Alegría o Duelo, Duelo o Depresión

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Depende.

Escribo este post en reconocimiento a las personas que padecen en estas fechas, en lugar de disfrutar, como está establecido que debería ser. Quizás con el tiempo puedan dar un giro al respecto, eso espero.

En estas fechas parece que estamos obligados a estar alegres, y disfrutar con los nuestros, haciéndoles regalos, lo que sea, y llenándonos hasta la saciedad, en ocasiones para olvidar. No vendría mal hacer un consumo sostenible, por cierto.

Pero para otros muchos, son fechas que no desean que lleguen, ya que con el tiempo, y dosis de experiencias varias, han ido perdiendo su encanto, y se han convertido en unos días en los cuales rememoran aquello que de negativo hay en sus vidas, relacionado con el apego familiar, léase reyertas familiares, típicas en algunos hogares en estas fechas de reuniones obligadas, y a menudo por la pérdida de seres queridos, ahora ausentes.

El síndrome de la silla vacía, produce tristeza, abatimiento, angustia, y algunos lo resuelven cambiando de ambiente, reuniéndose en otro lugar, realizando viajes o exteriorizando sus emociones con alguien cercano.

Pero otros no. Las fases del duelo establecidas por la la Dra. Kübler -Ross son las más extendidas y claras, a mi parecer: Negación/Rabia/Regateo/Depresión/Aceptación, aunque no siempre se pase por todas y en el mismo orden. El enquistarse en ellas o no superarlas adecuadamente nos puede hacer caer en depresión, pero el hecho de pasar por ellas no significa estar deprimidos. Es un hecho natural, al que hay que adaptarse y aprender a vivir de otro modo, con la pérdida.

La prolongación anormal del proceso, un nulo avance por las fases mencionadas, encontrarse como el primer día después del fallecimiento, "congelando" el duelo, junto con otras, son características típicas de un duelo patológico. Complicaciones físicas o psicológicas se dan a menudo.

¿Cómo les podemos ayudar a hablar de la pérdida? Ana Pía López nos guía.
- ¿Quiere contarme cómo pasó?
- Debe ser difícil de aceptar
- Tiene que ser muy doloroso para usted
- No pasa nada por estar furioso con Dios
- Hábleme de cómo se siente
- ¿Qué cree que podría hacer para ayudarle?
- Silencios, contacto físico

¿Y con los niños? Aún más difícil:

- Hasta los 2 años, no discriminan adecuadamente la pérdida por separación, pero perciben el duelo en padres o cuidadores. Se dan cambios en la alimentación, sueño, control de esfínteres.

- Hasta los 6 años, funciona día a día, no entiende de muerte, confía en que su familia cuidará de él/ella, cree que le cuidarán desde el cielo, le beneficia un pensamiento mágico, aunque a veces, por el contrario, puede hacerle sentir culpable; por otro lado, está muy atento a la comunicación no verbal.

- A partir de los 7 años, si lo desea, podría ir al funeral, acompañado. Desarrolla interés por las causas de la muerte.

- A partir de los 9 años, puede haber dificultades escolares, infantilización. Se interesa por los aspectos espirituales y por la resonancia de la muerte en los familiares.

- El adolescente precisa aún la ayuda de los adultos, alguien que le escuche, no sabe cómo manejar sus emociones. Sentimiento de inmortalidad, por un lado, y de culpa, ira o vivencia de ser responsable de la muerte sobrevenida, por otro.

- En el adulto, su estilo de afrontamiento será el resultado de la resolución de crisis vitales previas.

- En el anciano, se da una menor ansiedad y mejor adaptación, pero una mayor preocupación por el futuro de sus seres queridos,y una elevada incidencia de ilusiones o alucinaciones.

En conjunto, a mayor felicidad conyugal o familiar, mayor riesgo de reacción inicial y prologación del duelo, dependiendo de la resolución de conflictos anteriores.

¿Qué nos puede ocurrir a nosotros, trabajando con el duelo?
- Nos pueden aflorar nuestras propias pérdidas e incluso las temidas pérdidas futuras
- Nos hace tomar conciencia de nuestra propia mortalidad
- Riesgo de identificarnos por edad, sexo y otras características similares
- Confusión entre Identificación y Empatía
- Tendencia a dirigir el proceso, más que a acompañar
- Prisas para que se resuelva el duelo cuanto antes
- Dificultades para decidir cuándo concluir el acompañamiento sin caer en la tentación de tratar de resolver otros conflictos que coexisten, sin demandarlo

Cuando la muerte ha sido por suicidio, conviene explorar los sentimientos de vergüenza, culpa, miedo a sus propios impulsos, creencias distorsionadas, conductas autodestructivas y sensación de rechazo, ayudando además a corregir negaciones y distorsiones, permitiendo la expresión de rabia reforzando el autocontrol sobre sus sentimientos, además de explorar la sensación de abandono y posible acting-out.

Si la muerte ha sido tras una demencia, habrá que trabajar fudamentalmente la oscilación entre los deseos en vida de recuperación y los deseos de muerte, con la consiguiente posterior culpa, y posible depresión, junto a un gran desgaste emocional. La toma de decisiones éticas, el cuidado incondicional y la inevitabilidad de la muerte son cuestiones de máxima importancia para el cuidador, quien no debe ser enjuiciado. Es importante ver a la persona que había detrás de la demencia con toda su dignidad. Fuimos niños, seremos mayores. Si hoy estamos tristes, esperemos mañana estar

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