención.

Los impulsos del inconsciente colectivo provocan temor y fascinación a la consciencia. El miedo que produce la posibilidad de invasión de la consciencia por el inconsciente colectivo está bastante justificado, ya que con gran dificultad el yo consciente puede integrar las ideas extrañas de aquél dentro de su estructura que, por su naturaleza de función inferior, determinan un aumento o una disminución significativa del sentimiento de yo, lo cual indica en el primer caso que estos contenidos se sienten como muy ajenos a la consciencia o, en el segundo, que la identidad con la psique colectiva hace que los contenidos de ésta traigan consigo la sensación de validez general, lo que dificultaría establecer la distancia necesaria para su comprensión. Debido a esto, en personas con un yo débil las imágenes pueden constituir una compensación fácil para insuficiencias personales.

Ahora bien, el individuo puede dejarse avasallar por estos impulsos y, por efecto de la identificación con los contenidos del inconsciente colectivo, caer en la inflación psíquica [1] . Esta inflación, de acuerdo las características personales y a las circunstancias, puede traducirse en lo que conocemos como una esquizofrenia o en el fanatismo entusiasta, representado en el profeta, el mártir o el reformador [2] ; ahora bien, si esta inflación se da en forma grupal, se expresa en el descenso a un nivel moral e intelectual de los sujetos conformantes, lo que los lleva a la disolución del individuo en la masa fanatizada (Jung, 1955, 1964).

También se puede dar el caso que el sujeto rechace de plano los contenidos del inconsciente colectivo, lo que llevará a un restablecimiento de la persona [3] por medios regresivos, o sea, el sujeto limitará su personalidad para no enfrentarse a los contenidos temidos.

La tercera alternativa que se presenta es que el sujeto asimile los contenidos del inconsciente colectivo de manera crítica y vaya más allá de la identificación o la negativa tajante a los contenidos del inconsciente colectivo; esto sería parte del proceso de individuación, el cual será presentado posteriormente.

El papel de la religiones

Se ha visto que el inconsciente colectivo se manifiesta al yo de una manera tal que puede hacer tambalear su equilibrio. Es aquí donde los dogmas y religiones tienen un papel protector frente al asalto de estos impulsos inconscientes, al cual Jung denomina la experiencia inmediata (Jung, 1955). Los dogmas, a través de su rígido sistema de creencias, le permiten al sujeto explicar esta experiencia directa de un "modo tolerable para el poder intelectual del hombre y sin reducir esencialmente el alcance de lo vivenciado ni dañar su evidente significación" (Jung, 1991, p.17), esto último porque el dogma corresponde a la elaboración consciente y colectiva del hecho primordial inconsciente que surge a la consciencia como "revelación", en contraposición a una explicación racional científica que, por su misma naturaleza parcial, no logrará entregar una integración adecuada de los contenidos del inconsciente colectivo a la consciencia (Jung, 1955).

El dogma representa una protección; "la vida de lo inconsciente colectivo ha sido captada casi íntegramente en las representaciones dogmáticas arquetípicas y fluye como una corriente encauzada y domada en el simbolismo del credo y del ritual" (Jung, 1991, p.18). Empero, al ver debilitadas las religiones su poder para entregar significado a la experiencia inmediata, se imponen soluciones del mismo inconsciente que a la consciencia moderna se le aparecen como supersticiosas y aberrantes. Surge la tentación de asimilar símbolos foráneos, tales como las religiones orientales, pero Jung señala que el camino más honesto y fructífero es reconocer la pobreza espiritual de la falta de símbolos, teniendo el hombre como obligación enfrentarse directamente a la experiencia inmediata e iniciar el camino de la individuación (Jung, 1991)

Arquetipos y su relación con el proceso de individuación

Arquetipos

Los arquetipos serían las "formas o imágenes de naturaleza colectiva, que se dan casi universalmente como constituyentes de los mitos y, al propio tiempo, como productos individuales autóctonos de origen inconsciente" (Jung, 1955, p.83). Jung se dio cuenta de su existencia analizando los sueños, las fantasías y las producciones psicóticas de sus pacientes, en los cuales aparecían temas que no podían tener una explicación invocando los recuerdos conscientes y subconscientes de la biografía individual.(Jung, 1964).

El arquetipo constituiría una condensación de innumerables procesos psíquicos de muchos individuos, constituyendo así una forma típica de determinada vivencia siempre reiterada. El arquetipo no determina de un modo directo la experiencia de un sujeto - no constituye una herencia de representaciones -, sino que establece un patrón formal según el cual se van a ordenar distintos elementos psíquicos, en función de las particularidades de la personalidad y experiencia del sujeto, de modo tal que se volverán a producir las mismas o parecidas ideas en sujetos de índole muy diversa.

Los arquetipos no serían transmisibles por la tradición, sino por la herencia, ya que incluso las más complejas imágenes arquetípicas se reproducen en distintas culturas sin existir tradición directa. Lo que sí se transmite por tradición es la formulación elaborada conscientemente del mito. Así vemos que entre el arquetipo y las representaciones colectivas existe una relación indirecta, ya que el primero corresponde a un elemento psíquico no sometido a elaboración consciente; es esta última y su expresión la que se observa en la cultura de los pueblos de distintas maneras. En los pueblos primitivos, se da en la forma de doctrinas tribales; posteriormente, lo encontramos en la forma de los mitos y leyendas.

El mecanismo psíquico a través del cual se expresa el arquetipo sería, principalmente, la proyección:

" Todos los procesos naturales convertidos en mitos […], [son] expresiones simbólicas del íntimo e inconsciente drama del alma, cuya aprehensión se hace posible al proyectarlo, es decir, cuando aparece reflejado en los sucesos naturales. La proyección es hasta tal punto profunda que fueron necesarios varios siglos de cultura para separarla en cierta medida del objeto exterior "(Jung, 1991, p.12)

La Persona [4]

La persona constituiría el recorte de los contenidos de la psique colectiva, confeccionado por el yo basándose en una imagen ideal en la cual quisiera transformarse. La persona excluye todos aquellos contenidos que no le son completamente acordes, siendo estos reprimidos, negados y descuidados; su origen se encontraría, en una primera instancia, en los intentos del niño de manifestar un comportamiento acorde a las expectativas de sus mayores y, posteriormente, en la formación de la persona propiamente tal como respuesta a la crisis de identidad en la adolescencia.

