Alternativas de intervención en el equipo interdisciplinario geriátrico

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Reyes Olivares Yunuén, Torres Pérez Verónica

Asesor: José Manuel Bezanilla, Elizabeth Salazar Núñez

Universidad Justo Sierra Plantel San Mateo

Resumen

Hoy en día se puede observar que en México hay muy poca cultura sobre el desgaste emocional que sufren los miembros del Equipo Interdisciplinario Geriátrico, debido a la constante exposición de estrés en el trabajo y a la falta de cuidado de su persona, lo cual influye en el desempeño, en la calidad del trabajo y en la salud física y mental del individuo y que puede dar origen a una patología, esta situación nos ha llevado a cuestionarnos ¿cómo podría ayudar el psicólogo a intervenir en la prevención y el manejo del Burn out o desgaste emocional que afecta a los miembros del equipo interdisciplinario geriátrico?

Por lo que realizamos una investigación de tipo documental en la que pretendemos describir las diferentes alternativas de intervención del psicólogo para prevenir y manejar el Burn out o Desgaste emocional que el equipo interdisciplinario geriátrico podría experimentar, debido a su labor diaria.

Introducción

El Burn out es una patología progresiva, que está relacionada con el ámbito laboral y el estilo de vida que se lleva. Es provocado por el trabajo y conlleva graves consecuencias físicas y psicológicas cuando el fenómeno se somatiza, como la ansiedad o la depresión y que dan origen a numerosas bajas laborales.

A veces se puede experimentar astenia y agitación al mismo tiempo (tics nerviosos, temblor de manos); palpitaciones; taquicardia y pinchazos en el pecho; aumento de la tensión arterial; dolores musculares, sobre todo en la zona lumbar; cefaleas; problemas digestivos; trastornos del sueño e inapetencia sexual. Estos síntomas terminan invadiendo la vida social y familiar del afectado, que opta por aislarse y quedarse solo. (Antón, 1999)

Gillespie diferenció dos tipos de Burn out que surgen por la ambigüedad en la conceptualización del síndrome: El primero es el burn out activo se caracteriza por el mantenimiento de una conducta asertiva, se relaciona con los factores organizacionales o elementos a la profesión; y en segundo lugar se encuentra el burn out pasivo donde predominan los sentimientos de retirada y apatía, y tiene que ver con factores internos psicosociales. (Domínguez, 1992)

Por otro lado tenemos que el agotamiento emocional y físico se caracteriza por la falta de energía y un sentimiento de escasez de recursos, además de sumarse los sentimientos de frustración y tensión en los trabajadores que se dan cuenta que ya no tienen condiciones de gastar más energía. Para alcanzar la despersonalización o deshumanización, se tiene que tratar a los clientes, compañeros y la organización como objetos y estos pueden demostrar insensibilidad emocional. La disminución de la realización personal se caracteriza como una tendencia del trabajador a autoevaluarse de forma negativa. Las personas se sienten infelices consigo mismas, insatisfechas con su desarrollo profesional, y experimentan una declinación en el sentimiento de competencia y de éxito en su trabajo y en su capacidad de interactuar con las personas. (Ares, 1991)

EQUIPO INTERDISCIPLINARIO GERIÁTRICO

Los cuidadores

Cuidador es toda persona que asiste o cuida a otra afectada de cualquier tipo de discapacidad, minusvalía o incapacidad que le dificulta o impide el desarrollo normal de sus actividades vitales o de sus relaciones sociales. (Antón, 1999).

Los cuidadores informales son aquellos que no son remunerados y tienen un elevado grado de compromiso hacia la tarea, caracterizada por el afecto y una atención sin límites de horarios. Es brindado por familiares, amigos y vecinos. Se diferencian en cuidadores principales o primarios y cuidadores secundarios según el grado de responsabilidad en el cuidado de los ancianos. El cuidador formal es toda persona que cuida en forma directa a ancianos en diversos ámbitos, esté o no capacitado, recibiendo un pago o beneficio pecuniario (dinero) por su trabajo. Sólo 3% de los pacientes adultos mayores discapacitados, tienen cuidadores remunerados. (Domínguez, 1992).

