PENSAMIENTO COMPLEJO Y FORMACIÓN DE VALORES

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PENSAMIENTO COMPLEJO Y FORMACIÓN DE VALORES

ALFONSO BARON PINZÓN
ANTONIO DURAN VIVEROS
ASESOR: MA. AMPARO MIRANDA

UNIVERSIDAD BANCARIA DE MÉXICO

RESUMEN
Abordar los valores desde la complejidad, más que un desafío es una necesidad. Las sociedades actuales se transforman y a la par de ellas los valores. Concebir el conocimiento de forma unidisciplinar se ha desgastado, retomar la formación de valores de manera aislada ya no es posible. La complejidad es una propuesta de asumir el conocimiento, retomarlos no sólo desde una sola disciplina sino desde el conjunto. Así también los valores, se deben asumir desde la complejidad para poder afrontar los retos actuales y del futuro.

Palabras clave: Complejidad, valores, conocimiento, sociedad.

INTRODUCCIÓN
“La sociedad en la que vivimos, especialmente en nuestros centros de enseñanza y en general en los centros de difusión cultural, se encuentran anclados en una vieja racionalidad: la que dimana de la lógica aristotélica, la de las divisiones metodológicas propuestas por Descartes y la del determinismo newtoniano”(Vilar, p.11, 1997).
La cita anterior alude los desgastes que tiene la forma tradicional de concebir el conocimiento, insta a generar un cambio radical de paradigma que predomina en los centros escolares. Centros escolares donde están niños y niñas, hombres y mujeres que están en la constante formación de valores.
Las sociedades actuales exigen hallar formas de convivencia que permitan el equilibrio y la armonía entre sus integrantes, el medio son quizás los valores. Sin embargo los valores también han sufrido la fragmentación, se han reducido sus espacios de estudio, sus campos de acción, y las disciplinas que los abordan. Por ello el objetivo del presente trabajo es reconocer la importancia de desarrollar la formación de valores bajo la perspectiva del pensamiento complejo.
Es un trabajo documental que hace uso primordialmente de las fuentes bibliográficas que dan cuenta del pensamiento complejo y de la formación de valores.
En la primera parte del trabajo se identifica las bases o ideas principales del pensamiento complejo que propone Edgar Morín, pensador que nació en Paris en 1921 y que a través de transitar corrientes filosóficas como el marxismo, y de hacer estudios en diversos ámbitos de la ciencia, de reconocer el constante movimiento del mundo en todas sus esferas, plantea el pensamiento complejo, que propone una forma revolucionada de asumir y afrontar el conocimiento.
La segunda parte se relaciona con la formación de valores, retomando autores reconocidos en los temas axiológicos como Fabelo Corzo. Se identifican conceptos de valores y los agentes que contribuyen a su configuración y su relación con la complejidad.
Por último se desprenden las conclusiones derivadas del análisis de las fuentes bibliográficas y de la observación de la relación que tiene el pensamiento complejo con la formación de valores en la escuela primaria
PENSAMIENTO COMPLEJO
Sin duda Edgar Morín ha resaltado la decadencia del pensamiento fragmentado, del conocimiento unidisciplinar, de los problemas que se generaron a partir de esta forma insipiente de abordar el conocimiento. La construcción del conocimiento ha sido el producto de un transitar por la historia, desde la época de las cavernas el hombre se ha dedicado a construir su conocimiento con base en sus necesidades y descubrimientos. Crear conocimiento ha sido una actividad inherente del desarrollo humano, no se puede imaginar una sociedad sin el conocimiento, no se puede imaginar un grupo humano que no posea conocimientos.
La vida en sociedad es parte de la condición humana, no se podría hablar de la humanidad sin concebirla en grupo, sin pensarla como un conjunto de individuos interactuando y relacionándose de diferentes maneras.