La persona "constituye un compromiso entre el individuo y la sociedad, referente al papel que ha de desempeñar por el hecho de tener un nombre, adquirir un título o desempeñar un cargo siendo tal o cual personaje" (Jung, 1964, p.101). De este modo, la formación de un yo, de una identidad, requiere de un cierto grado de persona, ya que está en un permanente esfuerzo de adaptación frente a las exigencias del medio externo.

Al tratar de diferenciar lo netamente individual en la persona, nos damos cuenta que ésta no es "real", ya que la apariencia de individualidad nos la da el que sea una porción particular del inconsciente colectivo; la "realidad" a la cual hacemos referencia en este instante es a la de la diferenciación individual, ya que la persona obviamente cumple su función y es real para la sociedad.

Si el sujeto falla en diferencia adecuadamente el yo de la persona, es posible la formación de un pseudo-yo o pseudo-ego, cuya personalidad estaría basada en la imitación estereotipada de modelos sociales o en la dudoda realización "personal" de la porción del inconsciente colectivo asignada por el yo. El pseudoego no es sólo rígido, sino también frágil y quebradizo, ya que está separado de la intencionalidad de la psique completa - el self (De Castro, 1995). Frente a esta posición de la consciencia, el inconsciente no puede dejar de cumplir con su acción compensadora: "la orientación puramente personal de la consciencia produce reacciones por parte del inconsciente, las cuales, al lado de las represiones personales, contiene brotes de un desarrollo de la individualidad, bajo el envoltorio de fantasías colectivas" [5] (Jung, 1964, p.102). El que el yo sea meramente personal obviamente lleva a que muchos contenidos psíquicos sean reprimidos lo que, como ya se ha señalado, produce un bloqueo de las energías psíquicas que el inconsciente intenta activamente compensar. De este modo, el inconsciente busca la expresión de las tendencias reprimidas de la consciencia por acción de la persona a través de, por ejemplo, fantasías, imágenes en sueños e, incluso, en una neurosis.

Por otro lado, cuando la formación de la persona es inadecuada a causa de un pobre entrenamiento social o a causa de un rechazo de las formas sociales, el sujeto no podrá ejercer o rehusará ejercer con éxito el rol social. Tal sujeto sufrirá un déficit de equilibrio y serenidad y tendrá una innecesaria desconfianza e hiperdefensividad.

Sombra

La sombra representaría lo que se considera inferior en nuestra personalidad. La sombra se refiere a lo que comúnmente denominamos nuestro Doble, el Alter ego, el personaje negro, etc. Es nuestro otro yo, es aquella parte de la personalidad que ha sido reprimida en nuestro cuidado del yo ideal comprometido con la persona. Cuando la sombra figura en nuestros sueños y fantasías, representa el inconsciente personal (De Castro, 1995)

Las tendencias que en la estructura psíquica dan cuenta de lo antisocial por lo general son suprimidas de la consciencia de manera consciente. Ahora bien, aquellos contenidos que son reprimidos no son necesariamente antisociales, pero si pueden ser poco convencionales; la razón por la cual se reprime tampoco es inequívoca. El mecanismo supresivo constituye una decisión moral consciente, en tanto que la represión saca de la consciencia los impulsos desagradables. La supresión puede causar sufrimiento, pero no neurosis; esta última es un sustituto del sufrimiento legítimo. Cuando la persona reprime aquellos aspectos desagradables de su psique, pierde la oportunidad de conocer y entender aquellos aspectos primitivos de su mente, que son menos ideales de lo que esperamos. Toda persona intenta vivir de manera ordenada, culta y moral, pero eso no le resta fuerza a los impulsos internos de índole más arcaica.

Entonces, toda persona posee disposiciones e impulsos que son rechazados y reprimidos por estar en contradicción con nuestros principios conscientes de orden moral, estético u otros.

" A todo hombre síguele una sombra y cuanto menos se halle ésta materializada en su vida consciente, tanto más oscura y densa será. "(Jung, 1955, p.121)

La inferioridad consciente puede ser superada, pero si es reprimida nunca es corregida y, además, en un momento de descuido lo reprimido puede estallar súbitamente.

Es menester, para lograr la integridad psíquica del individuo, que este tome contacto con su sombra. No se le puede suprimir, ni tampoco es remedio recomendable la supresión de la moral que destruye de por sí la posibilidad de una integración. La sombra no es de ordinario completamente mala, sino simplemente mezquina, inadecuada y molesta; además, contiene ciertas propiedades primitivas que embellecen y vivifican la existencia, de un modo que choca a las reglas tradicionales.

Ánima y ánimus

Conceptos generales

El ánima en el hombre y el ánimus, en la mujer, corresponderían a representaciones que darían cuenta de la disposición opuesta a la dominante a la consciencia. En el caso del hombre, el ánima representaría lo afectivo, el Eros, en tanto que en la mujer el ánimus representaría las tareas intelectuales, el Logos.

Posiblemente, según Jung, tanto el Anima como el Ánimus, son representaciones psíquicas de genes femeninos y masculinos heredados en nuestro organismo, a partir de los cuales se producirá por la primacía de unos u otros la diferenciación embriológica de los sexos , con todo su contenido potencial psíquico, social y cultural (De Castro, 1995). En el aspecto psicológico-arquetípico, según Jung, siempre ha existido en mitos la idea de la coexistencia de lo masculino y femenino dentro del mismo cuerpo. Tales intuiciones por lo general han sido proyectadas en la forma de la pareja divina o en la naturaleza hermafrodita del creador. (Jung, 1955)

Es necesario hacer notar que el análisis que hizo Jung sobre la figura del ánima es más extenso y profundo del que hizo sobre el del ánimus. Por lo tanto, la descripción de las características de este último arquetipo en la literatura jungiana es bastante vaga y limitada. De todos modos, es posible establecer variadas analogías entre las características del ánima y ánimus, de modo tal que procesos como la proyección del ánima en las mujeres y el enamoramiento subsecuente pueden ser aplicados a la psicología femenina del ánimus sin demasiada fuerza.