Idealmente, los cuidadores formales de ancianos son personas capacitadas a través de cursos teórico-empíricos de formación para otorgar atención preventiva, asistencial y educativa al senecto y, en caso de que exista, a su grupo familiar. Saber cuidar a los viejos es un verdadero arte denominado "gerontocomia" (Guerrero, 2001).

Para la población en general, así como para el personal de salud, no es ajeno que el trabajo de enfermería es difícil, estresante y delicado, ya que se enfrentan cotidianamente con el dolor humano, así como con la vida y la muerte. (Kalimo, 1998)

El personal de enfermería ejerce una profesión que favorece las condiciones para el desarrollo del estrés ocupacional y para la formación del desgaste profesional o burn out. Entre los estresores más importantes se encuentran los siguientes: sobrecarga cuantitativa de trabajo, dificultades con otros miembros del personal, problemas sindicales, tratamiento en condiciones críticas de enfermedad, casos sin esperanza o difíciles, subutilización de habilidades, ambigüedad acerca del futuro, falta de autonomía y tiempo, la escasez de recursos y bajos salarios. Otros estresantes son: el sistema de turnos, las relaciones con los médicos, la imposibilidad de elegir a las compañeras de trabajo, la falta de reconocimiento, las fluctuaciones en la cantidad de trabajo, la desorganización de la institución y conflictos con la autoridad. (Antón, 1999).

Otros miembros del equipo de salud en asilos serian: el psicólogo que además de los exámenes psicológicos, el psicólogo deberá realizar otras actividades enfocadas al manejo del paciente geriátrico tales como manejo de la depresión, técnicas de modificación de conducta de individuos o grupal y de orientación terapéutica al personal de rehabilitación, enfermeras, trabajadoras sociales y personal no cualificado. El rol del médico seria la base del trabajo profesional en psicogeriatría, en el que cada uno de los integrantes tiene una función definida, su formación básica tiene que ser psiquiatría. El rehabilitador tiene como tarea principal tener la capacidad de diagnosticar y tratar problemas cognitivos que acompañan a los trastornos mentales del senecto. Al mismo tiempo, no hay que olvidar la rehabilitación física que contribuye a la independencia funcional de estas personas y que es el rol del fisioterapeuta. (Guerrero, 2001)

Por otra parte tenemos el rol del trabajador social donde el anciano institucionalizado suele presentar con frecuencia, debido a su soledad, trastornos de conducta, depresión o demencia. No se puede tratar la parte orgánica o funcional de estos enfermos sin el intento de solucionar la situación del paciente y de los familiares o amistades involucradas. Esto implica una alta participación de la trabajadora social y la necesidad de desarrollo y conexión con servicios sociales en la comunidad. El personal no calificado debe ser motivado alentado permanentemente. Los estímulos y gratificaciones que los guían son distintos a los del tipo profesional. (Gándara, 1998)

Los cuidadores de ancianos son personas capacitadas a través de cursos teórico-prácticos de formación, dictados por equipos multi e interdisciplinarios de docencia, para brindar atención preventiva, asistencial y educativa al anciano y a su núcleo familiar. Su campo de acción cubre el hogar, centros y hospitales de día, clubes y centros de jubilados, algunos servicios hospitalarios, asilos, residencias geriátricas y servicios sanatoriales. (Gándara, 1998)

El cuidador apoya al personal de enfermería y a los equipos geriátrico - gerontológicos de trabajo, cubre horas de soledad brindando compañía, aplicando técnicas para evitar la dependencia, previniendo accidentes, ayudando a los discapacitados e investigando indicios de alteraciones físicas o mentales en los ancianos bajo su cuidado. (Kalimo, 1998)

Entres sus actividades más frecuentes debemos mencionar que participan en programas para la asistencia de ancianos y en la difusión de manuales de autoasistencia y cartillas médico–preventivas, descubren signos físicos de preocupación y alteraciones de conducta, informando lo detectado a familiares e integrantes del equipo de salud, cumplen o supervisan el cumplimiento de las medidas higiénicas, dietéticas y terapéuticas prescriptas, administran medicación oral horaria, colaboran en la aplicación de técnicas recreativas, fisioterapéuticas, de laborterapia, etc., ayudan en la rotación de enfermos paréticos y fracturados, brindan información y asesoramiento familiar para la mejor asistencia del anciano, aconsejan respecto a modificaciones edilicias y a la utilización de elementos de uso diario que permitan el mejor desempeño del geronte en actividades cotidianas y efectúan investigación gerontológica y participan en programas de actualización profesional. (Guerrero, 2001)