En estas formas de convivencia las sociedades han tenido dificultades, que han resuelto con la generación de conocimientos, conocimientos que dan paso a la evolución, al desarrollo y hasta el transitar a una nueva etapa de la sociedad. Una de las etapas más relevantes para la sociedad contemporánea ha sido la Revolución industrial que genero importantes cambios. Cambios que hicieron notar unas sociedades desarrolladas: industrias, crecimiento, comodidad, mejorías en el transporte, uso de la electricidad, telecomunicaciones, salud, etc.
Como en la mayoría de los hechos humanos el conocimiento de todo esto ha traído consigo efectos positivos, pero lamentablemente también ha generado efectos negativos que a través del tiempo se han ido gestando y que ahora están presentes de forma inminente.
A la par de esto el conocimiento se fue sistematizando en diferentes disciplinas, aunque de forma inseparable el conocimiento se encuentra socialmente distribuido como lo enuncia León Olive (2006, p.1), “las sociedades actuales son enormemente complejas y requieren el desarrollo de novedosas formas de comprenderlas. Estas sociedades – que especialmente han experimentado el impacto de la ciencia y la tecnología -, muestran una distribución del conocimiento. Sin duda el conocimiento en las sociedades es una de las mayores premisas para poder evolucionar y transformarse”.
El conocimiento es uno de los mayores tesoros sociales, como lo cita León Olive (2006, p.4) “El conocimiento posibilita la satisfacción de las necesidades y permite mejorar las condiciones de vida, por lo cual constituye una de las mayores riquezas de los grupos humanos”.
Una cualidad del conocimiento es que se genera, se acumula y se transmite; esto con la finalidad de mejorar las condiciones de vida.
Esas formas de transitar en, de concebir y de transformar el conocimiento han configurado lo que Morín establece como paradigmas. “Un paradigma contiene, para cualquier discurso que se efectúe bajo su imperio, los conceptos fundamentales o las categorías rectoras de inteligibilidad al mismo tiempo que el tipo de relaciones lógicas de atracción/repulsión (conjunción, disyunción, implicación u otras) entre estos conceptos o categorías” (Morín 1993).
Con esta definición también agrega “los individuos conocen, piensan y actúan en conformidad con paradigmas culturalmente inscritos en ellos. Los sistemas de ideas están radicalmente organizados en virtud de los paradigmas” (Morín 1993).
Con estas anotaciones de Morín, se puede entender que los hombres aprenden a través de los esquemas que la cultura en la que nace, le proporcione. Entonces el hombre ya nace con esa prescripción de lo que aprenderá: un lenguaje, una religión, saberes científicos y tecnológicos, valores morales. A lo que Morín llama el imprinting. Un enramado de saberes que sin haber elegido o usado el libre albedrio, el individuo ya estará sujeto a ellos.
Ahora, estar circunscrito a un paradigma de conocimiento, no es del todo negativo, puesto que si el individuo al nacer no poseyera el cúmulo de saberes, no se viera determinado por un esquema social y cultural, sería como empezar siempre desde la época de las cavernas.
Sin embargo, el conocimiento construido a través de los siglos se encuentra en dificultades, pues se encuentra fragmentado e inconexo. Bajo el paradigma de occidente que se postuló con Descartes en el siglo XVII, el conocimiento inició una fragmentación, que en un principio pareció favorable al saber, pues se empezó con la especialización de saberes, a priorizar el conocimiento científico. Este paradigma se sustenta en los cuatro preceptos de la lógica que Descartes en su obra El discurso del método pone de manifiesto, de acuerdo a las anotaciones de L. Alejandro Nievas (2011, P.101).
El primero era no aceptar nunca como verdadera ninguna cosa, como no supiese con evidencia que lo era. El segundo, dividir cada una de las dificultades que examinase, en tantas partes fuera posible y como requiriese su mejor solución. El tercero, conducir ordenadamente mis pensamientos, empezando por los objetos más simples y más fáciles de conocer. Y el último, hacer en todo enumeraciones tan completas y unas revisiones tan generales, que llegase a estar seguro de no omitir nada.