El ánima

El ánima constituiría la representación simbólica de la vida psíquica inconsciente como tal; es necesario aclarar que si bien el ánima parece abarcar todo lo que es inconsciente, ésta es sólo un arquetipo entre otros, que caracteriza un aspecto particular de éste. De esto da cuenta, por ejemplo, que sea un ente femenino - lo cual, según Jung, se daría por razones de orden socio-cultural, biológico y arquetípico.

La expresión del inconsciente se realizaría, como ya hemos visto, preferentemente a través de símbolos e imágenes.

" Cuando más limitado sea el campo consciente de un sujeto, tanto mayor será el número de contenidos psíquicos (imágenes) que aparezcan en cierto modo exteriormente, o como espíritus o como entes mágicos proyectados sobre vivos. "(Jung, 1964, p.149)

En un momento mayor de la evolución psíquica estos contenidos ya no se sienten como extraños, sino más bien como propios, sin que por ello se tenga la sensación de que sean partes de la consciencia subjetiva; se sitúa en un punto intermedio entre la consciencia y el inconsciente. Psicológicamente hablando, constituiría un complejo parcialmente autónomo que no se ha integrado a la consciencia, que si bien se siente como pertinente a la consciencia, a la vez se revela llena de inspiración y advertencias; en la mayoría de las civilizaciones se representa como una multitud de almas dentro del sujeto y en las culturas occidentales aparece como la figura femenina a la cual Jung denomina ánima.

El alma o ánima es lo vivo y causante de vida en el hombre. Busca que la existencia sea emocionalmente rica, y para ello "fortifica, adultera y mitologiza todas las relaciones emocionales que se establecen con la profesión y con gente de ambos sexos"(Jung, 1991, p.67), preservando al hombre de la inercia de lo conocido y de la racionalidad. El ánima, además de provocar miedo, provee de inspiración y estímulo al hombre. El ánima, entonces,

" "es un arquetipo natural que subsume de modo satisfactorio todas las manifestaciones de lo inconsciente, del espíritu primitivo, de la historia de la religión y del lenguaje[…]No es posible crearla, sino que es a priori de los estados de ánimo, reacciones, impulsos y de todo aquello que es espontáneo en la vida psíquica. Es algo viviente por sí, que nos hace vivir; una vida detrás de la consciencia, que no puede ser totalmente integrada en ésta y de la cual, antes bien, procede la consciencia "(Jung, 1991, p.33)

Como todo arquetipo, si este no es bien asimilado por la consciencia provoca efectos negativos en el equilibrio psíquico. Así, si este complejo está expandido en la consciencia masculina provoca el fenómeno de la "animosidad", en el cual "[se] afemina el carácter del hombre y lo hace sensible, susceptible, caprichoso, celoso, vanidoso e inadaptado. Resulta un hombre en estado de 'malestar', que difunde el malestar en un más amplio círculo"(Jung, 1991, p.67).

Jung plantea que la acción del ánima explica muchos de los “enganches” y “flechazos”, que van incluso más allá de la propia voluntad de los involucrados. En estos casos, el enamoramiento constituye un complejo autónomo, sustraído al control de la voluntad: el yo simplemente asiste a la proyección de su alma masculina y femenina. Por lo tanto, enamorarse para un hombre, podría ser una mezcla de proyecciones del anima sobre una mujer concreta, junto a una apreciación de otras virtudes y rasgos que atraen al enamorado (De Castro, 1995)

El ánimus

El Ánimus representa para la mujer, al igual que en el hombre, todo lo que no es actitud consciente. A diferencia del hombre, en el cual lo inconsciente se representa como lo femenino particular y excluyente, en la mujer se simboliza en la multitud indeterminada de lo masculino. Así, toma la figura de los patriarcas, de la herencia familiar, de la opinión pública llena de frases "razonables" e irrebatibles. El ánimus no produce emociones, sino opiniones (Jung, 1964)

El ánimus, si no es integrado de modo adecuado a la personalidad, puede producir una personalidad que sea catalogada como ‘rara’: es probable que la mujer no sólo no emita opiniones ‘razonables’, sino que trate de imponer sus juicios a los demás con autoritarismo, tratando de sobresalir, buscando éxitos verbales. En estos casos, según Jung, es muy probable que el ánima del hombre sea quien interactúe con el ánimus de la mujer, de modo tal que el hombre - instigado por su ánima - se irritará grandemente antes esas tan irreflexivas y tajantes afirmaciones de la mujer - o, más bien, de su ánimus - creyendo la mujer tener siempre la razón.

Por otra parte, cuando las mujeres logran integrar el ánimus de buen modo en su personalidad, logran poseer un fuerte atractivo para los hombres. Estas mujeres se interesan por los hombres y les gusta escucharlo, rara vez están a la defensiva, no desean deslumbrar y no les molesta equivocarse (De Castro, 1995) El ánimus integrado, a diferencia del ánima, entrega no la energía vital intuida, sino la palabra creadora, precursora de ideas.