Desde el punto legal, en la Convención Colectiva de Trabajo, registrada bajo el número 122/75, se define al asistente geriátrico como: “El trabajador que se desempeña en los establecimientos geriátricos o en las secciones destinadas exclusivamente al alojamiento permanente de ancianos, de cualquier establecimiento asistencial y que efectúa la limpieza e higiene de las habitaciones, muebles y demás dependencias, sirve y suministra alimentos, ropa limpia, y está destinado al cuidado de los ancianos, viste e higieniza a los mismos, suministra medicamentos y efectúa curaciones. A cada asistente geriátrico se le podrán asignar veinticuatro camas en horario diurno y treinta y cinco en horario nocturno”. (García, 2001)

Por otra parte, se especifica que “la condición de asistente geriátrico la obtiene el mucamo geriátrico, al año de revistar en esa categoría”. Ya que el cuidador de ancianos no puede ser asimilado al asistente geriátrico, se tiene en cuenta que los cuidadores de ancianos obtienen esa condición luego de la aprobación de un curso de formación con real preparación gerontológica en equipos interdisciplinarios de docencia.

El cuidador de ancianos no se limita a tareas en hogares o residencias, muy por el contrario, su accionar si bien no descarta esa posibilidad, responde más a la atención personalizada dentro del núcleo familiar. En el caso de que el cuidador desempeñe sus tareas en centros asistenciales, la normal y adecuada asistencia al anciano no depende de cifras rígidas como un número de camas, sino de las capacidades o discapacidades de las personas que las ocupan. (Domínguez, 1992).

El cuidador, ¿también debe ser cuidado?

Es probable que algunas personas hayan tenido que cuidar a alguien con demencia o a personas ancianas, o bien, observar cómo es su cuidado, y percibir las diversas situaciones que recorre este proceso de atención. Un aspecto bastante olvidado es la tarea del cuidador, el resto de las personas se limitan a criticarlos, a juzgarlos, sin pensar en lo arduo de su tarea, en que muchas veces son agredidas física y verbalmente por aquellos a quienes atiende, en lo absorbente que es el trabajo de cuidar adultos mayores, la gran carga física y mental que requiere, de ahí que estos trabajadores también requieran atención. (Kalimo, 1998)

El cuidar tiene también consecuencias para quien lo hace, el cuidador invierte una dosis en mayor o menor medida de recursos emotivos y físicos en la persona que cuidan. En la medida que el tiempo transcurre y la enfermedad o la dependencia avanzan, la tarea puede ser realizada con menor entusiasmo, independientemente de la relación afectiva o de trabajo. Garrid y Sansburi introdujeron en 1963 el término "carga" para referirse al impacto que produce el cuidado de personas enfermas en sus cuidadores. Esta "carga del cuidador" fue definida como "el conjunto de problemas de orden físico, psíquico, emocional social o económico que pueden experimentar los cuidadores de adultos incapacitados" (Piñuel, 2001).

Efectivamente, los cuidadores de estos pacientes son de manera especial, capaces de enfrentar los conflictos anteriormente definidos como carga. Con relación del carácter unidimensional o multidimensional del concepto citado, resulta importante enfatizar el trabajo realizado por Martín, Salvadó, Nadal y Cols (1996) en el que detectan tres factores de carga: impacto del cuidado, carga interpersonal y expectativas de la autoeficacia. (Domínguez, 1992)

En los últimos años se ha venido desarrollando numerosos trabajos sobre los cuidadores de enfermos de Alzheimer. El cuidado de personas con demencia o con enfermedades mentales crónicas es mucho más estresante que atender a personas con dependencia física o con muy pocos problemas emocionales o conductuales.

En algunos casos se han considerado a los cuidadores como las víctimas secundarias de la demencia, debido al estrés que genera su labor. Sin embargo, no todos los cuidadores experimentan esta sensación y la mayor parte de las investigaciones se han centrado en el nivel de deterioro del paciente diagnosticado, pero muchas variables influyen en tal percepción de carga que son independientes del paciente y que parecieran guardar mayor relación con las características personales del cuidador.