De acuerdo a los estudios del pensamiento complejo, esta forma de apreciar el conocimiento es reducida, es el paradigma simplificador. El paradigma que todo lo reduce, todo lo parcela, todo lo ubica en una disciplina. Sin contemplar que la forma de asumir el conocimiento, por parte del hombre, no se puede ver de forma unidimensional.
Para entender lo que Morín ha legado a las sociedades modernas, es conveniente citar algunos de sus principios. De acuerdo a lo que expresa en su libro Introducción al Pensamiento Complejo (1990), hace alusión a las cegueras en torno al conocimiento, que como sociedad se han construido, pues iluso el hombre, que ha imaginado que se es capaz de estudiar de forma disciplinar y lógica al hombre y sus interrelaciones con la naturaleza y el cosmos. Siendo “la ciencia la que ha hecho reinar, cada vez más, a los métodos de verificación empírica y lógica. Mitos y tinieblas parecen ser rechazados a los bajos fondos del espíritu de las luces de la razón” (Morín, p.27, 1990).
Morín hace acotaciones claras con respecto a la insistencia de la ciencia por aislar a todos aquellos conocimientos que no hayan surgido de su seno y de la comprobación de un método que ella pueda aprobar. Sin embargo, el negar los aspectos de la vida del hombre que no han sido validados por la ciencia, no ha sido eximido que estén presentes en los aspectos cotidianos de la formación individual y colectiva.
Sin duda, una sociedad que vive a la orden de la ciencia no se puede librar de los problemas que la ciencia ha provocado, “las amenazas más graves que enfrenta la humanidad están ligadas al progreso ciego e incontrolado del conocimiento: armas termonucleares, manipulaciones de todo orden, desarreglos ecológicos, etc.” (Morín, 1990).
Obviamente tampoco se desdeñan las contribuciones de la ciencia, ha generado progreso en diferentes ámbitos y soluciones a problemas de diferente índole. Mas fragmentada, unidisciplinar, aislada del conjunto, tiende a la debilidad y a la posibilidad de no responder a las exigencias que la humanidad requiere. Incluso hasta la posibilidad de que la misma ciencia se limite, como lo enuncia Gloria Fariñas León (2006) “La comprensión o explicación simplificada de los fenómenos de la realidad ha distorsionado en cierta manera el desarrollo de la ciencia y la técnica”. Sin embargo como dice Morín (1990) “nunca se pude aislar un objeto de estudio de su contexto, de sus antecedentes, de su devenir”.
Cabe agregar que a pesar de que un hecho o fenómeno lo haya validado la ciencia, siempre estará sujeto al error y a la ilusión. Tal caso fue, el hecho de que después de estudios se determinó que Plutón no era un planeta sino una estrella, por citar un ejemplo. Para esta situación Morín lo explica en los 7 saberes necesarios para la educación del futuro como:
“Un conocimiento no es el espejo de las cosas o del mundo exterior. Todas las percepciones son a la vez traducciones y reconstrucciones cerebrales, a partir de estímulos o signos captados y codificados por los sentidos; de ahí, es bien sabido, los innumerables errores de percepción que sin embargo nos llegan de nuestro sentido más fiable, el de la visión. Al error de percepción se agrega el error intelectual. El conocimiento en forma de palabra, de idea, de teoría, es el fruto de una traducción/reconstrucción mediada por el lenguaje y el pensamiento y por ende conoce el riesgo de error. Este conocimiento en tanto que traducción y reconstrucción implica la interpretación, lo que introduce el riesgo de error al interior de la subjetividad del que ejercita el conocimiento, de su visión del mundo, de sus principios de conocimiento. De ahí provienen los innumerables errores de concepción y de ideas que sobrevienen a pesar de nuestros controles racionales. La proyección de nuestros deseos o de nuestros miedos, las perturbaciones mentales que aportan nuestras emociones multiplican los riesgos de error” (Morín, 1997)
Ante tales condiciones, Morín señala que el paradigma de la simplificación ha llegado a su desgaste, está en albores de la caducidad. Por tal motivo propone concebir el conocimiento desde la complejidad, entendiendo por complejidad “el tejido de eventos, de acciones, interacciones, retroacciones, determinaciones, azares, que constituyen el mundo fenoménico” (Morín, 1990).