La Personalidad-maná

Cuando el yo enfrenta a su ánima y logra integrar sus contenidos, éste logra intuir el secreto orden del cual emanaba la arbitrariedad del ánima; surge aquí el arquetipo del significado, el cual se representa como una figura de autoridad, llena de sabiduría. Jung denomina a este ente como Personalidad-maná, el cual correspondería al ser lleno de ocultas cualidades mágicas, pleno de mágicos conocimientos y energías. La personalidad-maná es dominante en el inconsciente colectivo. Es el conocido arquetipo del hombre poderoso en forma de héroe, de cacique, de mago, de curandero, de santo, dueño de hombres y espíritus y amigo de Dios. En tanto que el yo se apropia aparentemente del poder perteneciente al ánima, el yo se convierte directamente en personalidad maná

Al vencer el yo al ánima, pareciera que aquel logra domar y controlar la fuerza de lo inconsciente - el maná. En realidad, el consciente no se ha hecho dueño del inconsciente, sino que el ánima perdió su fuerza irresistible sobre la consciencia, en la misma medida en que el yo supo explicar sus impulsos con el inconsciente. Ahora, si el yo pretende usurpar el poder del inconsciente, este reacciona con un ataque sutil. En este caso, con la dominante personalidad-maná, cuyo enorme prestigio subyuga al yo. Como podemos observar, del peligro de la posesión por el ánima pasamos a la posesión del maná. Frente a esto, sólo cabe aceptar la debilidad del yo frente a los poderes del inconsciente, reconociendo que estos son incontrolables y que el yo, a lo más, puede adquirir una mayor consciencia de ellos. Así, de la asimilación del arquetipo del maná, obtenemos un individuo que se hace mayor en el saber y mayor en la voluntad (Jung, 1964)

El "Si-mismo" o Self

El yo consciente estaría subordinado a un "sí-mismo" o self, que constituye el centro de la personalidad psíquica total, que sería ilimitada e indefinible, no susceptible de formulación y sólo simbólicamente expresable. Este "si-mismo" constituiría la totalidad del hombre, tanto en lo referido a lo consciente como a lo inconsciente.

La experiencia del self jungiano no es una experiencia psíquica de sentido y dirección general, igual para todos; es una fuerza que se expresa de un modo muy particular para cada individuo, que lo impulsa a la individuación, a realizar la propia existencia.

El modo de trabajar del Self se parece a una energía que apunta hacia una totalidad y que tiene una meta de evolución y desarrollo. Así, el yo aparece no como un hacedor de la personalidad, sino como un ejecutor subordinado a un plan inconscientemente pre-especificado, que va más allá de sus valores e ideas, e incluso puede ir contra ellas. El Self aparece como un intento de cambio y reevaluación.

El error del hombre moderno consiste en creer que con el intelecto - una parte de la psique- puede comprender la totalidad psíquica. En verdad, la psique como totalidad es la que cobija a la consciencia, extendiéndose ampliamente más allá de los límites de ésta; de este modo, lo inconsciente tiene un gran poder para limitar y amenazar a la consciencia. Esta disposición anímica no es producida en libre albedrío por el hombre sino que, al contrario, limita su libertad en alto grado, ya que llena al hombre de motivaciones y necesidades que no necesariamente van de acuerdo a los principios del yo consciente. Generalmente, las personas resuelven esta situación tomando como propias las inclinaciones anímicas, perdiéndose la oportunidad de tomar distancia de los impulsos; esto última nos da la libertad de, por lo menos, elegir a que instancia psíquica satisfaremos y a cual no .

Este "si-mismo", en su expresión es comparable a lo que tradicionalmente conocemos como Dios. Psicológicamente, ocupa la posición anímica más fuerte, produciendo en el hombre el miedo, la sumisión y la alegría extremos. Jung utiliza el término "divino" para esta experiencia, la cual se constituiría así en mística. (De Castro, 1995)

Simbolismo del self

El self se presenta, como todos los contenidos del inconsciente, a través de símbolos. Junto a las emociones místicas, se presentan determinadas representaciones típicas. Generalmente, estas imágenes dan cuenta del proceso de formación de un nuevo yo más amplio (el propio self), dentro de un continente o un sitio resguardado; este ser, en lo psíquico, toma las características de lo divino, en tanto provoca la experiencia mística. El ser divino, la chispa de vida, se expresa en lo redondo; las cualidades de esta divinidad, lo constituyente en cuanto real, o sea, la forma de contacto con él se representa en el cuatro. La unión de ambos símbolos en un símbolo de conjunción formará el mandala.

En las próximas secciones se presentará una explicación más acabada de lo anteriormente expuesto.

Lo redondo y el número cuatro

Ya desde los griegos tenemos antecedentes de la importancia del número cuatro. El cuatro sería el origen y la raíz de la naturaleza eterna; según Platón, el cuerpo provendría del cuatro y Pitágoras caracterizó al alma como un cuadrado. Aparece también en la iconología y especulación cristiana, ocupa un papel preponderante en la filosofía gnóstica y a partir de esta en la Edad Media hasta entrar en el siglo XVIII.

Al número cuatro se le une, por lo general, la imagen del círculo, como expresión de la perfección y la divinidad. La representación de lo "redondo" en la Edad Media correspondió a la piedra filosofal, la cual es asociada también a la idea del "segundo Adán", ser de naturaleza pura y no corruptible. Ahora bien, la divinidad se habría creado en base al cuatro, específicamente, los cuatro elementos; en otras concepciones, la divinidad es la ciudad y su acceso se da a través de cuatro portones, lo divino reposa sobre cuatro pedestales, etc. "El cuatro simboliza las partes, las cualidades y los aspectos del Uno"(Jung, 1955, p.93 - en bastardillas en el original).

Este simbolismo del cuatro, que en la antigüedad estaba relacionado con la divinidad, en el hombre actual cambia para representar algo sobre el sujeto o sobre algo de ellos mismos; representaría una especie de fondo creador, una luz que entrega vida en el inconsciente.

Entonces la cuaternidad, que representaba antes de la edad moderna al Dios que se manifiesta en su creación, en el hombre moderno representaría al Dios interior; la cuaternidad entrega la posibilidad de contacto con este 'Dios interior', contacto que posee las características de una experiencia religiosa.

El mandala

El mandala es el círculo mágico o ritual que se emplea particularmente en el lamaísmo y también en el yoga tántrico, como instrumento de contemplación. Por lo general, consiste en un círculo alrededor o dentro del cual se encuentra un cuadrado u otra figura. Generalmente, en el centro del mandala se ubica una figura religiosa de valor supremo. Los mandalas ubicados en los templos en el Tibet son utilizados como modelos de imaginación activa para la construcción de los mandalas individuales. Cuando un individuo se encuentra en un conflicto religioso o en un problema personal, se hace un mandala y mediante éste se trabaja por la solución del problema interno. En algunas escuelas tántricas se ha renunciado al modelo externo, utilizándose solamente mandalas imaginados, que se utilizan tanto de sustento de la meditación como también de representación del cuerpo.