La "carga" es un elemento crucial en el análisis de las repercusiones del cuidado de las personas mayores. Hay que destacar una distinción importante sobre el concepto de carga, son las dimensiones " objetiva" y " subjetiva" de la misma (Guerrero, 2001).

La carga subjetiva: Son las actitudes y reacciones emocionales que se presentan ante la experiencia de cuidar, "cómo se siente". Es la percepción del cuidador de la repercusión emocional de las demandas o de los problemas relacionados con el acto de cuidar. (Antón, 1999)

La carga objetiva: Es el grado de perturbaciones o cambios en diversos aspectos de la vida de los cuidadores (Evans, Connis y Haselkorn, 1999). Es la cantidad de tiempo invertido en cuidados, problemas conductuales del enfermo, disrupción de la vida social, etc. (Piñuel, 2001)

No obstante lo anterior, la evaluación de la carga y de los problemas psicológicos, entre otros, que los cuidadores de enfermos adultos revelan, no suele hacerse con frecuencia (Martín y Cols, 2002), es necesario recalcar que tal evaluación es necesaria para prevenir futuros problemas emocionales en el cuidador y hasta el posible maltrato de la persona a quienes cuidan, pues no existen hasta este momento evidencias certeras de la eficacia de intervenciones terapéuticas, si es que se llevan a efecto, en la asistencia a la salud mental del cuidador. (Antón, 1999)

La ansiedad que en gran parte de los casos suele ir asociada al estrés, puede aparecer con frecuencia en el ámbito laboral, este estrés es de tipo organizacional, crónico y cotidiano, aparece generalmente en los trabajadores asistenciales: médicos, enfermeras, profesores, terapeutas o psicólogos y surge en situaciones de un trabajo no lo suficientemente recompensado que exige entrega en situaciones emocionales de alta demanda. Causa detrimento psicológico y es el principal componente de una moral baja o ausentismo, se desarrolla entonces un autoconcepto negativo y actitudes igualmente negativas hacia el trabajo. Este estrés negativo es resultante de la influencia de agentes del entorno social, del marco laboral y de las características personales (Kalimo, 1998).

Sintomatología del cuidador y su abordaje

Complicaciones físicas: Dolores crónicos, cefaleas tensionales, fatiga crónica, trastornos digestivos (dispepsias), pérdida o incremento de peso corporal, infecciones virales a repetición (ej: gripes) por inmunodepresión, úlcera gastrointestinal, quejas somáticas: dolor crónico del aparato locomotor, astenia, alteración del ciclo sueño-vigilia, deterioro de la función inmune, mayor predisposición a úlcera péptica, patología cardiovascular, entre otras. (Guerrero, 2001)

Complicaciones mentales o emocionales: ansiedad/estrés (en el 50% de los casos), depresión (es el problema más frecuente), insomnio, falta de energía, sentimientos de pérdida de control, sentimientos de culpa, aparición de excesivo uso del cinismo y o sarcasmo, sobreinvolucración con el paciente, insomnio, alta tasa de automedicación (psicofármacos y analgésicos) (Domínguez, 1992).

Conflictos socio-familiares: problemas familiares, conflictos laborales, sindicales, altercados con sus mismos compañeros o con los asilados, aislamiento social, disminución de las actividades de ocio y recreación, dificultades económicas debidas a los bajos salarios. (Kalimo, 1998)

Providencias a tomar para evitar o tratar la sintomatología del cuidador: Educación e información continua al cuidador, programar el trabajo, autocuidado, grupos de apoyo, programas psicoeducativos, intervención familiar, programas de intervención clínica, programas psicoeducativos, apoyo emocional, información sobre el proceso de envejecimiento, promover, reforzar y/o actualizar habilidades instrumentales. (Guerrero, 2001)

Cuando sienta tensión, las recomendación para liberar esta seria intentar manejar sus emociones antes de continuar con su labor, haciendo respiraciones profundas o ventrales, tratando de relajarse, realizar alguna actividad para descargar emociones, como reír, llorar, gritar, decir lo que siente a alguien con la suficiente capacidad de escucha y sin que emita juicios y promover grupos de apoyo para cuidadores, formados por personas que estén en situaciones semejantes.