Es conveniente de acuerdo a lo que él menciona, una revolución paradigmática que permita generar cambios de pensamiento, de crear incertidumbre, de promover un paradigma que amplíe sus márgenes de concebir el conocimiento.

PENSAMIENTO COMPLEJO Y FORMACIÓN DE VALORES
El equilibrio y la armonía social se sustentan en la interacción de los individuos. Una de las partes que define a una sociedad como humana es la interacción a través de la práctica de los valores. Sin embargo “en la actualidad, uno de los grandes problemas que enfrentamos es que la transformación de las formas de producción de conocimiento, las nuevas prácticas tecnológicas y tecnocientíficas, y las relaciones sociales, económicas, culturales y políticas en que éstas se han dado, generaron niveles de exclusión nunca antes vistos, así como nuevas formas de exclusión” (León Olive, 2007, p. 53).
Es conveniente identificar qué se entiende por valores, a lo que autores como Fabelo Corzo (2004) concluyen que no es posible dar una sola definición de “valor” ya que es un concepto usando en varias situaciones y connotaciones. Por lo que indica:
“Si retomamos las diferentes disciplinas particulares que abordan los valores, ninguna de la cuales puede por sí misma ofrecer una concepción integral y abarcadora de los mismos en toda su complejidad y múltiples formas de manifestación, nos percatamos que, cada una de ellas encuentra su legítimo espacio y se aprecia con mayor nitidez las fronteras de su noción específica de la esfera valorativa. La comprensión del valor como encarnación del trabajo humano (economía política) tiene sobre todo que ver con la dimensión objetiva. La asociación de lo valioso con las distintas esferas de la personalidad humana (psicología y pedagogía) o con la conciencia colectiva (sociología, antropología, etnología) encuentra su expresión en la dimensión subjetiva, teniendo en cuenta que el sujeto en cuestión que condiciona en este plano el contenido del valor puede ser individual o social. Por último, la dimensión instituida representa el ámbito fundamental donde se expresan los valores convertidos en normas jurídicas (derecho) o en medios para el ejercicio del poder.
De esta forma, las diferentes apreciaciones de los valores que encontramos en estas disciplinas del saber social ya no se nos presentan como excluyentes entre sí, no se niegan mutuamente, sino que se complementan y sirven de fuente de conocimientos dentro de una concepción cosmovisa más amplia que reconoce y fundamenta la pluridimensionalidad de los valores. (Fabelo Corzo, 2004, p.51).
Los estudios emanados de la axiología en sus diferentes posiciones son variados y de diferentes perspectivas, sin embargo donde hay puntos de coincidencia es, que los valores que cada individuo y sociedad practican o poseen, son cualidades que armonizan la convivencia y el bienestar colectivo.
Por otro lado, los valores también son una forma de conocimiento, no son la aparición fortuita de la humanidad, son el resultado de las múltiples interacciones sociales, son pilares sociales construidos a través de la historia, después de experimentar que lo que está bien y lo que está mal a nivel individual y colectivo, son una construcción multidisciplinar. La importancia de los valores en una sociedad es fundamental, ya que la presencia de los valores logra que haya equilibrio en la conducta individual y colectiva. También son importantes, porque es la parte que pareciera configura la humanidad como lo menciona Savater (1997, P. 27) “hay que nacer para humano, pero sólo llegamos plenamente a serlo cuando los demás nos contagian de su humanidad a propósito”.
Los factores que contribuyen a la formación de valores en el individuo están definidos por principio, por su historia tanto personal como colectiva, esta presenta el bagaje valorativo que tiene a disposición el individuo. El contexto es otro factor importante en la formación de valores, pues si se vive en un lugar donde los valores ya sea objetivos, subjetivos o instituidos están presentes, el individuo los apropiara con facilidad, pero si por el contrario el contexto tiene ausencia de ellos, al no tener a su disposición ejemplos o esquemas de valores, lo más seguro es que se le dificulte desarrollarlos.