El mandala ocuparía el rango de un símbolo de conjunción, de reconciliación de los contrastes, que permitiría la expresión de una actitud religiosa. La aparición del mandala en sueños y fantasías se da en los momentos en que el individuo se acerca al camino de la individuación. Constituyen una tentativa del inconsciente para compensar una situación desordenada o confusa en lo consciente; representa simbólicamente la totalidad psíquica, de manera tal que los diferentes pares de contrarios de la psique se unen en una síntesis superior. Este factor de conjunción obra como "Dios", puesto que así es denominado al factor psíquico arrollador; en el hombre moderno, como ya habíamos señalado en el caso de la cuaternidad, el espacio central correspondiente a la divinidad es ocupado por la totalidad psíquica.

La experiencia de contacto con el mandala en los sujetos tratados por Jung se puede entender como el retorno a sí mismo, la aceptación propia y la reconciliación consigo mismo y con el mundo.

La mandala moderna surge como respuesta a la no proyección de la figura divina, lo que lleva a su introyección, pudiendo producirse la inflación del yo y la disolución de la personalidad. De ahí la delimitación redonda o cuadrada del centro en torno a la cual se yerguen muros protectores, concentrándose así todo en el "si-mismo"; esto representa una necesaria autolimitación, que evita la inflación y la disociación.

De este modo, podemos observar que "Dios", al no ser proyectado en el exterior, es simbolizado por el inconsciente como un hombre divino encarcelado y protegido, privado de personalidad y representado por un símbolo abstracto. El mandala sería ese símbolo del ser divino dormido que se hallaba en el cuerpo y que actualmente está revivido o también puede representar el lugar donde se realiza la transformación del hombre en divino

Individuación y procesos involucrados

Según De Castro (1995), el proceso de individuación sería un proceso espontáneo de maduración psíquica , que el análisis terapeútico, no hace sino favorecer, pero cuyo principio se encuentra inscrito en el desarrollo humano mismo. Generalmente es sufrido con mayor intensidad por las personas a raíz de una crisis espiritual fuerte, o de un análisis terapéutico, o bien ocasionando por el desencadenamiento de una neurosis.

Para comprender el proceso de individuación tal como lo desarrolla Jung en su obra, es necesario retomar las consideraciones sobre los resultados de la inflación yoica producto de la invasión por el inconsciente colectivo. A esta inflación le acompaña una disolución de la personalidad en sus pares antagónicos; esto quiere decir que al contener el inconsciente colectivo todas las virtudes y vicios del hombre, al invadir al yo lo llenan de impulsos tanto positivos como negativos para el individuo y la sociedad, que mal hará la consciencia individual en considerarlos propios. Ahora bien, el desarrollo personal involucra el reconocimiento de la incompatibilidad de los antagonismos expresados simultáneamente y la lucha del yo por alcanzar lo bueno y reprimir lo malo, lo que implica distinguir qué de los contenidos psíquicos que afloran a la consciencia son fruto del propio individuo y cuáles son expresiones del inconsciente colectivo. Así, "para el desarrollo de la personalidad es condición imprescindible una estricta diferenciación de la psique colectiva, porque toda diferenciación defectuosa produciría inmediatamente una fusión de lo individual con lo colectivo"(Jung, 1964, p.89); sólo en esta diferenciación se puede producir el progreso ético y espiritual del individuo y la sociedad. A este proceso de diferenciación que tiene por meta el desarrollo de la personalidad individual lo denominados individuación y tiene como objetivo la conversión de la personalidad en el sí-mismo; con esto Jung no se refiere al individualismo como tradicionalmente se le conoce, sino a la búsqueda de la plenitud de la peculiaridad de cada cual. Paradójicamente, la separación estricta entre el inconsciente colectivo y la consciencia se logra sólo con la asimilación de los contenidos inconscientes a la consciencia, de modo tal que esta última, permaneciendo íntegra, pueda tomar todos los elementos del inconsciente a su manera, evitando los riesgos de una posesión o una negación de los contenidos inconscientes.

Como ya se ha señalado, el inicio del proceso de individuación estaría marcado por la necesidad de adaptación del yo hacia el interior, hacia el inconsciente colectivo, lo que generalmente está enmarcado en la búsqueda de solución a un problema personal irresoluble. Este proceso estaría marcado por la disolución de la persona, la introducción de elementos inconscientes en la consciencia y la pérdida de poder rectora de ésta; la energía que antes se depositaba en el consciente, al no presentarse resultados positivos para el yo, se traslada al inconsciente - lo que en lo práctico se expresaría en la preocupación por los sueños y las fantasías -, desde donde surgen fuerzas irresistibles que influyen de modo considerable en la vida consciente. Este movimiento de energías psíquica provoca un trastorno del equilibrio psíquico que podrá restablecerse mientras "la consciencia esté capacitada para asimilar los contenidos producidos por el inconsciente, es decir, para entenderlos y elaborarlos"(Jung, 1964, p.108); en el caso que la consciencia se identifique con los contenidos, se producirá un estado psicótico donde los contenidos del arquetipo se liberan del control de la ésta y la posesionan, y si los rechaza, estaremos en presencia del retorno regresivo a la persona.

Si la consciencia es capaz de asimilar los contenidos del inconsciente colectivo, este último podrá ejercer su función autorregulatoria, de modo tal que los impulsos compensatorios con que apremiaba al consciente desaparecen y la energía puede volver al consciente, el cual ha crecido durante el proceso.

Podemos decir, entonces, que la individuación tiene objetivo la liberación del sí-mismo de las ataduras con la persona y, por otro, del poder de las imágenes del inconsciente colectivo. Esto implica el hacer consciente lo más acabadamente posible la constelación de contenidos inconscientes, y por otro lado, una síntesis de éstos con la consciencia por un acto de reconocimiento. El conocimiento y integración a la consciencia de los elementos inconscientes, relativamente autónomos, no se puede realizar por medio de un descenso directo a los instintos ni por una sustitución intelectualista de éstos, sino que requiere un método dialéctico, un verdadero diálogo con las personificaciones del arquetipo (Jung, 1991)

Las etapas del proceso de individuación y los arquetipos.