La satisfacción del cuidador tiene relación con diversos aspectos como son: su propia salud, el sostén afectivo y reconocimiento que tenga, la información que posea sobre las características del proceso de envejecimiento, la propia labor del cuidar, su forma de enfrentarse y resolver los problemas. (Antón, 1999)

Cuando el cuidador no tiene la satisfacción antes mencionada, puede que presente el síndrome de Burn out, en el cual una de las principales características del síndrome es que se produce en profesiones que uno ha elegido libremente. El problema surge cuando los horarios no les permiten solucionar todo lo que quieren o que habían idealizado la profesión y la realidad no se parece en nada a lo que había imaginado que era. (Ares, 1991)

Los profesiones relacionados con el mundo sanitario, de la educación o la administración pública suelen ser las que más incidencia reflejen en las estadísticas porque están en contacto con personas con problemas y suelen ser ellos los que deben solucionar esos problemas. La frustración se produce cuando ven que su trabajo no es productivo y sienten que su trabajo es baldío. Según datos recientes entre el 20% y el 30% de los médicos, profesores y policías locales padecen los síntomas. (Domínguez, 1992).

Antón propone cuatro fases de ayuda, como resultado de las condiciones de trabajo por las cuales pasa todo cuidador con Burn out:

Etapa de idealismo y entusiasmo. El individuo posee un alto nivel de energía para el trabajo, expectativas poco realistas sobre él y aún no sabe lo que puede alcanzar con éste. La persona se involucra demasiado y existe una sobrecarga de trabajo voluntario. Al comienzo de su carrera existen bastantes motivaciones intrínsecas. Hay una hipervalorización de su capacidad profesional que le lleva a no reconocer los límites internos y externos, algo que puede repercutir en sus tareas profesionales. El incumplimiento de expectativas le provoca, en esta etapa, un sentimiento de desilusión que hace que el trabajador pase a la siguiente etapa.

Etapa de estancamiento. Supone una disminución de las actividades desarrolladas cuando el individuo constata la irrealidad de sus expectativas, ocurriendo la pérdida del idealismo y del entusiasmo. El individuo empieza a reconocer que su vida necesita algunos cambios, que incluyen necesariamente el ámbito profesional.

Etapa de apatía. Es la fase central del síndrome burn out. La frustración de las expectativas lleva al individuo a la paralización de sus actividades, desarrollando apatía y falta de interés. Empiezan a surgir los problemas emocionales, conductuales y físicos. Una de las respuestas comunes en esta fase es la tentativa de retirada de la situación frustrante. Se evita el contacto con los compañeros, hay faltas al trabajo y en muchas ocasiones se da el abandono de éste en los casos más extremos. Estos comportamientos empiezan a volverse constantes abriendo el camino para la última etapa de burn out, la del distanciamiento.

Etapa de distanciamiento. La persona está crónicamente frustrada en su trabajo, ocasionando sentimientos de vacío total que pueden manifestarse en la forma de distanciamiento emocional y de desvalorización profesional. Hay una inversión del tiempo dedicado al trabajo con relación a la primera etapa. En el lugar del entusiasmo e idealismo profesional la persona pasa a evitar desafíos y clientes de forma bastante frecuente y trata sobre todo de no arriesgar la seguridad del puesto de trabajo, pues cree que a pesar de inadecuado, posee compensaciones (el sueldo, por ejemplo) que justifican la pérdida de satisfacción. (Calle, 2000)