En el proceso de definir qué es lo que está bien de lo que está mal, qué es bueno y qué es malo se ponen en juego la razón, la emoción pero sobre todo la voluntad. Como lo expresa y define Savater en su libro Ética para Amador:
“A diferencia de otros seres, vivos o inanimados, los hombres podemos inventar y elegir en parte nuestra forma de vida. Podemos optar por lo que nos parece bueno, es decir, conveniente para nosotros, frente a lo que nos parece malo e inconveniente. Y como podemos inventar y elegir, podemos equivocarnos. De modo que parece prudente fijarnos bien en lo que hacemos y procurar adquirir un cierto saber vivir que nos permita acertar. A ese saber vivir, o arte de vivir si prefieres, es a lo que llaman ética” (Savater, 1991, p.17).
Otro elemento subjetivo que determina la formación de los valores es la voluntad, a la cual “nadie la pone en acción más que ella misma, no quiere ser más que ella misma y este quererse así misma se le llama amor propio” (Savater, 1991, 299).
De este modo se da por entendido que los valores son de mayúscula importancia. Además que son una fuente de convivencia armónica y que su formación es multifactorial.
Es sustancial retomar los valores desde la complejidad, porque uno de los desafíos de las sociedades actuales que menciona León Olive (2007, p.7) es “lo más importante es que las personas tengan la capacidad, por ejemplo, de tomar decisiones bien informadas y realizar las acciones que les permitan vivir una vida sana y digna, de acuerdo con sus propios valores”
Los valores son herramienta para afrontar los desafíos actuales, ellos tienen una carga subjetiva enorme, donde el individuo puede reconocer incluso el misterio como fuente de formación de valores. Son pilares para enseñar la condición humana, para superar la fragmentación. Superar la idea de que “en la visión actual nada es sagrado, sólo existe el nivel material” (Paradejordi, 199, p.112).
La educación no debe mantenerse al margen de esas premisas, por tal motivo “uno de los objetivos principales de la educación en las sociedades del co¬nocimiento deberá ser la conformación de una sociedad planetaria, coopera¬tiva y solidaria, subordinada a los distintos juegos de valores sostenidos por la pluriculturalidad” (Ruiz, 2010, p. 28). Agregando lo que menciona Parra Ortiz (2003, p.70) “Por medio de la educación, todo grupo humano tiende a perpetuarse, siendo los valores el medio que da cohesión al grupo al proporcionarles unos determinados estándares de vida”.
A esto cabe adherir lo que lo que propone Jaques Delors (1994) en la proposición que hace ante la UNESCO sobre los cuatro pilares de la educación: Saber hacer, saber ser, saber convivir y saber. Obviamente la formación de valores esta intrínsecamente ligado a estos pilares

CONCLUSIONES
La sociedad actual está enfrentando constantes cambios en todos los aspectos: sociales, económicos, políticos y culturales. En el siglo XXI es cotidiano escuchar comentarios como “ya no hay valores”, “se están perdiendo los valores”. La voz popular da por entendido que la presencia de los valores en la sociedad es favorable, y añoran que prevalezcan los valores de manera inmutable.
Sin embargo, la sociedad que avanza a pasos agigantados hacia transformaciones donde la ciencia y la técnica ganan terreno, y donde pareciera que los valores se van hundiendo de manera inevitable en la fosa del olvido. Parece que en esta sociedad los valores son finas hebras que apenas sostienen el equilibrio social
Así entonces, los valores no pueden seguir siendo parte de la unidimensionalidad, porque no son de formación unidimensional; su historia no se reduce a la unidimensioanlidad; su relevancia social no es reducida a un campo de actuar del hombre, los valores están presentes en todo el hombre integral; y por supuesto su presencia en el futuro no es unidimensional, por el contrario, toda su esencia es multidimensional.
Entonces los valores deben ser abordados para la complejidad y desde la complejidad.