El proceso de individuación, según Jung, no seguiría una pauta arbitraria ni se realizaría de cualquier manera. El enfrentamiento del yo consciente con los contenidos inconscientes o arquetipos se presenta como la interacción con personalidad actuantes en los sueños y fantasías. El proceso mismo de cambio se traduce en otra serie de arquetipos, los cuales constituirían los arquetipos de transformación.

Jung señala que la carrera del héroe en los mitos antiguos, coincide con el proceso de individuación. En forma simbólica, las hazañas del héroe marcan etapas de su individuación; la victoria sobre los arquetipos de la sombra, del anima y el ánimus y de la personalidad “maná”, etc., no constituye una destrucción, sino una fusión de éstos con el yo.(Jung, 1964)

Así, tras de la concienciación del arquetipo del anima, no sólo cambia ésta su ser, sino también el yo que la asimila. En ambos se cumple un proceso de muerte y transfiguración del cual surge el self como resultado de la transformación del viejo yo por el proceso de concienciación asimilativa de los arquetipos. Las polaridades que existen en la personalidad no quedan borradas sino integradas.(Jung, 1964)

Los arquetipos personificados en el proceso de individuación

En un primer término, el sujeto debe enfrentarse a su propia imagen, la que oculta tras la persona, de modo tal que descubre todo aquello que le desagradable dentro de sí; si la persona puede soportar y asimilar a la sombra, ha cumplido con el primer paso de trascender el inconsciente personal; esto implica reconocer la impotencia consciencia frente a las fuerzas de este lado oscuro y confiar en los efectos compensatorios del inconsciente, de modo tal que este entregue respuestas en forma de símbolos o imágenes en la fantasía o en sueños que permitan realizar una integración adecuada de la sombra a la consciencia.

Ahora bien, al hacerse el yo en parte inconsciente, descubrimos que nuestra psique está sujeta a la acción de distintos factores de los cuales no somos dueños. De aquí surge el miedo primitivo al oscurecimiento de la consciencia por acción de lo inconsciente al cual, según Jung, debe hacerse frente con la búsqueda de conocimiento de este inconsciente, no de un modo racionalista o científico, sino mediante una paciente espera y una atenta observación sus procesos. Estos procesos, como ya se ha señalado, se expresan en imágenes y en figuras antropomorfas.

Tras el enfrentamiento de la sombra, el sujeto se encuentra con el ánima, o sea, la representación en forma femenina de la vida inconsciente como factor más allá de la consciencia, que señala caminos llenos de vida, sin importar si estos son considerados buenos o malos por la razón. Es así que la relación con el ánima es "una prueba de coraje y una ordalía del fuego para las fuerzas morales y espirituales del hombre" (Jung, 1991, p.35), ya que daría cuenta del impulsos vital, aquella fuerza que es capaz de sacar lo mejor o lo peor de nosotros, "nuestro equívoco más personal o nuestro mejor atrevimiento"(Jung, 1991, p.36). Junto a esta fuerza vital primitiva e irracional , el ánima posee una paradójica sabiduría oculta, la cual sólo se manifiesta a quien discute con ella; a ella le corresponde entregar la intuición de la existencia del un orden secreto tras la arbitrariedad de sus impulsos.

El reconocimiento del significado tras el caos del impulso vital del ánima no se realiza en un estado de racionalidad. En este punto del camino, el individuo no sabe a que atenerse, no siendo sus categorías conceptuales suficientes para comprender su existencia. Es en este momento de derrota de la racionalidad que surge el arquetipo del significado, el cual se representa generalmente en la figura del anciano sabio, el mago, el iluminado, el instructor; es el arquetipo a través del cual se entregan las respuestas del inconsciente.

Ahora, puede surgir en el yo la tentación de fusionarse con el arquetipo del sabio; estaremos en presencia del complejo del "maná"; el yo se ha inflado con la asimilación del arquetipo y cree poseer todas las respuestas. Si el individuo logra ser humilde, se dará cuenta que si bien tiene un cierto conocimiento de lo inconsciente, este sigue teniendo la misma fuerza rectora e ingobernable que tuvo siempre. Es este el momento en el cual la consciencia puede tener la real experiencia de comunión con la totalidad psíquica, ya que puede intuir su significado y dirección, subordinando su existencia a esta fuerza que toma el carácter de divina -el self - unión que generalmente se ve representada en el mandala.

Arquetipos de transformación

El proceso de individuación en sí es representado en una serie de símbolos que constituyen los arquetipos de transformación. Entre los representantes de estos encontramos el sistema Chankra tántrico, el sistema nervioso místico del yoga chino y las imágenes del tarot (Jung, 1991). Siguen una secuencia en las cuales los opuestos se suceden, de manera tal que a la ganancia le sigue la pérdida, a la claridad la oscuridad. Se inicia la serie simbólica en un callejón sin salida u otra situación imposible; su meta es una más consciencia más elevada, con la cual se superaría la situación inicial.

El arquetipo de transformación por excelencia sería el mandala, símbolo que representa el encuentro del yo con el self, o el lugar donde éste se forma.

Técnicas terapeúticas que tienen como objetivo el logro de la individuación

Compartiendo el juicio de De Castro(1995) y otros autores, el aporte de Jung a la psicoterapia es más importante en el aspecto conceptual que en el técnico. Jung, en lo básico, comparte mucho de los aspectos técnicos del psicoanálisis clásico y casi todo lo relacionado con aspectos prácticos propios de la terapia analítica está disperso dentro de la casuística presentada en sus libros como ejemplificación de sus concepciones. De todos modos, es posible señalar como técnicas propiamente jungianas la amplificación y la imaginación activa, las cuales se encuentran en subordinación al particular enfoque con el cual realiza el análisis de los sueños, el cual difiere de la formulación clásica realizada por Freud.