Método de prevención de Burn out en el equipo interdisciplinario geriátrico

Intervenciones sobre el nivel organizacional (Gil-Monte y Pieró, 1997)
Programas de socialización anticipatoria, facilitan que los profesionales desarrollen estrategias para enfrentarse con las expectativas irreales que sobre su profesión, analizan las divergencias de cómo se realizan y cómo deberían realizarse las cosas en el trabajo.
Programas de retroinformación, se busca obtener información sobre cómo se han desempeñado en el trabajo, a través de cuestionarios aplicados a los usuarios.
Desarrollo organizacional, mejorar procesos y la solución de problemas en la organización.
Intervenciones sobre el sistema interpersonal (Pines 1983)
Escuchar a la persona de forma activa pero sin dar consejos, ni juzgar acciones.
Dar apoyo técnico mediante expertos que informen al trabajador cómo este a realizando su trabajo.
Crear en los profesionales necesidades e ideas de reto, creatividad e implicación en el trabajo.
Apoyo emocional a los trabajadores.
Intervenciones sobre el individuo
Entrenamiento en resolución de problemas. Pretende ayudar al profesional a resolver problemas y mejorar su toma de decisiones, facilita el reconocimiento y la identificación del problema, así como la respuesta impulsiva ante él. Se ofrecen diferentes alternativas de respuesta ante el problema y se ponen formas de escoger la respuesta más adecuada y verificar su adecuación.
Entrenamiento en la gestión eficaz del tiempo.
Mejora de habilidades sociales, de comunicación y del manejo de emociones.
Adoptar estilos de vida que favorezcan a un distanciamiento mental del trabajo en horario extralaboral, como practicar deporte o realizar técnicas reductoras de ansiedad.
Hacer explícitos los objetivos y que estos sean reales y realizables.
Técnicas cognitivo-conductuales, donde el objetivo es ayudar al profesional a lograr un alivio de los síntomas del estrés mediante la reestructuración de los pensamientos, afrontamiento del estrés, terapia racional-emotiva, aserción encubierta, ensayo conductual.

Conclusiones
El burn out es un trastorno emocional grave, que suele afectar de forma física y psicológica, provocando que el cuidador no se sienta a gusto con su trabajo, además de afectar al área social y familiar, optando así por aislarse.

Los síntomas que demuestran las personas que presentan Burn out pueden ir desde leves hasta extremos, mostrando así algo tan simple como la dificultad para levantarse por las mañanas, llegando así hasta la ideación suicida; esto es alarmante ya que si el mismo cuidador no se cuida así mismo como podemos esperar que pueda cuidar a otras personas de forma adecuada.

Los métodos de prevención para el Burn out ayudan a que la persona maneje y que pueda crear un balance en sus niveles de estrés, ansiedad y el manejo de sus emociones, además de ayudar a que el cuidador se plante metas que pueda alcanzar sin sobrecargarse de actividades que en un futuro no pueda cumplir, esto es ensañado al cuidador a adoptar estilos de vida que favorezcan a un estado de relajación del cuidador, así mismo es recomendable realizar actividades o pasatiempos que no tengan que ver con su ámbito de trabajo para así lograr una mayor relajación.

La implementación de métodos de prevención del Burn out en el equipo geriátrico es muy importante, porque aunque muchas personas ya no tomen en cuenta a este tipo de población, estas son miembros de la misma y no pueden ser discriminados solo por haber perdido ciertas funciones; por lo mismo merecen ser tratados adecuadamente y con respeto así como brindarle los servicios necesarios para su bienestar físico y psicológico, entonces, si los cuidadores de este no están conformes con su trabajo llegan a transmitirlo a sus pacientes mediante hostilidad, proporcional un mal trato, evitando realizar su trabajo y hasta llegar a la agresión física o verbal.

Bibliografía:

Antón, A. (1999). El estrés del médico [Recurso electrónico]: método de relajación. Madrid: Díaz de Santos.

Domínguez Carmona & Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Medicina. Departamento de Medicina Preventiva Salud Pública e Historia de la Ciencia. (1992). Evaluación de la satisfacción laboral en los trabajadores de atención primaria y su relación con las condiciones de trabajo.

Ares Parra & Universidad Complutense de Madrid. Facultad de Psicología. (1991). El rol del mando intermedio y el estrés laboral.

Calle, R. A. (2000). ¡Otra vez lunes!: técnicas para superar el estrés laboral. Madrid: Oberon.

Gándara Martín, J. J. d. l. (1998). Estrés y trabajo: el síndrome del burnout. Madrid: Cauce editorial.

García Jiménez, S. (2001). Síndrome de burnout o el infierno de la ESO. Alicante: Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.

Guerrero Barona, E., & Vicente Castro, F. (2001). Síndrome de "Burnout" o desgaste profesional y afrontamiento del estrés en el profesorado. Cáceres: Universidad de Extremadura.

Kalimo, R., Cooper, C. L., El-Batawi, M. A., & Organización Mundial de la Salud. (1988). Los factores psicosociales en el trabajo y su relación con la salud.Ginebra: Organización Mundial de la Salud.

Piñuel y Zabala, I. (2001). Mobbing: cómo sobrevivir al acoso psicológico en el trabajo. Santander: Sal Terrae.

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