Para la complejidad, porque el mundo actual y futuro exigen abordar el conocimiento de una manera diferente a como se ha realizado por varios siglos; los problemas actuales y futuros no son para nada simples, los niños y jóvenes deben estar preparados para asumir con asertividad los retos a los que se enfrentaran y los valores que ellos posean serán el mejor apoyo.
Desde la complejidad porque no se puede seguir pensando que formar valores sólo es misión de una sola área de la vida del individuo. Considerar que sólo se forman valores en un contexto de la vida del individuo, como puede ser el hogar, la escuela, su religión o el estado, es errático. Todos sus espacios donde se desenvuelve son parte de la formación de los valores. Por otra parte, pensar que sólo una disciplina de estudio abarca la formación de valores, es reduccionista, porque todas las disciplinas de estudio de manera implícita emplean los valores, y por lo tanto todas pueden promover los valores.
El sistema educativo mexicano en la educación básica ha replanteado la necesidad de considerar las diferentes dimensiones de los valores, tanto los valores objetivos, los subjetivos y los instituidos como condición necesaria para alcanzar una convivencia social armónica
Más es conveniente permitir ver a los valores no sólo como un tema que se aborde en una materia como puede ser Formación cívica y ética, no, sino hacerla una constante de vida en el aula. Con frecuencia los materiales didácticos o libros de texto refieren un valor como tema a tratar, no obstante los docentes, tienen el compromiso de situar a los valores como el centro de la convivencia.
Sin duda el docente debe reconocer que al igual que todos los procesos los valores también son resultados de un proceso histórico, y que en este mismo momento se están revalorando nuevas formas de percibirlos, por lo tanto el docente debe tener apertura a aceptar esos cambios y de estar atento a las evoluciones que tienen.
Un docente que tiene esa apertura puede ser integrador de todas las áreas de estudio que aborda en el centro educativo; y a la vez aprovechar todos los contextos en los que está inmerso el niño o joven.
Por lo tanto asumir los valores desde la complejidad permitirá abrir nuevos puentes a superar las carencias o crisis existentes en las que se encuentran. Los valores también deben ser abordados desde la complejidad.

REFERENCIAS
Delors, Jaques (1994): “Los cuatro pilares de la educación” en La educación encierra un tesoro. Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la Educación para el siglo XXI. El Correo de la UNESCO
Fabelo Corzo, José Ramón (2004) “Los valores y los desafíos actuales”, Cuba, Libros en red.
Fariñas León, Gloria. (2006). “Desarrollando el pensamiento complejo.” México, Tiempo de Educar, enero-junio
http://redalyc.uaemex.mx/src/inicio/ArtPdfRed.jsp?iCve=31171305#
Morín, Edgar (1990) Introducción al pensamiento Complejo, Barcelona, Ed. Gedisa
Morín, E. (1993). El Método I: La naturaleza de la naturaleza. Madrid: Cátedra.
Morín, Edgar (2004) Los 7 saberes, España, Gedisa
Nievas L. Alejandro (2011) “El concepto de paradigma y el estudio del pensamiento subyacente en la obra de Edgar Morín” en Exploraciones de la complejidad, Buenos Aires, Centro Iberoamericano de Estudios en Comunicación Información y Desarrollo (CIECID)
Olivé, León, Pérez-Ransanz Ana Rosa (2006) “Las sociedades humanas en el siglo XXI: Complejidad, incertidumbre y desafíos”, México, Instituto de Investigaciones Filosóficas de la UNAM.
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Parra Ortiz, José María (2003) “La Educación en valores y su práctica en el aula”, Madrid, Tendencias pedagógicas, vol.8
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Savater, Fernando (1991) “Ética para Amador”, Barcelona, Ariel.
Savater, Fernando (1991) “El porvenir de la ética”, México, CONACULTA
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Vargas Cordero, Zoila Rosa (2004) “Desarrollo moral, valores y ética: Una investigación de dentro del aula”, Costa Rica, Universidad de Costa Rica, Vol. 28
Vilar, Sergio (1997) “La nueva racionalidad: Comprender la complejidad con métodos transdisciplinarios” Barcelona, Kairos.

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