La amplificación

El método de la amplificación, que normalmente se utiliza dentro del análisis de los sueños, consiste en comparar las fantasías del paciente con las producciones míticas pertenecientes al pasado de la humanidad y que se han conservado en el folklore, la literatura, las leyendas y sobretodo en religiones primitivas o evolucionadas. Jung se entregaba a una verdadera orgía de evocaciones culturales, con el fin de descubrir el arquetipo que se expresaba como común denominador entre los mitos y las fantasías del paciente. Así, al transportar las fantasías de los pacientes a los grandes escenarios míticos y legendarios, se lograba tener una visión más amplia de la problemática que el inconsciente entrega a la consciencia.

La imaginación activa

El método de la imaginación activa consiste en que el paciente, en primer lugar, creará obras plásticas que representarán los símbolos aparecidos en sus fantasías y sueños; generalmente, estas toman la forma de mandalas y el trabajo requerido en crearlas sirve para integrar los elementos inconscientes de los cuales ellos son representantes.

Además, la imaginación activa da cuenta de los ejercicios de imaginería en los cuales el paciente debía continuar las experiencias acaecidas en la fantasía o en sueños e incluso podía enfrentarse a los seres arquetípicos; estos entes se convertirían en personajes concretos, si bien simbólicos. A este último proceso se le denomina densificación. Es importante aclarar que Jung propone una posición activa frente a los personajes arquetípicos y no una postura pasiva de mera contemplación; el sujeto debe ser capaz de resolver las situaciones angustiosas que la imaginería le presenta(Jung, 1964)

El análisis de los sueños desde la terapia analítica

Diferencias en el acercamiento a los sueños entre el psicoanálisis y la psicología analítica

El enfoque de Jung sobre la interpretación de los sueños disiente del que realiza Freud. El fundador del psicoanálisis consideraba que los sueños constituían una fachada tras la cual se esconde una realización de deseos inaceptables para la consciencia; desde un punto de vista técnico, los sueños serían el punto de partida para permitir la asociación libre, la cual permitiría con el encadenamiento de ideas al analista descubrir la problemática del paciente.

Jung, con el pasar de los años, consideró que el contenido propio del sueño era importante por sí mismo y que usarlo sólo como iniciación para las asociaciones libres era perder una importante fuente de información, ya que habría muchas otras formas de lograr el encadenamiento de ideas que llevaría al descubrimiento de los complejos. De esta manera, las asociaciones tendientes a la comprensión del sueño debían centrarse sólo en la contextualización de los elementos de éste.

Así, el sueño hay que tomarlo por lo que es, sin conjeturar sobre una posible tendencia de él a engañar; el sueño tiene un valor simbólico de por sí.

El sueño, fuente de conocimiento primordial del inconsciente

Para Jung, los sueños son la fuente del conocimiento más importante del inconsciente, ya que en ellos se encontrarían los mismos conflictos y complejos que son posibles de hallar en los experimentos de asociación, pero los sueños pueden entregar aspectos más profundos, tanto en lo referente a la causalidad de los procesos anímicos como a su tendencia. De esta manera, los sueños representarían autorreproducciones de los procesos inconscientes, es decir, éstos se proyectan en determinadas imágenes simbólicas que se presentan a la mente del soñante como 'objetos' o 'personas'. En palabras del propio Jung (1940, p.73), "el sueño describe la situación interior del que sueña, cuya verdad y realidad no reconoce la consciencia o sólo reconoce a disgusto".

Además de proveernos información diagnóstica sobre la etiología de los trastornos, el sueño puede entregar un pronóstico e incluso como debe iniciarse y aplicarse la terapia; también el sueño puede proveer información sobre la actitud del paciente frente al terapeuta. Es de vital importancia, entonces, no perder de vista que los sueños pueden constituir anticipaciones y que su sentido se puede perder si sólo se les contempla desde una perspectiva causal (Jung, 1940). Los sueños provendrían, entonces, de "una fuente inteligente, dirigida a fines, y por decirlo así, personal" (Jung, 1955, p.43), que busca compensar las omisiones y represiones de la consciencia, con el fin de lograr el equilibrio interior, expresando la capacidad autorregulatoria del inconsciente. Como podemos percatarnos, esta fuente teleológica de los procesos psíquicos sería el self.

El lenguaje onírico

El lenguaje onírico presenta una gran cantidad de imágenes, por lo general no verbales, cuya variedad y complejidad es incluso más variada de la que encontramos en la vida consciente. Estas imágenes oníricas tienden a ser más coloreadas y vívidas que las de la consciencia, ya que están asociadas a gran cantidad de procesos psíquicos, muchos de ellos emocionales.

El lenguaje onírico presenta una gran variedad de formas y características , entre las cuales podemos encontrar:

Lenguaje figurativo

en el sueño se representan ciertas cualidad o entidades abstractas con las imágenes figurativas que ocupamos al hablar. Así, términos como "zorro", "bestia" o "burro", que en el lenguaje común son utilizados para señalar cualidades determinadas, en el sueño aparecen representadas en forma "literal".

Juego de palabras y metáforas

las imágenes representan otra cosa o elemento, en ocasiones formas poéticas. Por ejemplo, un hombre alado podría representar la libertad

La presencia del color

los sueños que poseen una gran carga emocional, hipotetizó Jung, suelen recordarse en colores.

La exageración

Es común que en los sueños se exageren sus elementos. De este modo, aparecen imágenes de personas, cosas o animales en forma desproporcionada, o las situaciones son distorsionadas casi hasta el ridículo.

Lenguaje mitológico

en el sueño aparecerían "metáforas de hechos o seres que han existido desde hace mucho tiempo atrás, y que con el paso del tiempo se han ido modificando en su expresión, pero no en su mensaje central" (De Castro, 1995, p.126)

Aspectos técnicos del análisis de sueño.

El sueño debe enfrentarse sin prejuicios teóricos, de manera que no se limite de antemano doctrinariamente el sentido de un sueño. Los únicos presupuestos que admite Jung son la existencia de un sentido del sueño, el que éste es una expresión específica del inconsciente y la ampliación de consciencia producto de la interpretación del sueño. (Jung, 1940, 1984)

Más que una técnica, el análisis de los sueños es un intercambio dialéctico entre dos personas - el analista y el paciente - en el cual es muy importante considerar la individualidad del sujeto, de manera tal que la interpretación del sueño refleje su personalidad y no las teorías particulares del terapeuta.

En el principio del tratamiento, los sueños suelen ser bastante claros, pero con el tiempo se tornan más confusos, debido a que estos alcanzan un nivel de complejidad mayor y reflejarían, por parto, aspectos más profundos del inconsciente. Frente a estos sueños no se espera el logro de su comprensión inmediata sobre la base de una teoría específica sino lograr una adecuada contextualización, la cual va más allá de la simple acumulación de asociaciones libres libradas a su suerte. La elección por parte del inconsciente de una imagen determinada por sobre cualquier otra es de vital importancia y la interpretación de esta elección es fundamental. Se impone, de este modo, el estricto apego a la imagen del sueño y la interpretación basada en asociaciones directamente ligadas a todos los elementos del sueño, omitiéndose todo material que no forme parte clara y visiblemente de éste (Jung, 1940, 1984).

Además, es importante considerar que el análisis de un sueño aislado tiene poco valor, ya que generalmente los sueños se presentan en una serie y la interpretación de ésta permite corregir los errores cometidos en la interpretación de los sueños individuales; además, la serie de sueños permite reconocer los motivos y contenidos fundamentales (Jung, 1940)

El proceso de análisis propiamente tal consiste, a muy gruesos rasgos, en el registro del sueño por el paciente en su casa, el cual luego es analizado y contextualizado con relación a sus asociaciones con la vida del paciente, al ambiente en el cual éste se desenvuelve y los procesos conscientes actuales de sujeto, como a las relaciones que se pudieran establecer con mitos y religiones del pasado (método de amplificación).(Astete et al., 1998). En forma concreta, Jung describe el procedimiento del siguiente modo:

" Yo procedo del modo siguiente. Divido una página en tres columnas: en la de la izquierda, registro el sueño, espaciando sus fases sucesivas; en la del medio, que es algo más ancha, irá el contexto onírico (constituido por la ayuda de las asociaciones libres, como hemos dicho más arriba); en la derecha, en fin, figurarán las conclusiones que se pueden obtener del conjunto. Nosotros tratamos así al sueño, como haríamos con una inscripción fragmentaria que acabase de ser desenterrada, que no supiéramos descifrar, y que intentaríamos hacer legible con el apoyo de informaciones y complementos extraídos de otros campos "(Jung, citado en De Castro, 1995, p.118)

Tras contextualizar el sueño, es conveniente preguntarse por el papel compensatorio del sueño, o sea, que tendencia consciente busca contrapesar. Después, si se observa la presencia de "símbolos fijos" en el sueño arquetipos, se procede al análisis del inconsciente individual para determinar las relaciones que se presentarían con el inconsciente colectivo, descubriendo los arquetipos que guían los procesos psíquicos del sujeto; el objetivo de esto es lograr la integración de los contenidos arquetipos a la consciencia. (Jung, 1940)

Posteriormente, se puede profundizar el significado de los sueños mediante las técnicas de imaginación activa, tanto en lo referido a la creación de obras plásticas como a las imaginerías propiamente tales. (De Castro, 1995) Es importante considerar que Jung sólo considera válida una interpretación de un sueño si el paciente está de acuerda con éste (Jung, 1940)

Referencia Bibliográfica

Astete, E.Canales, T.Gacitúa, M.Ramirez, P.Sánchez, S. (1998) . Sueños, una perspectiva Jungiana. http://www.apsique.com/wiki/PersJunsu .

De Castro, J. (1995) . Introducción a la psicología de Carl Gustav Jung. Universidad Católica de Chile : Santiago.

Jung, C.G. (1940) . Realidad del Alma. Losada : Buenos Aires. [Compre este libro en Paidos]

Jung, C.G. (1995) . Psicología y Religión. Paidós : Buenos Aires. [Compre este libro en Paidos]

Jung, C.G. (1964) . El yo y el inconsciente. Luis Miracle : Barcelona. [Compre este libro en Paidos]

Jung, C.G. (1984) . El hombre y sus símbolos. Luis de Caralt : Barcelona.

Jung, C.G. (1991) . Arquetipos e inconsciente colectivo. Paidós : Buenos Aires. [Compre este libro en Paidos]

Jung, C.G. (1993) . Símbolos de Transformación. Paidós : Barcelona. [Compre este libro en Paidos]



[1] Jung señala que el conocimiento de lo inconsciente, ya sea vía terapia o en la vida cotidiana, tiene el peligro de que se produzca o una presuntuosidad y confianza excesiva, o bien a una "depresión" debido al descubrimiento de lo desagradable en lo inconsciente. En ambos casos existiría un problema de límites en la consciencia, ya que se extendería la personalidad autoreconocida más allá de los límites individuales; esto es lo que denomina Jung inflación psíquica.(Jung, 1964)

[2] Este fanatismo puede aparecer como el resultado de una terapia; si bien la persona se ve animosa, su vida se ve guiada por una delimitación con el mundo inadecuada que puede llevar a la desadaptación posterior (Jung, 1964)

[3] Entendemos persona como la porción del inconsciente colectivo elegida por la consciencia para ser expresada como un acuerdo entre el yo y la sociedad.

[4] Muchas confusiones sobre la psicología analítica surgen de la ocasional vaguedad con que Jung definía sus términos. Para efectos de clarificación, ocuparemos los siguientes términos en las formas que se indicarán:

Persona

este término se usará solamente en relación con el concepto Jungiano, o sea, como aquella porción del inconsciente colectivo asumido por la persona como rol social.

Yo, ego, identidad

estos términos harán referencia tanto a la consciencia y a la sensación subjetiva de pertenencia asociada a sus contenidos

Self o "si-mismo

Estos dos términos se utilizarán según la conceptualización de Jung referida a la totalidad psíquica, a la cual el yo o ego se subordina.

[5] en bastardillas en el original